Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 264

¿En qué consiste la humildad y cómo se obtiene?


RESPUESTA


Primeramente me referiré a lo que NO ES la humildad y luego intentaré describir la humildad conforme a la Palabra de Dios.

Ud. me menciona que está impresionada con los hnos. que con mucha facilidad se refieren en duros términos hacia ellos mismos en sus conversaciones y en las oraciones públicas, diciendo que ellos son los más torpes, los más ignorantes; hasta hay quien tiene la costumbre de afirmar que es el más estúpido de todos en su familia y en la iglesia.

En primer lugar, hablar mal de uno mismo no es ninguna señal de "humildad", más bien refleja precisamente lo contrario. Esa costumbre manifiesta exactamente la antípoda, y que posiblemente aquél que siempre asegura que es el más estúpido de todos, tal vez tenga razón en afirmar tal apreciación.

Hablar constantemente mal de uno mismo, cualquier especialista en salud mental sabe reconocer que puede tratarse de un problema sicológico. Pero es muy probable que más bien sean "luces artificiales" que pretenden encender a su alrededor, para destacar sus cualidades, entre ellas la mal entendida "humildad" que ellos carecen.

Porque ninguna persona realmente humilde, necesita portar una etiqueta sobre su pecho o un cartel diciendo "yo soy humilde", para ser reconocido como tal. El Señor Jesucristo, el más manso y humilde de corazón, JAMÁS habló mal de sí mismo ni se insultó, como lo hacen regularmente estos personajes de nuestros días que pretenden ser considerados "humildes" empleando esa técnica de auto flagelarse moralmente.

Esta práctica que se ha extendido en varias iglesias, más bien podría ser considerada como una expresión dentro de las variantes del masoquismo. Personas que se auto flagelan insultándose gratuitamente, pero más que por el placer de ofenderse personalmente, pienso que lo hacen dentro de su perturbación, para ser consideras "humildes". Porque en su corazón saben que carecen de ella y sienten que necesitan manifestarse de esa manera para que, "según ellos" puedan ser aceptados como personas "humildes".

Es muy fácil desenmascarar a esta clase de individuos, basta con manifestar de alguna forma durante la conversación, que seguramente tienen razón al tener esa apreciación de él (o ella) y que las cosas suceden por la falta de conocimiento, sabiduría, torpeza o cualquiera sea el defecto que manifiestan tener, y verá inmediatamente como cambia el rostro y no estará de acuerdo con lo que el mismo acaba de afirmar.

Se puede creer que somos humildes ante Dios porque nos insultamos en oración, pero la verdadera humildad es la que se manifiesta hacia los demás en nuestra vida cotidiana, cuando sin importarnos por nuestra propia reputación, dejamos que fluya libremente en aroma grato y delicado que solamente la presencia del Espíritu Santo puede exhalar.

La verdadera humildad es la que mira al más débil también como persona de valor, como criatura del mismo Dios que ha hecho todas las cosas. Es la eliminación del yo y la entronización del Señor.

Lo grande que somos se puede apreciar en la forma que tratamos y nos relacionamos con los más postergados de la sociedad. La humildad es la esencia que se obtiene cuando damos muerte a nuestra naturaleza carnal, para dar lugar que emerja la espiritual.

Como lo expresa magistralmente Juan el Bautista: Joh 3:30 "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe". Para que Cristo crezca en mí, es necesario que yo disminuya a la mínima expresión. Para poder liberar la fragancia verdadera de la humildad de Cristo, necesitamos dejar morir al yo.

Ese es el crecimiento y la llenura del Espíritu Santo que experimentó el apóstol Pablo durante su vida de consagración y sacrificios.

1Co 15:9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.

Ef 3:8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo

1Ti 1:15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. EstudiosMaranatha.com Jack Fleming

Para ser verdaderamente llenos del Espíritu Santo y poder exhalar de Su fragancia exquisita, es menester que nosotros mengüemos, disminuyamos cada día vaciando nuestro yo, para que ese lugar lo venga a llenar el Espíritu Santo.

En una vasija que puede contener solamente un litro, no podemos introducir dentro de ella más que esa cantidad. Si tenemos en el contenido originalmente medio litro, para poder añadir ¾ de litro de un nuevo elemento, necesariamente debemos vaciar ¼ de litro para poder obtener el resultado deseado y lograr la llenura del jarro.

Así lo entendió Pablo y lo experimentó maravillosamente en su vida personal. Su crecimiento espiritual fue en proporción directa a cómo él iba disminuyendo su yo.

