N° 41
Por Jack Fleming
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Es el eje central en la vida de la iglesia local y del creyente
individualmente.
También se la define en las Sagradas Escrituras como:
El Partimiento del Pan (Hch.2: 42, 20: 7)
La Mesa del Señor (1Cor.11: 21)
La Comunión (1Cor.10: 16)
La Cena del Señor (1Cor.10: 20)
La noche antes de entregarse en las manos de los hombres impíos que
habrían de crucificarle, el Señor Jesucristo reunió el grupo más íntimo
de
sus discípulos en un aposento alto en la ciudad de Jerusalén. Comieron
juntos la Pascua, al final de la comida, usando uno de los panes que
había
sobre la mesa (que era pan sin levadura) y una copa de vino, les dejó
una
lección objetiva, sencilla pero sublime y les dijo: "haced esto en
memoria de mí" (Lc.22:19).
Esta reunión es de tanta importancia en la vida de la iglesia, que
el
Señor desde la gloria dio a Pablo una revelación especial respecto al
orden
y significado de la mesa del Señor (1Cor.11: 23-29).
Desde el siglo primero hasta el siglo veintiuno, los que han amado a
su
Salvador, han rodeado una mesa en la cual hay UN pan y UNA copa. Han
hecho
memoria de su Redentor tras puertas cerradas de casa en casa, en
catacumbas
y en locales de reunión, en tiempos de persecución y en tiempos de paz
en
todos los continentes y en los diferentes idiomas del mundo.
Es una memoria establecida. No es un recuerdo emocional que inunda
nuestra alma de vez en cuando. Es un acto de voluntad, es obediencia a
una
orden, es algo que hacemos en determinado lugar y a determinada hora.
No es
una opción para el creyente, es una obligación, es un mandamiento
establecido por el Señor.
Es la reunión de mayor importancia en la iglesia y en la vida del
creyente. Porque allí los que hemos sido redimidos por la sangre del
Señor y
hemos sido perdonados en Su sangre, nos reunimos para entregar nuestra
adoración, fruto de corazones agradecidos por lo que Él ha hecho por
nosotros.
La Biblia no dice que Dios busca trabajadores que le sirvan, sino
que
claramente establece:
Jn.4:23 "el Padre tales adoradores busca que le adoren".
Lc.10:38/42 (Marta estaba muy ocupada trabajando PARA EL SEÑOR, y su
hermana
María estaba a los pies de Jesús) Jesús le dijo: "Marta, Marta, afanada
y
turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y
María ha
escogido la buena parte, la cual no le será quitada".
Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. Ningún
trabajo o servicio para el Señor es más importante que nuestra
adoración.
Los cristianos primitivos amaron verdaderamente a su Señor y no se
excusaron de cumplir con el memorial que instituyó la noche que fue
entregado.
Observándolos podemos decir que exactamente en la misma proporción
como
los santos aman a su Señor, aman su Palabra, son guiados por el
Espíritu
Santo; en esa proporción se deleitan en hacer memoria de Él a Su mesa.
Se
deleitan anunciando así su muerte y resurrección hasta que Él venga.
Jn.14:15 "Si me amáis, guardad mis mandamientos".
El gran contraste que existe precisamente entre el judaísmo y el
cristianismo, radica en que a Israel Dios le entregó una enorme lista
de
preceptos y ordenanzas expresados en ritos y ceremonias, en cambio en
la
iglesia se destaca la simpleza.
Para la iglesia Dios dejó únicamente dos mandamientos para que sean
observados ceremonialmente: El Bautismo y La Cena del Señor. Pero
ninguna de
los dos fueron dejados por Dios para que fueran sometidos a la
consideración
de la iglesia, para que ésta dispusiera de ellos como bien les
pareciera.
Nada fue dejado al azar ni a nuestro criterio para que el hombre los
transformara como bien les pareciera, tampoco fueron entregados a la
iglesia
como una propuesta de Dios, sino como un mandamiento. No son una
opción,
sino una preciosa obligación.
Así como en el Antiguo Testamento ninguna ceremonia era acepta por
Dios
si no se hacia conforme a TODO lo que Dios había mandado, de igual
forma, no
podemos esperar menos para la iglesia. Por ejemplo, si Moisés no
hubiera
levantado el tabernáculo conforme a todo lo que Dios le había
mandado, jamás lo hubiera bendecido llenándolo con su Gloria.
