CAPÍTULO 11"Roma fomenta la superstición".Roma ha fomentado la superstición a través de toda la historia. Hoy los pseudo evangélicos también han descubierto el tremendo poder que tiene la superstición para controlar y dominar su gente. El Señor en su omnisciencia y misericordia para con nosotros, nos advirtió en su Palabra sobre este mal que existiría al final de los tiempos. Si ponemos atención a lo que él nos dice, fácilmente podremos percatarnos que hoy estamos expuestos a "otro evangelio", diferente del que el Señor nos dejó en su Palabra. En 2ª Tim. Cap. 3 dice: "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos, porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, blasfemos, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella, a éstos evita". Luego en el verso 8 recuerda a los brujos de Faraón que enfrentaron a Moisés e hicieron también grandes milagros, dice: "así también éstos (refiriéndose a los falsos maestros de los que hoy tenemos), así también éstos resisten a la verdad". En el capítulo siguiente verso 4 prosigue: "y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas". Y en el cap. 3 verso 14 nos hace una solemne recomendación: "Pero persiste tú en lo que has aprendido, que las Sagradas Escrituras te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús, toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia". También en su epístola anterior dice en el cap. 4 "el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó". Roma aunque sabe muy bien que el apóstol Pedro era casado, como lo dice en varias oportunidades la Biblia y que la mayoría, sino todos los apóstoles que el Señor escogió también lo eran, y que aún en sus viajes misioneros fueron acompañados por sus esposas como lo dice en 1ª Cor. 9:5. Ellos, los romanistas, siempre han
insistido en la prohibición de casarse a todos
los que pertenecen a sus órdenes sacerdotales, y
curiosamente el pecado imperdonable para ellos es
casarse, pero no el tener relaciones, porque eso
se arregla fácilmente con una simple confesión a
otro cura. De hecho, muchos papas fueron ellos
mismos, hijos o nietos de papas y cardenales".
La enciclopedia de historia sobre la moral
Europea, añade: "Fue necesario recaudar un
impuesto estatal, para mantener las concubinas de
los príncipes y del clero". Por citar algo más contemporáneo, recuerdo
haber leído en la prensa Europea cuando me
encontraba en el extranjero, que en Francia
habían sido clausurados 3 monasterios católicos,
porque casi todo el clero que vivía allí, estaba
infectado con SIDA. "El
Espíritu dice claramente que en los postreros
tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando
a espíritus engañadores y a doctrinas de
demonios, por la hipocresía de mentirosos que
teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán
casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que
Dios creó". Por ejemplo, hoy nos quieren hacer creer
que descendemos del mono y no lo que Dios dice en
la Biblia aunque el mismo Señor Jesucristo enseñó,
"que en el principio Dios creó un hombre y una
mujer". Aquellos que se han perdido en la mentira, Dios los ha entregado a su propio juicio, para que crean la mentira. Quieren hacernos creer que son personas muy racionales y que no pueden ir contra la conciencia. Pero para entrar definitivamente en
nuestro tema, veamos algunas de las
supersticiones que estos hombres tan juiciosos,
con criterio tan amplio y raciocinio
fundamentalista científico creen, además de la
"teoría de la evolución". El papa Pío
VII (que obviamente es infalible) promulgó una bula
confirmando esta falsedad el 10 de Diciembre de 1806.
La historia es creída por todos los fieles católicos
y es la fuente de enormes entradas de dinero para el
Vaticano. Los pobres peregrinos engañados han hecho
un surco alrededor de ella, dando vueltas de rodillas
ese "lugar santo". Otro objeto fetichista que estimula la superstición de los romanistas, son las medallitas bendecidas ¡Ah! Pero para que tengan poder verdadero y no vayan a hacerle ningún mal de ojo a sus niños, estas medallitas deben usarse con una cinta roja. También recomiendan
los palitos de palqui formando una cruz que deben
poner tras la puerta para ahuyentar los malos
espíritus, o la sal, y los tres golpecitos sobre
madera, etc. La lista es interminable, porque todo
el credo católico está cimentado sobre la
superstición y no sobre la fe. ¿Quiénes son los clientes de las gitanas y de los mentalistas? ¿Los que consultan la quiromancia, cartomancia, reflectomancia, psicometría, parapsicología y todos los diversos disfraces que hoy se cubre la brujería? Ciertamente no es el pueblo evangélico
que repudia esa práctica condenada por Dios en su
Palabra, sino aquellos que danzan con máscaras
terroríficas al son de las matracas, donde ellos
mismos dicen que son los diablos que le bailan a
la virgen en sus fiestas pagana-religiosas.
Aquellos que con la complicidad de Roma se
crucifican, clavándose en una cruz todos los años
en las Filipinas, los que caminan grandes
distancias con sus rodillas, para llegar
ensangrentados a suplicarle algún favor a sus
ídolos favoritos. Hasta ahora me he referido a "algunas" de las prácticas de la superstición católica, en el próximo capítulo veremos la superstición que explotan los pseudo evangélicos. Porque el objetivo central de estas semejanzas que estoy probando que hoy existen entre Roma y los que se "dicen" evangélicos, no es llamar la atención sobre lo que los católicos "creen y hacen", porque aquellos que no han nacido de nuevo y el Espíritu Santo no mora en ellos, aquellos que no creen y menosprecian la Palabra de Dios, los que se encuentran siguiendo a hombres y doctrinas de hombres; a ellos no podríamos pedirles que actúen como hijos de Dios. Pero en cambio, aquellos que se "dicen" evangélicos, dicen creer, amar y someterse a la dirección del Espíritu Santo y a la revelación de la única fuente de verdad, la infalible Palabra de Dios, sí que tienen una responsabilidad muchísimo mayor. |
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