Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 119

¿No resulta desproporcionada la actitud del rey, en la parábola de Mt.22, cuando condena al que no tenía el vestido para la fiesta de bodas?

RESPUESTA

Esta parábola fue parte de la enseñanza del Señor Jesucristo, para mostrar la incapacidad y necedad humana ante el regalo de la salvación que Dios ofrece gratuitamente. Está dicha dentro del contexto general del rechazo de Su pueblo escogido (Israel) y principalmente de los escribas y fariseos de su época.

El relato se refiere a un rey que hizo fiestas de bodas a su hijo y envió a sus siervos a llamar a los convidados. Los siervos representan a todos los profetas que Dios levantó durante el tiempo del Antiguo Testamento, y los convidados eran los de la nación de Israel, a quienes primeramente les ofreció esta salvación gloriosa.

El rey que hace mención el Señor en esta parábola, había preparado un banquete con lo mejor de su reino para compartirlo con sus invitados, pero éstos no solamente rechazaron la invitación, sino que mataron a los enviados del rey. Eso fue lo que literalmente hicieron con muchos de los siervos de Dios durante la dispensación de la ley.

Pero este soberano no canceló la fiesta de bodas de su hijo por el desaire y maldad de sus invitados, sino que extendió una nueva invitación, ahora mucho más amplia, incluyendo lo vil y despreciado de este mundo, y ordenó forzarlos a entrar.

1Cor. 1:27 -29 "lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia".

"Forzarlos a entrar" significa que estos nuevos invitados tampoco entraron por su propia voluntad, sino que fueron doblegados por la gracia irresistible de Dios que hizo ese llamamiento irrevocable, sin considerar la voluntad humana que se resistía a entrar para gustar la abundancia de la mesa del rey. Así de grande es la necedad humana e infinita la misericordia de Dios.

Rm.3: 11-12 "No hay quien busque a Dios. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno".
Stgo.1:18 "Él, de SU Voluntad, nos hizo nacer por la palabra".
Jn.6: 44 "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere".

A éstos llamó con llamamiento irrevocable, Rm.11:29 "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios". Jer. 20:7 "Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste".

El relato de la parábola se circunscribe a la costumbre de la época, cuando la realeza hacía una festividad en eventualidades muy particulares y se invitaba a gente del pueblo, éstos debían usar unos vestidos especiales que eran provistos para la ocasión, para no desentonar con el esplendor del entorno ni con el resto de los comensales.

El caso específico que señala la parábola es de aquel que rechazó ese vestido. El desaire ahora era mayor que el de aquellos que rechazaron la invitación y rehusaron asistir al festín, porque en este momento estaba en la presencia misma del rey. Antes Dios había hecho la invitación a través de sus profetas, pero ahora lo hace por medio del Rey de Reyes y Señor de Señores.

La falta del atuendo apropiado en este hombre, muestra que rechazó intencionalmente la generosa provisión que el rey había otorgado. Este personaje representa a muchos que asisten a las iglesias, conocen el plan de salvación provisto por Dios, pero insisten en llegar a la gloria por méritos humanos, por sus propios esfuerzos; que como dice el apóstol, no son nada más que trapos de inmundicia. Son los que se identifican externamente con el reino, muchos de los cuales se conforman con decir equivocadamente: "Yo nací en el evangelio" pero nunca han nacido de nuevo.

Si le parece duro lo que dice el Señor en esta parábola, a todos aquellos que han despreciado el vestido de justificación divina que Dios a provisto gratuitamente por medio de la cruz de Cristo ¿qué dirá cuando lea Heb. 10?

Heb 10:29-33 "¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante".

Aquí en Heb. se está refiriendo a todos aquellos que han sido "iluminados" es decir, expuestos a la luz del evangelio, los que llenan las iglesias de hoy y nunca han sido salvos, nunca han tenido un encuentro personal con Cristo, se creen parte del reino, pero no han nacido de nuevo, jamás han sido verdaderos "hijos de la luz". Posiblemente han trabajado y hasta padecido para la causa del Señor, sin ser genuinamente de Él.

Heb 6:4-6 "Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio". No existe en la Biblia esa experiencia tan recurrente de las iglesias modernas de "re-convertirse" o de pasar adelante, "al altar", casi todos los Domingos para salvarse nuevamente.

Entre aquellos que tendrán tan terrible sorpresa cuando sean rechazados por el Rey, no solamente estarán las multitudes que llenan las iglesias, sino que MUCHOS predicadores y quienes se autodenominan como profetas, curanderos y milagreros.

Mt. 7:22-23 "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".



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