Es lo que vemos también en el caso de los sacerdotes Nadab y Abiú en
Lv.10. Ellos se presentaron al lugar que se les había mandado, se
vistieron
conforme a lo que él había ordenado, llevaron consigo el incensario
correcto, aplicaron las especias aromáticas para tal ocasión, pero
aplicaron
fuego extraño que Dios no había mandado. Cumplieron con todo, excepto
en
una cosa, según a ellos les pareció mejor, y Dios los rechazó mandando
fuego
del cielo.
Hoy en día no estamos bajo la ley sino bajo la gracia, por este
motivo no
desciende ahora fuego del cielo sobre los sacerdotes de la iglesia
(todos
los cristianos somos reyes y sacerdotes Ap.1: 6), pero esto no
significa que Dios pasará por alto nuestra desobediencia.
Dice en Rm.14: 10 que todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo. En
2Cor.5: 10 también lo confirma: "Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba
según lo
que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo"
1Cor.3:
13 "la obra de cada uno se hará manifiesta...el fuego la probará".
Cuan importante es entonces hacer todo conforme a lo que Dios nos ha
mandado, de otra forma será una pérdida de tiempo porque el fuego lo
consumirá.
Dios había dispuesto que el cordero Pascual debía ser sin defecto y
sin
tacha, porque representaba a Cristo quien es perfecto ¿piensa alguien
que
Dios hubiera aceptado un cordero ciego o cojo, porque el ofrendante
pensara
que eso era mejor para que el animal no siguiera sufriendo?
El razonamiento nos podría parecer muy lógico, pero Dios jamás
hubiera
aceptado ese sacrificio, sin importar toda la sinceridad y buena
intención,
porque eso había estropeado lo que representaba, no tendría ningún
valor.
Supongamos que otro israelita hubiera pensado que debido a que todos
en
su familia le gustaba la misma parte del animal, determinara según su
propia sabiduría, en vez de presentar UN cordero, colocar chuletas de
cordero ¿podría ese símbolo alterado agradar a Dios? Y ¿por qué
algunos
cristianos piensan que a Dios le da lo mismo si alteramos el símbolo
del
bautismo o el de la Cena del Señor?
El Señor ha ordenado que sea UNA copa y UN pan (el cual debe ser sin
levadura). Y los que se consideran más sabios que Dios han cambiado los
símbolos según su propio criterio o beneplácito, piensan que da lo
mismo que
si el pan tiene levadura o no, o que es mejor hacerlo con varias
copitas
individuales porque es más higiénico. ¡Qué insulto a la Sabiduría y
Soberanía del Señor!
Otros se creen más espirituales porque participan con 2 o 4 copas,
pero
el asunto es el mismo, eso no es lo que el Señor mandó. ¿De qué podrían
servir los símbolos si estos han sido adulterados? ¿Podrán representar
lo
que Dios deseaba? Obviamente que no.
Argumentan que ellos no lo pueden hacer con una sola copa como mandó
el
Señor, porque en su iglesia son muchos ¿Será posible que a Dios se le
hubiera escapado ese detalle? ¿No creen que aquello que el hombre ha
considerado olvido u omisión de Dios, pueda ser lo que el Señor dispuso
para
regular en forma natural el tamaño de una iglesia local?
Si han leído en la Biblia que Dios dice UNA sola copa, y juntos no
pueden
beber de ella todos ¿no han pensado en la posibilidad que sobrepasaron
el
tamaño de una iglesia local que el Señor tenía en mente cuando
instituyó la
Cena?
En los días del Señor habían miles de discípulos, pero él escogió
solamente a 12 y cerrada la puerta les entregó este mandamiento. ¿Por
qué
no lo hizo cuando repartió los panes a más de 5 mil personas? Resulta
lógico
pensar que el Señor siempre pensó en iglesias locales pequeñas.
¿Qué hubiera sucedido si los cristianos hubieran sido obedientes al
Señor? En vez de tener una sola iglesia local con 2 mil o 3 mil
miembros
que ni se conocen entre ellos, habría cientos de iglesias locales donde
ellos no solo tendrían una comunión más real, sino que el ejercicio de
los
dones sería una necesidad que transformaría a los cristianos de simples
oyentes, en verdaderos instrumentos del Espíritu Santo; serían iglesias
activas, dinámicas, poderosas y el evangelio se habría extendido
considerablemente.
Ese fue el mal que el Señor debió corregir en Jerusalén. En vez de
ir y
predicar el evangelio a toda criatura, se habían quedado en esa iglesia
en
la que habían conocido al Señor, y él se vio forzado enviar una
persecución
para que salieran hasta lo último de la tierra; en poco tiempo
conquistaron
hasta el mismo corazón del imperio que los oprimía, Roma.
