N° 29
Por Jack Fleming
EstudiosMaranatha.com
Judas vr. 3 "Amados, por la gran solicitud que tenía
de escribiros
acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros
exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una
vez dada
a los santos".
Admito que la forma más cómoda para el predicador, es
entregar mensajes
que entretengan y sean gratos al oído, pero eso no es lo que alimenta
al
pueblo de Dios. Tal es así que hoy puedo determinar fácilmente si un
programa de la TV o de la radio es uno que solamente entrega alimento
"chatarra". Y eso lo puedo reconocer aún sin haberlo
escuchado, me basta
saber que ha sido un mensaje que ha dejado contentos a moros y
cristianos.
Si un romanista me comenta que tal o cual programa en la
radio o la TV es
"muy hermoso". Y el mismo comentario proviene de un
Adventista, un Mormón y
de diferentes denominaciones, inmediatamente me doy cuenta que se
trata de
programas de entretención donde únicamente se dirán cosas que dejen a
todos
contentos. Son los "hippies" del nuevo siglo que reparten
"flores" desde el
púlpito.
Cuando se predica la verdad, con la pureza y fidelidad que
lo hizo el
Señor Jesucristo, solamente se puede esperar dos reacciones: una que
acepten
el mensaje y haya en ellos un cambio de vida, o la segunda: que lo
rechacen
airadamente.
Cuando el Señor predicaba, siempre habían únicamente esas
dos reacciones:
o lo aceptaban o le arrojaban piedras. Así debe ser cuando se entrega
la
verdad de Dios con pureza y claridad.
No hay nada que duela más a mi corazón, cuando después de
una
predicación, alguien me dice: "ha sido un mensaje muy
hermoso" y esa persona
no ha tenido un cambio de vida. Eso me deja un sentimiento de
culpabilidad,
porque tengo que admitir que no he sido lo suficientemente claro para
que
esa persona pueda entender.
Cuando no hay una reacción después de escuchar (o leer) un
mensaje, esto
se debe a la falta de competencia del predicador. Solamente un
predicador
mediocre o aquellos que no están interesados en predicar la verdad
para
dejar a todo el mundo feliz, son los que no obtienen una reacción.
Muchos son los que prefieren ese estilo de entretención, ya
sea por
vanagloria y vanidad, o para obtener mejores resultados en las
ofrendas y
diezmos. Aunque pareciera ser más bien que se debe a una combinación
de
ambos.
Siento un temor y responsabilidad enorme ante el Señor cada
vez que
predico, de tal manera que jamás podré decirles adulaciones o
zalamerías
para obtener vuestra aprobación. Mi anhelo es ser fiel a mi Señor y
entregar
el mensaje con la mayor claridad, sin faltar a la verdad que se
encuentra en
las Sagradas Escrituras.
Dice Dios en Pr.16: 29 y 28:23 "El hombre malo
lisonjea a su prójimo,
y le hace andar por camino no bueno. El que reprende al hombre,
hallará
después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua".
Seguramente que entre éstos se encontraran esos
"MUCHOS" predicadores que
menciona el Señor en Mt. 7: 22 "Muchos me dirán en aquél día
(cuando él
vuelva), Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos
fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?. Y entonces
les
declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad" .
No se puede "contender ardientemente por la fe" y
al mismo tiempo agradar
a las multitudes. Pero esa es una necesidad impuesta en el corazón
del
verdadero siervo del Señor.
Es verdad que el Señor dijo: "Aprended de mí, que soy
manso y humilde de
corazón". Pero la Biblia también nos dice que cuando los hombres
deshonraron
la casa de Dios, el Señor cogió un látigo y expulsó a todos los
comerciantes
que habían invadido el templo y les dijo: "Mi casa, casa de
oración será
llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones". Cuando
el Señor
vuelva, seguramente que tendrá que decirle lo mismo a muchas
iglesias.
