Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 156

¿Cuál es la medida de obediencia y sometimiento que les debemos a nuestros pastores?

RESPUESTA

Esta es una muy buena pregunta, porque mucho se ha abusado y torcido ese pasaje de Heb 13:17 "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso".

Ciertamente no se trata de una obediencia ciega, servil, lacaya y zalamera como es la que les gusta a muchos pastores. He sido testigo donde las congregaciones idolatran a sus pastores, los tocan como los católicos lo hacen con sus ídolos, besan sus manos y rinden un culto repulsivo al hombre.

Esta condición idolátrica ha sido posible establecerse porque al hombre le gusta ser venerado y los líderes han fomentado ese sistema, al igual que los romanistas hacen con el Papa y demás dirigentes. Lo cual dista absolutamente de la conducta y ejemplo que nos dejaron los apóstoles.

Hch. 14:11-15 "Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros".

Hch. 10:26 "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre".

Hch. 20:29-30 "Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos".

El Señor ha ordenado que no llamemos padre a nadie aquí en la tierra, sin embargo son varios los que imponen a sus congregaciones que les llamen "padre espiritual". Para muchos no les basta que les digan pastor, sino que deben dirigirse a ellos como "Mi pastor" y ese título debe ser extendido también a sus esposas, porque acusan de irreverentes e insolentes a aquellos que se dirijan a la esposa del pastor simplemente como "hermana", aunque nunca ha existido ese ejemplo bíblico.

Hasta a las esposas de los apóstoles la Biblia las llama simplemente hermanas. 1Co 9:5 "¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?". En ninguna iglesia en todo el Nuevo Testamento jamás existieron las "pastoras".

La exigencia de llamarles "Mi" pastor proviene de la practica de instituciones que son jerarquizadas, donde no debe existir el cuestionamiento a sus superiores, como en el ejército. Allí tiene cierta lógica, porque su propósito final es conseguir una obediencia ciega dentro de su régimen disciplinario, pero la iglesia es algo completamente diferente, porque tenemos un solo Capitán, Jesucristo, y de acuerdo a sus propias enseñanzas, todos los demás somos simplemente hermanos.

Lo que debiera existir dentro de las iglesias, no es la obediencia por sumisión y temor a los que le debemos respeto, o por los gritos de mandos de sus superiores, sino que debiera ser por el reconocimiento de su labor abnegada y consagrada llena de amor con la cual se ha ganado nuestra admiración y gratitud.

Cuan bendecida y llena de gracia es la iglesia que sigue a su pastor por estas virtudes y no por temor a ser puesto en una lista negra. Son atraídos y le siguen por amor, no por imposición, como lo hizo el Señor Jesucristo con nosotros. Os. 11:4 Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.

Jn 10:11-12 y 27 "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen".

En aquellas iglesias "modernas" que abundan, donde el pastor gobierna con los poderes de un señor feudal, con arrogancia e intolerancia, no se les puede consultar sobre una materia especifica y menos aún preguntarle por alguna cosa "extraña" que hubiera predicado. Dios nos advierte sobre esto en Su Palabra. Pro 9:8 "Corrige al sabio, y te amará. Da al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber".

Pero también nos previene sobre el necio: Pro 26:1 y 4-5 "Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra. Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión.

Recuerdo a uno de estos personajes que decía y reprendía públicamente a los hermanos de su congregación que se atrevieran a cuestionar sus enseñanzas diciéndoles: "Recuerde que yo soy el pastor, y que Ud. solamente es una ovejita de mi redil".

Hoy pareciera que el redil ha dejado de pertenecer al Señor Jesucristo, para pasar a ser propiedad del señor Pérez o señor González. Y esto se ajusta muy bien al hablar cotidiano de todos aquellos que se expresan de una forma tan liviana y antibíblica, cuando señalan la iglesia "del pastor" tal o cual. Jesús con toda su autoridad divina dice: "Mí iglesia". Hch.20:28 "la cual él ganó por su propia sangre".

Esta egolatría y superioridad tan común en muchos de ellos, donde se instalan en un pedestal más alto que los demás y desprecian a cada uno como inferior, difiere enormemente de las enseñanzas de la Palabra de Dios, donde nos enseña que "uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos".

Es verdad que Dios ha repartido diferentes dones, pero nunca ha establecido una jerarquía eclesiástica, porque la iglesia tiene una sola Cabeza (Cristo) y todos los demás somos hermanos.

Aún para aquellos que hemos recibido la responsabilidad de liderar dentro de la iglesia nos dice: 1Pd. 5:1-3 "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros (no dice: bajo vosotros), cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey".

Esta es la medida con la cual los pastores debiéramos dirigir las iglesias: "no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey".

Y la congregación debería respetar a esos siervos que han consagrado sus vidas al servicio del Señor. Pero esto de ningún modo debe confundirse con servilismo y sometimiento incondicional, porque el ejemplo bíblico es que los hermanos fieles comparaban con las Escrituras hasta la palabra de los apóstoles para comprobar si las cosas deberían ser como ellos decían.

Hch. 17:11 "Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así".

Por este motivo también el Señor nos ordena: "Escudriñad las Escrituras". Es responsabilidad de todos los hermanos comprobar si las cosas se están haciendo y enseñando como Dios lo ha ordenado en Su Palabra.

Cuando las cosas no se hacen como el Señor ha dispuesto, es que se cae en la zalamería y sumisión incondicional, arrastrando a la iglesia a tierras pantanosas y mal olientes.

Esta es la condición que Dios nos anunció en Su Palabra que caería la mayoría de la mal llamada "cristiandad". Refiriéndose a la iglesia de los últimos tiempos, antes de Su venida, dice: Ap.3:16-20 "Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo".

Resulta difícil aceptar esta verdad debido a lo generaliza que está esta conducta, pero es lo que el Señor anticipó que sucedería al final de los tiempos, Él está afuera de muchas de esas iglesias llamando a la puerta para que lo dejen entrar. Pero la buena nueva es que Él siempre está cerca, a las puertas, llamando, esperando por aquel que quiera oír Su voz y cenar con Él.



Volver al indice

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com