
por Jack Fleming
N° 11
El bautismo, ¿nos une en un compromiso indisoluble con la iglesia
local donde nos bautizamos? Porque me han dicho que ellos fueron los que
ataron para siempre ese compromiso en el cielo, debido a que el Señor
les otorgó esa autoridad para atar y desatar todo en el cielo.
RESPUESTA
En primer lugar debemos aclarar que el bautismo no es un compromiso
con la iglesia, sino un mandamiento que Dios le entregó a todos los
creyentes que habiendo nacido de nuevo, son salvos en los méritos de la
obra redentora de Cristo. Es un testimonio público de esa fe que nos
llevó a un encuentro personal con el Señor; es el primer paso de obediencia
que el nuevo cristiano realiza, para expresar de una forma simbólica a
través de esa obra del bautismo, lo que Dios hizo en su corazón.
Al sumergirse en las aguas está testificando que ha muerto con el
Señor, y al emerger declara su identificación con la resurrección de
Cristo para una nueva vida. Rm.6: 3-6 "¿O no sabéis que todos los que
hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el
bautismo...así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que
nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él..."
El bautismo debe realizarse solamente con aquellos que han nacido de
nuevo y tienen plena seguridad de su salvación. Por lo tanto, no es un
medio para ganarse la salvación ni asegurarla, porque la obra de la
salvación no lleva ningún ingrediente humano. Si así fuera, dejaría de ser
perfecta y eterna a consecuencia del pecado que mora en cada uno de
nosotros.
Lamentablemente, como el Señor nos advirtió en Su Palabra, muchos
líderes inescrupulosos y sin temor de Dios, para proteger sus feudos que
han levantado y seguir manipulando y controlando a su gente, han
inventado muchas estrategias y artimañas mentirosas.
El bautismo jamás nos ha unido en un compromiso indisoluble con la
iglesia donde lo realizamos. En primer lugar, por lo que acabo de
exponer, que no es un compromiso con la iglesia, sino un testimonio público
de nuestra fe. Y en segundo lugar, porque el testimonio que nos entrega
la Biblia se contradice con esa afirmación perversa.
En Hch.2 nos relata la experiencia de a lo menos 3 mil personas que
creyeron, se salvaron y luego se bautizaron. La inmensa mayoría venía
de las más diversas regiones del planeta (Hch.2:8-11), pero después de
recibir el regalo de la salvación y haberse bautizado, regresaron a los
lugares desde donde salieron.
Lo mismo vemos en el caso del etíope que bautizó Felipe. Hch.8: 39
"Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el
eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino".
Cuando en Mt.18:18 el Señor le dice a la iglesia: "todo lo que
atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la
tierra, será desatado en el cielo", se lo está diciendo en relación con la
disciplina que la iglesia debe aplicar en cuanto al pecado que se pueda
presentar en medio de ella, e indudablemente no se refiere al caso del
bautismo, porque el bautismo no es un pecado, sino un mandamiento del
Señor.
Además, el Señor es muy enfático para mandar a los suyos salir de en medio de ellos cuando el pecado se hace intolerable para el verdadero cristiano. 2Tm.3:5 "que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Ap.18:4 "Salid de ella, pueblo mío".Porque incluso el apóstol Pablo había advertido a la iglesia de su tiempo que: Hch.20:29 "Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño".
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