Otro ejemplo muy especial es el caso de Moisés, que Dios lo
llamó "el
hombre más manso de la tierra". En Ex.32: 19 leemos que cuando
el pueblo
pecó "ardió en ira y tomó el becerro que habían hecho, y lo
quemó en el
fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las
aguas, y
lo dio a beber a los hijos de Israel".
La Biblia está llena de ejemplos de fieles siervos del Señor
que
contendieron ardientemente por la fe, y a consecuencia de su
fidelidad
sufrieron muchas persecuciones. En Gal.2 nos describe una de las
tantas
veces que Pablo tuvo que contender ardientemente por la fe, cuando
reprendió
públicamente a un apóstol tan importante como Pedro, acusándolo de
actuar
hipócritamente.
La verdad es que la fidelidad hacia nuestro Señor, siempre
irá en
proporción al grado de rechazo y persecución que habrá de recibir. El
mismo
Señor lo dijo: (Lc.6: 26) "¡Ay de vosotros, cuando todos los
hombres hablen
bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos
profetas".
Hoy en día, debido a que muy pocos están "contendiendo
ardientemente por
la fe" es que la corrupción en la casa de Dios ha ido en
aumento. Esto ha
sido posible porque se enseña en forma equivocada, el verdadero
significado
de la humildad que debe tener el cristiano.
La mansedumbre que nos habla la Biblia, no es la debilidad
de los
cobardes, sino la virtud de los fuertes que saben controlar sus
emociones,
pero sin hacerse cómplices de lo malo.
Aquellos que aceptan y toleran (o se declaran
"neutrales"), no son
mansos, sino cobardes y cómplices. Aún la ley de los hombres
condena por
complicidad a los que vieron un delito y no lo denunciaron, incluso
en el
caso de un familiar muy directo.
La mansedumbre y humildad que debe tener el cristiano, debe
manifestarse
en cuanto a las ofensas personales de que somos objeto, pero cuando
se trata
de los negocios de nuestro Padre celestial, entonces hemos de ser
celosos,
valientes, enérgicos y "contender ardientemente por la fe".
Ese fue el ejemplo que nos dejó el Señor Jesucristo. Una de
las ofensas
más grandes que puede recibir un judío es que alguien lo tome de la
barba, y
si a eso le añadimos que lo escupieron en la cara, creo que no existe
mayor
humillación.
Is. 50: 6 "Di mi cuerpo a los heridos, y mis mejillas a
los que me
mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de
esputos". Pero sin
embargo, cuando ofendieron la casa de Dios, reaccionó airadamente con
un
látigo en su mano.
Con los años he aprendido que siempre será mucho más sano
hacer una
exhortación clara que haga estremecer los corazones, que una
predicación
liviana de entretención. Porque aún tengo fe en la conciencia e
inteligencia
humana para discernir cuando se le está diciendo algo por amor a su
alma
eterna, y cuando se está buscando solamente su aprobación.
La persona inteligente siempre comprenderá que será mucho
más honroso
reconocer su propio error, que continuar en él. Por lo demás,
declarar que
ayer estábamos equivocados, no es más que admitir que hoy somos más
sabios.
Así que considero que ser fiel a la verdad y contender
ardientemente por
la fe, no solamente es ser consecuente con la obediencia que le
debemos a
nuestro Señor, sino que además el hombre inteligente sabrá distinguir
entre
el alimento "chatarra" de entretención, que muchas veces
tiene oscuros
propósitos; con la enseñanza y exhortación sincera que se hace basada
exclusivamente en la Palabra de Dios.
Por lo demás, el creyente que desea ser fiel a su Señor,
sabe
perfectamente que debe agradar a Dios antes que a los hombres. Que
aprendamos a contender ardientemente por la fe, pero al mismo tiempo,
a ser
humildes cuando nos ofendan sobre asuntos personales. Que el celo por
el
Señor nos consuma, cuando alguien ofenda la casa de Dios. Que así
sea, Amén.
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