Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 87

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo a sus discípulos a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a quienes se los retengáis les serán retenidos? ¿Acaso el hombre tiene poder para perdonar pecados?

RESPUESTA

Primeramente hemos de establecer que solamente Dios puede perdonar pecados. Así lo entendían muy bien los judíos: Mar 2:7 "¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?".

Con nuestros pecados ofendemos a Dios, y lo que hará toda persona con un criterio formado, con discernimiento de su falta, será acudir directamente al ofendido. Y como no existe otro mediador entre Dios y los hombres, sino exclusivamente la Persona misma del Señor Jesucristo, será necesario ir únicamente a Él. 1Tm. 2:5 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo”.

Sería muy absurdo ofender a alguien y pedirle perdón a un tercero que no tiene ninguna parte en el asunto, sabiendo además que Dios no utiliza otro mediador que el Señor Jesucristo. También hemos de recordar que el Señor no es solamente el único mediador e intermediario entre Dios y los hombres, sino que es al mismo tiempo nuestro abogado defensor. 1Jn. 2:1 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

El pasaje de Jn.20: 23 dice “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”. No está hablando de perdonar pecados, sino de “remitir” los pecados.

Dios otorgó a la iglesia la responsabilidad de cuidar de la disciplina y la santidad en la casa del Señor. Lamentablemente vemos que en muchos lugares han fallado en este cometido.

Desde los inicios de la iglesia, cuando está colocando los primeros fundamentos sobre la Roca que es Su propia Persona Santa y Bendita (1Co 10:4 “y la roca era Cristo”) y luego va añadiendo los creyentes cual pequeñas piedras vivas para formar ese edificio espiritual que es Su iglesia (así lo entendió correctamente el apóstol Pedro en su primera epístola 2:5 “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo" y los demás apóstoles Ef.2:20 "sobre la principal piedra que es Cristo"), el Señor confiere esa responsabilidad a la iglesia.

Le dijo al apóstol en Mt.16: 19 “todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.

Significa simplemente que la disciplina que la iglesia aplique en la tierra, obviamente si es en plena concordancia con Su Palabra y bajo la dirección del Espíritu Santo, Dios la reconocerá en los cielos. Y si la iglesia es testigo de un arrepentimiento genuino de un hermano, que habiendo pecado se ha arrepentido y dejado el pecado que le hizo ser separado de la iglesia; la iglesia debe recibirlo nuevamente en su comunión, eso también Dios lo confirma en los cielos.

Pero Dios ha dejado instrucciones muy precisas para la aplicación de la disciplina dentro de la iglesia:
Mt. 18:15 “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
Mt. 18:16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.
Mt. 18:17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.

Toda disciplina debe ser siempre aplicada con el propósito de ganar al hermano que ha pecado. La última instancia y no deseada, es colocar fuera de la comunión al que insiste en pecar.

Primero: Un hermano espiritual debe hablar a solas con él. Gal 6:1 “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.
Segundo: Si no recapacita con esa reprensión, se deben tomar uno o dos hermanos para volver a conversar con él.
Tercero: Si no los oyere, se debe comunicar a la iglesia, para que todos los hermanos oren por él. 1Tm. 5:20 “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman”. Y si persiste en su pecado, entonces:
Cuarto: Se debe poner fuera de la comunión, si es un pecado que merece tal sanción. 1Co 5:11 “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”. 1Cor.6: 9-10 No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Cualquier otro acto “disciplinario” que se aplique para colocar fuera de la comunión a un hermano, sin recurrir primeramente a estas cuatro instancias previas que ha establecido el Señor; llevará siempre el sello putrefacto y maloliente de la carnalidad humana.

Lamentablemente en muchos lugares se ha considerado como el pecado imperdonable y que se hace acreedor a ser puesto a un lado de las actividades de la iglesia, al hecho de no pagar el diezmo, o preguntar al predicador ¿dónde aparece en la Biblia la enseñanza que ha entregado desde el púlpito? o ¿por qué un familiar suyo, que vive en adulterio, se le permite continuar en la comunión de la iglesia?. Y otras injusticias parecidas que se cometen libremente “en el nombre del Señor” en la casa que debería ser la casa de Dios y no de los hombres.

Cuando se han seguido estos cuatro pasos y se llega al más lamentable de todos, Dios lo confirma en los cielos. Por eso la Biblia habla de remitir los pecados, llevarlos a la presencia del Señor y Él ratifica, confirma esa sanción por el bien del hermano y de la santidad que se debe guardar en Su casa, la iglesia del Señor.



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