Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 62

¿Se puede decir, a la luz de Ap.3: 5 y 22:19, que Dios borra el nombre de algunos creyentes del libro de la vida?

RESPUESTA

Recuerdo a mi profesor de Legislación tributaria que siempre ante cualquier pregunta sobre un artículo legal que se le hiciera, decía: “El problema está en que ustedes no saben leer y no se concentran para comprender lo que leen”. Y hacía leer el párrafo en voz alta al que hacía la pregunta, y que se detuviera en cada palabra, al final de la lectura le hacía él la pregunta: “¿Entendió lo que leyó? Por lo general todo resultaba claro y no se necesitaba más explicación.

También el Señor Jesucristo nos dice algo parecido: “Escudriñad las Escrituras”. No manda simplemente leerlas, sino escudriñarlas, examinar, indagar, verificar, comprobar, averiguar, inquirir. Eso es lo que debemos hacer con la Palabra de Dios, leer primeramente todo el versículo palabra por palabra, si aún no queda claro, se debe leer todo el capítulo; si persiste la duda, será necesario leer el capítulo anterior y el siguiente. Hay casos en que se deberá leer toda la epístola y luego confrontar la duda (si aún permanece) con otros pasajes de la Biblia.

Ap.3: 5 dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida”. El versículo dice que NO BORRARÁ. Entonces uno con justa razón se pregunta: ¿Cómo alguien puede leer este versículo y entender justamente lo contrario? Está afirmando que no borrará su nombre del libro de la vida.

Aquellos que tienen la facilidad de leer este pasaje en el idioma original, sabrán que existen dos adverbios de negación, uno equivalente a: “de ninguna manera” y el otro a: “jamás”, semejante a nuestra expresión Castellana: “Nunca jamás”. Primero lo reitera en forma negativa, y luego lo afirma también doblemente en forma positiva: “confesaré y reconoceré”.

La enseñanza de la Palabra de Dios es que (Rm.8: 37) “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. En 1Jn 4-5 confirma esta misma verdad: “Porque todo lo que es nacido de Dios, vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”. Los hijos de Dios somos los que hemos vencido en la victoria del Señor Jesucristo.

En Ap.3: 5 está declarando que cumplirá Su promesa de NO borrar sus nombres del libro de la vida, a todos aquellos cristianos verdaderos que han sido lavados en la sangre del Cordero y lucen vestiduras de justicia (de la justicia del Señor, no de la nuestra que nada vale), blancas como es la justicia divina. A todos ellos promete que NO borrará sus nombres del libro de la vida.

Esta es la revelación que encontramos desde el Antiguo Testamento. Is. 61: 10 “porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas”. Es la promesa que está reiterando en el último libro de la Biblia, que Él nos vistió con vestiduras de salvación, blancas como es Su justicia. A estos asegura que sus nombres NO BORRARÁ (nunca jamás) sus nombres del libro de la vida.

Ahora refiriéndome a Ap.22: 19. La iglesia desde sus comienzos ha sido infiltrada por (Gal.2: 4) “falsos hermanos que se han introducido a escondidas”. El mismo Señor Jesucristo nos advierte de estos falsos cristianos que han logrado mezclarse con los verdaderos hijos de Dios, como lo expresa en la parábola de las vírgenes prudentes y las insensatas; todas ellas estaban reunidas en un mismo lugar, pero el Señor conoce a los suyos, a los que han vencido y emblanquecido sus vestiduras con las que Él nos ha otorgado, porque “las nuestras son como trapo de inmundicia” (Is.64: 6).

Él no se llevará ninguno cuyo nombre no esté en ese registro divino que fue confeccionado desde antes de la fundación del mundo. Ef. 1: 4-5 “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo…habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. 2Ts. 2: 13 “nosotros debemos dar siempre gracias a Dios…que os haya escogido desde el principio para salvación”.

Ap. 22: 19 está advirtiendo a esos falsos cristianos (vírgenes insensatas), que se “creen” salvos, y por lo tanto “ellos” estiman que sus nombres están registrados en el libro de la vida; incluyendo a muchos pastores, milagreros y aquellos que se consideran “profetas”. Mt. 7: 22-23 “MUCHOS me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, HACEDORES DE MALDAD”.

A ellos les está diciendo que esa falsa ilusión de que sus nombres se encuentran inscritos en el libro de la vida, esa falsa creencia les será borrada. Tuve la oportunidad de conocer una iglesia que habían llegado a la blasfemia de llamar al libro de registro de los miembros de la iglesia: “Libro de la vida del Cordero”. Y naturalmente el pastor se otorgaba el derecho de registrar y borrar los nombres según a él le parecía.

No se trata que estos MUCHOS que dice en Mt. 7: 22 alguna vez fueron salvos y posteriormente perdieron su salvación, porque les dirá que “NUNCA os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Estos son los que han añadido y quitado cosas a la Palabra de Dios. Cuantas veces les hemos escuchado las herejías y fábulas que han inventado con sus propias mentes corrompidas por amor al dinero y la vanagloria del poder, decir por ejemplo: “Jesús era muy rico aquí en la tierra, por eso necesitaba de un tesorero”.

O decir: “El pastor es el ángel de la iglesia”. Extraño ángel tendrían, que solamente se interesa en el diezmo y en “trasquilar a las ovejas”, para coronarse como reyecillos de sus propios imperios económicos que han logrado levantar de esta forma denigrante y que ha traído tanto desprestigio al evangelio.

A los que gustan predicarse ellos mismos en vez de presentar al Señor. A los que entretienen a las congregaciones con sueños, muchas veces provocados por opíparas comidas antes de acostarse. A todos estos que añaden cosas, el Señor manifestará su justa indignación cuando les diga: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Ap. 22: 19 “si alguno añadiere a estas cosas”. La sentencia que escucharán será: “Nunca os conocí”. Nunca fueron del Señor, la seguridad de su salvación, e incluso la falsa ilusión que se habían forjado en sus propias mentes que sus nombres estaban escritos en el libro de la vida del Cordero; todo eso les será borrado con el veredicto inapelable que escucharán de los propios labios del Señor Jesucristo: “apartaos de mí, hacedores de maldad”.



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