N° 36
Por Jack Fleming
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Mucho se ha dicho y tanto más se ha especulado sobre los supuestos
"años
oscuros" del Señor aquí en la tierra. Denominar de esa manera
misteriosa para referirse a la vida del que es la luz del mundo,
resulta no solamente una incongruencia, sino además una irreverencia.
El padre de mentiras siempre ha tejido delgadas y finísimas hebras,
aunque frágiles, han resultado eficaces para ir envolviendo a sus
víctimas
que se detienen necia e irresponsablemente donde él se encuentra.
Y una vez que han hecho un alto para dialogar con los planteamientos
del
enemigo de las almas, aquellos que se sienten tan capaces y seguros de
sí
mismos, antes que logren darse cuenta, están envueltos en toda una
telaraña
difícil de abandonar.
Debido a los resultados obtenidos, ha sido el mismo método que ha
mantenido a través de los siglos. A nuestros primeros padres les dijo
para
llamar su atención e invitarlos a dialogar con él: "¿Conque Dios os ha
dicho?". Y en el momento mismo que Eva se detuvo para escuchar y
dialogar
con el engañador, comenzó la derrota que la llevó a desobedecer a Dios.
Considerando lo exitoso que le ha resultado este sistema, es que lo
ha
mantenido hasta nuestros días, aunque ahora se presenta con mayor
audacia y
atrevimiento.
Pretende levantar doctrinas y falsas creencias apoyándose en lo que
la
Biblia NO dice. Aunque todo el cristianismo histórico se apoya
exclusivamente en lo que la Biblia dice. Es un sofismo muy
insubstancial,
pretender sostener una práctica o creencia, apoyándose únicamente en lo
que
la Biblia no dice.
Pese a que un raciocinio de esa naturaleza evidencia de una forma
muy
obvia el desprecio absoluto que sienten por la Palabra de Dios, y que
lo
que predican no se basa en la Biblia, sin embargo han logrado
arrastrar algunos seguidores, especialmente entre aquellos que tampoco
valorizan las Sagradas Escrituras con la solemnidad y seriedad que ella
requiere.
Creo que esto se debe simplemente porque el corazón del hombre ama
más la
mentira que la verdad, como lo dijo el Señor. También Jesús afirmó
enfáticamente: "Mi palabra es verdad".
Uno de estos personajes predicaba que es lícito cobrar el diezmo,
porque
la Biblia no decía en ninguna parte que no se podía hacer. Otro, que no
existe ningún versículo que prohíba la marihuana. Y así cada vez la
audacia
de estos enemigos de la Palabra de Dios ha ido en aumento.
En cuanto a los años terrenales del Señor, comprendidos entre los 12
y
los 30 años, muchos lectores superficiales y aquellos que jamás han
leído
todo el Nuevo Testamento, creen que no aparecen en la Biblia. Han
pretendido
tejer toda una telaraña de mentiras y fantasías, producto de mentes muy
fértiles y que solo buscan desacreditar la persona bendita del Señor
Jesucristo.
Como lo escandaloso está de moda, al igual que todo aquello que
rompa con
los esquemas establecidos, ha resultado muy provechoso económicamente
para
sus intereses explotando esta veta, publicando diversos libros sobre lo
que
"la Biblia no dice".
En primer lugar hemos de establecer que la Biblia no fue escrita
para
satisfacer la curiosidad humana, sino para revelarnos lo que el hombre
necesita conocer para recibir la salvación que Dios ofrece
gratuitamente.
De lo contrario sería tan necio, como pretender encontrar las
instrucciones para hacer funcionar un sofisticado equipo estereo,
buscando
en un libro de medicina.
El evangelio de Juan concluye en su último versículo diciendo: "Y
hay
también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran
una
por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se
habrían de
escribir. Amén". Claramente establece que no se escribió todo lo que él
hizo, sino únicamente lo más esencial para el propósito para el cual
Dios
nos entregó la Biblia.
Las Sagradas Escrituras testifican que Jesús se sometió a todas las
ordenanzas de la ley. Y allí ordena a los hombres, en Ex.34: 23 "Tres
veces
en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor,
Dios de
Israel".