Primeramente el concepto que tenía de él mismo fue que era el más pequeño, luego que era el más pequeño de todos los santos, para al culminar su vida considerarse el primero de todos los pecadores. Y la idea que aquí expresa es como el que llevaba el estandarte en el gran desfile de todos los pecadores, el primero.

Pero hablar constantemente mal de uno mismo como acostumbran muchos cristianos en el día de hoy, puede ser también el resultado de la necesidad que sienten de ser considerados como una persona "humilde" precisamente por carecer de ella.

Posiblemente también algunos puedan mal interpretar los pasajes de la Biblia que dicen:

Luc 6:26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

Mat 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Aquí claramente se está refiriendo a lo que OTROS digan de nosotros, y mintiendo. No lo que nosotros digamos de nosotros mismos, aunque estemos mintiendo.

Dentro de las cualidades del cristiano, la más difícil de falsificar es precisamente la humildad. Pretender ser humilde sin serlo, es algo que hasta el más necio puede detectar, porque es un atributo muy especial que solo el Espíritu Santo puede entregar.

En el mundo existen algunas personas que son mansas y humildes por naturaleza, forma parte de su carácter aún sin ser creyente ni haber nacido de nuevo. Pero ellas SIEMPRE actuarán de esa misma manera, jamás tendrán carácter ni valentía para defender sus creencias, en eso se difiere de la mansedumbre y humildad que otorga el Espíritu Santo al verdadero hijo de Dios.

El Señor Jesucristo (nuestro modelo perfecto) podía decir: Mat 11:29 "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". Pero cuando los intereses de nuestro Padre celestial estaban en juego, allí ardía en ira y podía coger un látigo para castigar duramente a los ofensores y expulsarlos de la casa de Dios.

A los líderes religiosos cuya conducta no era compatible con lo que Dios había declarado en Su Palabra, les podía decir con mucha firmeza:

"Generación de víboras, sepulcros blanqueados, hipócritas, insensatos y ciegos, guías de ciegos". Algo muy similar a lo que les decía Juan el Bautista.

La Biblia declara que el hombre más manso de la tierra fue Moisés. Num 12:3 "Aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra". Sin embargo el hombre más manso cuando el pueblo se corrompió, ardió en ira cuando vio al pueblo danzando y gritando, y pudo reprender duramente al ungido de Dios y decirle:

Ex 32:19 "Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.
Ex 32:20 Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.
Ex 32:21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?"

En esto se diferencia la mansedumbre y humildad que en forma natural puedan tener algunos inconversos, de la mansedumbre y humildad que proviene del Espíritu Santo. La mansedumbre que nos habla la Biblia, no es la debilidad de los cobardes, sino la virtud de los fuertes que saben controlar sus emociones, pero sin hacerse cómplices de lo malo.

Aquellos que aceptan y toleran (o se declaran "neutrales"), no son mansos, sino cobardes y cómplices. Aún la ley de los hombres condena por complicidad a los que vieron un delito y no lo denunciaron, inclusive en el caso de un familiar muy directo; por ejemplo, si un hombre es ladrón y su esposa ha visto en la casa lo que su marido ha hurtado y no lo ha denunciado, la ley también la condena a ella por cómplice.

La mansedumbre y humildad que debe tener el cristiano, debe manifestarse en cuanto a las ofensas personales de que somos objeto, pero cuando se trata de los negocios de nuestro Padre celestial, entonces hemos de ser celosos, valientes, enérgicos y contender ardientemente por la fe. Jud 1:3 "Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos".

Esta fue la lección que nos dejó el Señor Jesucristo y todos los grandes hombres de fe cuyo proceder se registra en la Biblia para nuestro ejemplo. También podríamos añadir los grandes héroes de la fe que fueron quemados vivos en las hogueras de la "Santa Inquisición" de la iglesia Católica Romana, quienes ardieron inmolados como antorchas para iluminarnos el verdadero camino de la fe.

Filp 2:5 "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
Filp 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
Filp 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
Filp 2:8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".

¿Cómo se adquiere esto? En una comunión muy estrecha con el Señor, dependiendo siempre del Espíritu Santo y amando a Dios por sobre todas las cosas.

Con toda propiedad Cristo afirma ser la Raíz (Ap.22:16). Y todo árbol para poder crecer debe necesariamente estar unido a su raíz, de igual forma el creyente necesita de ese alimento que emana desde la raíz y sube por la savia que es el líquido que nutre y otorga vida y crecimiento.

La gran exhortación del Señor para que el hombre halle descanso para su alma es:

Mat 11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
Mat 11:30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.



Volver al indice

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com