La noche antes de entregarse en las manos de los hombres impíos que
habrían de crucificarle, durante la Pascua, cuando celebraban la
fiesta de
los panes sin levadura conforme a Lv.23: 6, dice en el relato del
evangelio
de Mt.26: 17 "El primer día de la fiesta de los panes sin levadura"
tomó
uno de los panes que había sobre la mesa e instituyó la Cena.
De allí comprendemos que el pan que se debe utilizar en Su mesa debe
ser
sin levadura, y no podría ser de otro modo, debido a que la levadura
siempre
ha sido símbolo del pecado. Ese pan es símbolo del cuerpo del Señor
que fue
sin pecado. Suponer que el asunto de la levadura no tiene gran
importancia,
sería lo mismo que decir que para celebrar la fiesta de la Pascua, el
judío
podía utilizar cualquier cordero aunque fuera con defecto, porque hoy
nuestra Pascua es Cristo (1Cor.5: 7).
El Señor nos dejó una lección objetiva, sencilla pero sublime, él
dijo:
"haced esto en memoria de mí" (Lc.22: 19). Este es el verdadero
propósito
de la Cena, hacer memoria de él; es una reunión para recordarle en su
muerte
y en su resurrección. No es una ceremonia que implique ningún
sacrificio,
porque allí no había altar; además en Heb.10: 10 aclara que la ofrenda
del
cuerpo de Cristo fue hecha una sola vez para siempre.
Tampoco se realiza ninguna transubstanciación ni cambio de la
materia de
los símbolos en lo real ni en la imaginación de los participantes,
porque
eso nunca fue el propósito de la reunión. Esto resulta obvio con la
simple
lectura del pasaje, Mt.26: 27 "y tomando la copa, y habiendo
dado
gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque ESTO es
mi
sangre". Si hubiera existido un cambio de la materia en sangre,
tendría que
haber dicho: ESTA es mi sangre.
El Señor jamás podría haberles dado a beber su propia sangre porque
Dios
ha prohibido al hombre beber sangre, y él no puede quebrantar sus
propios
mandamientos. Esto fue prohibido en Lv.3: 17 y confirmado para la
iglesia
en Hch.15: 20 y 21: 25. Dios no podría decir: "No bebáis sangre" y
luego
mandar "Bebed de esta sangre todos". En él no existen
contradicciones.
En el mismo pasaje de Mt. 26 lo aclara. Después de haber establecido
este
símbolo, ordena: "Bebed de ella todos" y dos versículos más abajo,
después
que hubieron bebido, en el vr. 29 dice: "os digo que desde ahora no
beberé
más...(si realmente se hubiera transformado en sangre, tendría que
haber
dicho: No beberá más de esta sangre, pero no, dice...) "os digo que
desde
ahora no beberé más de este fruto de la vid" . Era vino cuando
el
Señor tomó la copa, fue vino lo que bebieron todos, y siguió siendo
vino
después que bebieron de ella; por esta razón dice al final: "No beberé
más
de este fruto de la vid".
Si el Señor hubiera transformado el vino en sangre, hubiera
resultado muy
evidente para todos los que bebieron, como lo fue cuando transformó el
agua
en vino, ese fue un milagro verdadero y no el fraude de que muchos son
objeto en el día de hoy. Qué insulto a la inteligencia humana,
asegurar que
ha habido un cambio, pero que eso es percibido únicamente con nuestra
mente
y no con nuestros sentidos, que absurdo.
Esto me hace recordar el fraude en la fábula que relata la historia
de un
sastre que fabricaba ropa para el rey, y aseguraba que únicamente podía
ser
vista por las personas inteligentes. El sastre hacía como si vestía al
rey,
pero no le colocaba ropa alguna. El rey como no quería pasar por una
persona
tonta, se miraba al espejo y aunque se veía completamente desnudo,
halagaba
al sastre por el buen gusto en su confección. Se paseaba por la corte y
todos decían admirar la belleza del traje que el rey usaba, porque
ninguno
quería ser identificado como tonto.
Similar a esto es el fraude de la transubstanciación. Dicen que hubo
un
cambio del vino en sangre, pero no se puede percibir con nuestros
sentidos,
es algo que solamente se advierte por medio de la fe. Y como ningún
religioso desea ser calificado como falto de fe, nadie cuestiona el
fraude.
Otro tanto sucede con el pan. Fue pan cuando el Señor lo tomó, fue
pan lo
que comieron los discípulos, y siguió siendo pan después de la Cena.
También se ve que el Señor dice: ESTO es mi cuerpo, no dice ESTE
es
mi cuerpo.
