Dios con nosotros










Por Jack Fleming

N° 25

Mt.1: 23 "Y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros".

Hablar de Dios, significa sumergir nuestras mentes finitas en lo infinito. Para eso tenemos que pasar por todo lo creado. Sabemos que toda la creación lleva el sello divino de Dios. Pero él está muchísimo más alto, más allá de todo lo que nuestros ojos puedan contemplar, partiendo del asombroso mundo infinitesimal, regocijándonos en los misterios y prodigios de un simple copo de nieve o en los secretos de la luz, que el hombre con toda su ciencia y tecnología aún no alcanza a comprender.

Podremos remontarnos y ahondar en la inmensidad del universo, y aún así tendríamos que decir como el salmista, que los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Pero ni aún ellos pueden contener su gloria.

Él es el Eterno, que está por sobre su creación. Todo lo creado tuvo un principio, pero él ha existido siempre. Desde la eternidad pasada, antes que existiera el hombre que ocupara su atención, ni ángeles que cantaran sus alabanzas, ni universo que manifestara su grandeza. Allí en esa soledad eterna, existía solamente Dios.

Descender por los peldaños de los siglos pasados y pretender llegar hasta esa soledad de Dios, es algo que llena de vértigo a nuestra mente finita. Es remontarnos más allá del tiempo y del espacio, antes que las estrellas y constelaciones salieran de la mano de Dios como partículas de arena que formarían el inmenso mar del universo. Pero con la ayuda de la Palabra de Dios, intentaremos sumergirnos para mirar antes que el tiempo fuese.

1Jn.5: 7 dice: "Tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo". En esa soledad pasada, previa a la creación, existió únicamente el Dios trino. Por esa razón la Biblia nos habla del Padre eterno, el Hijo eterno y el Espíritu eterno.

Por ejemplo, Dt.33: 27 "el eterno Dios es tu refugio". Jn.1: 1-3 del Hijo dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas". Y en Heb.1: 8 Dios el Padre dice al Dios Hijo: "Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". En Heb.9: 14 llama al Espíritu: "el Espíritu Eterno".

Un Dios trino y eterno ha existido siempre, pero durante esa soledad pasada se realizó aquel consejo divino del que nos habla Pedro en Hch.2: 23, donde Dios determinó solo en sí mismo, sin agentes externos ni influencia de ninguna de sus criaturas, la creación de todas las cosas.

Allí la Soberanía de Dios dijo: Exterioricemos los atributos creando un universo que manifieste nuestra gloria y creemos también al hombre.
La Omnisciencia miró a través del tiempo y exclamó: Esa criatura caerá.
La Santidad declaró: Tendrá que vivir separado del cielo.
La Justicia sentenció: Deberá ser condenado.
La Misericordia dijo: Preguntémosle al Amor.
El Amor exclamó: Enviemos al Hijo.
El Hijo dijo: Heme aquí, envíame a mí.
Y el Dios eterno proclamó: Así sea hecho.

Allí estaba el Señor Jesucristo, antes que el mundo fuese (Jn.1: 3) porque: "todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho". El relato bíblico en Génesis 1: 26 dice: "HAGAMOS al hombre a NUESTRA imagen".

Elohim es el nombre plural del Dios trino y es el que se usa en este pasaje. Dice en el verso siguiente: "Y creó Dios (Elohim) al hombre a SU imagen, a imagen de Dios lo creó". Aquellos que niegan la trinidad de Dios, que es pilar fundamental del cristianismo bíblico, sostienen sin ninguna lógica y con un sofismo que se pierde en una nebulosa sin sentido, que Dios habla en plural cuando dice "hagamos", porque supuestamente estaría hablando en unidad con los ángeles.

Ese argumento tan superficial se desmorona inmediatamente con este versículo 27, porque aclara allí, para evitar toda controversia, que el hombre no fue creado a la imagen de los ángeles, sino de Dios mismo, y Dios no comparte Su Gloria con nadie.

Son muchos los pasajes, incluso dentro del mismo libro del Génesis que sostienen esta verdad:
Gn. 3: 22 "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de NOSOTROS".
Gn.11: 6-7 "Y dijo Jehová: ...DESCENDAMOS, y confundamos allí su lengua". Etc.

Toda la creación lleva ese sello trinitario, incluyendo al hombre, quien según lo afirma la Biblia también es trino: (1Ts.5: 23) "Todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo".