Estamos familiarizados con dos de esas visitas que hizo el Señor al
templo. Una a los ocho días desde su nacimiento, para cumplir con la
ordenanza de la circuncisión, y María presentara un par de tórtolas
para su
purificación (Lc.2:21-24). Y la segunda, cuando tenía doce años (Lc.2:
40-52).
Pero la verdad es que en este mismo pasaje afirma que esa no fue una
visita ocasional, sino que en el verso 41 dice: "iban sus padres
todos
los años a Jerusalén". Y esto es dicho dentro del contexto de los
versículos 40 y 52, que dicen respectivamente: (v.40) "Y el niño crecía
y se
fortalecía". (v.52) "y Jesús crecía en sabiduría y en estatura".
¿Cuándo fue que le vieron crecer? No existe duda que fue durante
todos
esos años que sus padres terrenales le llevaban al templo en Jerusalén,
para
cumplir con las ordenanzas de la ley que así lo exigían.
La educación de los niños estaba basada en el Talmud, que era
reforzada
primordialmente en los hijos varones, entre los 10 y 15 años.
A los 13 años celebran la festividad más importante en la vida de un
varón, la "bar mitzvah", cuando deja de ser considerado un niño, para
ser
revestido de todas las obligaciones como hombre según la ley judía.
La educación laboral era responsabilidad principalmente de los
padres,
que transmitían sus conocimientos artesanales a sus hijos.
En medio de esta educación religiosa y laboral, (v.40) "el niño
crecía y
se fortalecía". (v.52) "Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en
gracia
para con Dios y los hombres". Todos los habitantes de su pueblo y los
de
Jerusalén, le vieron crecer en estatura, porque siempre estuvo en medio
de
ellos.
Las responsabilidades laborales comenzaban generalmente después de
los 15
años. Y Jesús no fue solamente el hijo de un carpintero, sino que él
mismo
también ejerció ese oficio.
Mr.6: 3 "¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de
Jacobo, de
José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus
hermanas?".
En el relato de Mt.13 también se transcribe esta misma perplejidad
que
sentían todos los habitantes del pueblo, que le habían visto crecer
junto a
sus hermanos y hermanas. Mt.13: 56 "¿De dónde, pues, tiene éste todas
estas
cosas?".
Estaban llenos de asombro, porque Jesús había crecido junto a ellos
como
cualquier niño normal. Le vieron crecer y luego trabajar como
carpintero.
Muchos de ellos le habrían encargado algún trabajo de carpintería, y
ahora
veían aquel que tenía la sierra y el martillo en sus manos, ahora
predicaba
lleno de sabiduría de lo alto y haciendo milagros.
Si Jesús se hubiera ido a la India para aprender de los curanderos
de
allá, todo el pueblo lo habría sabido, y su asombro les hubiera hecho
exclamar: "Mira, todo lo que aprendió en las tierras lejanas que fue".
Inclusive en nuestros días, con toda la complejidad de la vida
moderna y
el incremento masivo de la población, las abundantes distracciones que
nos
ofrece la sociedad, TV., cines y otros; todos saben cuando un vecino se
va a
un país lejano. Y si esta situación ocurre en un pueblo pequeño,
entonces
con toda seguridad que todos se enteran hasta de los detalles más
particulares.
Por lo tanto, querer desconocer esta afirmación que hace la Biblia,
que
Jesús creció en Nazaret e iba todos los años al templo de Jerusalén;
que
trabajó como carpintero en su pueblo, es simplemente ignorar lo que la
Biblia dice.
Jesús dijo: "Yo soy la raíz", porque también su ministerio terrenal
nunca
se extendió más allá de las fronteras de su país natal. Pero sin
embargo,
después de su muerte y resurrección, su semilla cubrió todo el mundo y
ha
perdurado a través de los siglos.
Hoy, en el siglo XXI, llega hasta la puerta de su corazón y le dice
lleno
de amor: (Ap.3: 20) "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno
oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Que
así
sea. Amén.
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