El Señor Jesucristo es Dios, y como tal, eterno, ha existido siempre. Aunque muchos tienen un concepto equivocado de su Persona, lo conocen como quien nació en un pesebre y lo ven como un bebé indefenso en los brazos de su madre.

Jesús es el eterno Hijo de Dios, es Dios con nosotros. Cuando meditamos en ese ser divino que recibe la adoración de los seres angelicales, quienes se cubre reverentemente en su presencia para cantar sus alabanzas, como dice en Is. 6: 2 , nos unimos a la perplejidad del salmista cuando dice en el salmo 8 "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?".

Es una maravilla que mentes excelsas no alcanzan a comprender, y nos unimos al pensamiento y verdad expresada en 1Tm. 3: 16 "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria".

Grande es este misterio, el Dios cuya gloria ni aún los cielos pueden contener, fue manifestado en carne. El Hijo Eterno, el que fue antes que María, antes que Abraham, como lo dijo en Jn.8: 57-58 "Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy".

Cuando el Señor Jesucristo aún no tomaba un cuerpo humano para consumar la obra de la redención, ya en el Antiguo Testamento se presentó en las teofanías de Dios bajo la forma del "Ángel de Jehová".

Incluso ante el mismo Abraham se manifestó en esa forma angelical (Gn.18). Evidentemente no se trataba de un ser creado, como son los ángeles, quienes no pueden aceptar adoración por ser solamente criaturas de Dios, como fue el caso cuando Juan quiso hacerlo al recibir las revelaciones en Ap.19: 10 "Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él (ángel) me dijo no lo hagas...adora a Dios".

Sin embargo ese "Ángel de Jehová" del Antiguo Testamento aceptó la adoración, porque era la persona misma de Dios, el Hijo Eterno que intervenía directamente sobre su creación. Hubo otras intervenciones de ese "Ángel de Jehová" que usted fácilmente puede ubicar con la ayuda de una concordancia, y en todas ellas podrá distinguir claramente su divinidad.

Pero llegado el cumplimiento del tiempo, Dios fue manifestado en carne. Para eso tuvo que humillarse, tomar una nueva naturaleza, la humana para poder realizar la obra que había venido a cumplir en lugar del pecador.

En él existió la doble naturaleza, la divina que es eterna, y la humana que tuvo un principio allí en el pesebre. Él fue Dios y hombre al mismo tiempo. María fue el instrumento humano que él mismo escogió para que fuera la madre de esa nueva naturaleza. Obviamente ella jamás pudo ser la madre de su naturaleza divina, la cual es eterna; de lo contrario ella también debería ser eterna.

Jesús cual Dios ha existido siempre, mucho antes que María, antes que Abraham, antes que Adán, antes que todo lo creado, porque él fue su creador. María solamente fue la madre de esa naturaleza humana que tuvo un principio, pero nunca de la naturaleza eterna y divina. Ella nunca fue la "madre de Dios".

Dios con nosotros. El Eterno fue manifestado en carne. A esto también se refiere Filipenses 2: 6-8 "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".

Se despojó a sí mismo de la naturaleza externa y visible de su divinidad. Pero nunca dejó de ser Dios. Muchas veces se habla del milagro en el monte de la transfiguración, pero considero que el milagro estuvo presente durante sus 33 años de su vida terrenal al ocultar su divinidad a los ojos del mundo, y fue precisamente allí en el monte de la transfiguración, donde neutralizó ese milagro de su humanidad, para manifestar su divinidad a sus discípulos.

Fue hombre y Dios a la vez, porque como Dios no podía morir, por esta razón tuvo que tomar un cuerpo semejante al nuestro para poder morir. Y ser Dios al mismo tiempo para resucitar.

Esto es lo que anunció en Jn10: 17 "Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mi mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar".

Ese es Jesús a quien anunciamos, el Eterno, el que siempre ha existido, el que creó todas las cosas. Dios manifestado en carne. Dios con nosotros. Él descendió de la excelsa gloria para venir a buscar lo que se había perdido. Vino a buscarte a ti y a mí, vino a buscar a los pecadores.

Arrepentíos en vuestro corazón y serás salvo para toda la eternidad. Que así sea, Amén.

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com
www.geocities.com/EstudiosMaranatha