Además todos recordamos que el Señor siempre empleó muchísimos
símiles
referente a su persona. El también dijo: Yo soy la puerta, Yo soy el
camino,
Yo soy la vid, etc. pero nadie en su sano juicio imaginará que Jesús es
una
puerta de madera o metal. Todos ellos fueron figuras que empleó para
comunicarse con nosotros. Creer que durante la Cena comemos el cuerpo
real y
verdadero del Señor Jesucristo, nos transformaría en caníbales.
Esta reunión es de tanta importancia en la vida de la iglesia, que
el
Señor desde la Gloria dio a Pablo instrucciones precisas respecto al
orden y
significado de la mesa del Señor. En 1Cor.11: 23 dice el apóstol:
"Porque yo
recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la
noche
que fue entregado, tomó pan..." No es una opción para el creyente, es
un
mandamiento del Señor.
Los cristianos primitivos amaron verdaderamente a su Señor y no
desatendieron el memorial precioso que él estableció. Observándolos
podemos
decir que exactamente en la misma proporción como los santos aman a su
Señor, aman su Palabra, son guiados por el Espíritu Santo; en esa misma
proporción se deleitan en hacer memoria de él en Su mesa hasta que
vuelva
por los suyos.
La iglesia primitiva se reunía todos los días Domingo, y esto no se
debió
a ningún decreto de algún papa como sostienen equivocadamente algunos.
Lo
leemos en las Sagradas Escrituras que ya los apóstoles se reunían los
Domingos.
Dice en Jn.20: 19 "Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el
primero
de la semana ( es decir, el Domingo) estando las puertas cerradas en
el
lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos,
vino
Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros".
Aquí es donde los sofistas afirman: "¡Ah! Pero estaban reunidos el
día
Domingo por miedo a los judíos". A lo cual uno se pregunta ¿por qué
les
bajó el miedo para reunirse el Domingo, y no el día anterior que era
Sábado?
Además, después de ese día tan especial donde recibieron el consuelo
y
fortaleza del Señor glorificado, no había razón para que continuaran
con el
miedo que les venía en ese día de la semana en particular. Sin embargo
leemos en el mismo pasaje, en el versículo 26 que nuevamente, el Domingo
siguiente, se habían congregado y el Señor se reunió con ellos: "Ocho
días
después, estaban otra vez sus discípulos dentro". Ocho días después
evidentemente es el Domingo siguiente.
Aquí queda de manifiesto que se reunían ese día, no porque tuvieran
miedo, sino porque esa era su costumbre, y el Señor Glorificado se
reunió
con ellos en ese día de la semana.
El ejemplo bíblico nos señala claramente que la iglesia primitiva se
reunía para celebrar la Cena el día Domingo. Dice en Hch.20: 6-7 "y
nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de
Filipos,
y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos
siete
días. El primer día de la semana, reunidos los discípulos
para
partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día
siguiente".
Y es aquí donde los judaizantes modernos, tuercen nuevamente las
Escrituras diciendo que los cristianos estaban reunidos para escuchar a
Pablo. En forma muy clara dice que se hallaban reunidos el Domingo
para
partir el pan.
Es verdad que Pablo estaba para salir al día siguiente y que en esa
ocasión les habló largamente después de la Cena. Pero si Pablo estaba
apresurado porque debía salir al día siguiente, es una prueba más que
no se
reunían los Sábados, porque no lo hicieron durante el día Sábado para
que
Pablo tuviera más tiempo, sino que aguardaron hasta el Domingo aunque
el
apóstol debía partir el día Lunes.
Resulta evidente que la iglesia del Nuevo Testamento celebraba la
Cena
los días Domingo. Además leemos en 1Cor.16: 1-2 "En cuanto a la
ofrenda
para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las
iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros
ponga
aparte algo, según haya prosperado".
¿Por qué la ofrenda debía ser recogida el día Domingo? Lógicamente
porque
ese era el día en que se reunía la iglesia. Tenían otras reuniones
durante
la semana, pero Dios ordenó recoger las ofrendas el día Domingo porque
en
ese día se encontraba toda la iglesia celebrando la Cena del Señor.
Y es aquí donde queda de manifiesta la inconsecuencia y el comercio
que
hoy hacen con la fe; Dios manda hacer la Cena del Señor todos los
Domingos y
también recoger las ofrendas los días Domingo. Y los hombres cambian lo
establecido por Dios diciendo: "No es prudente tener la Cena del Señor
todas
las semanas porque se transformaría en una rutina, mejor hagámosla cada
tres
meses o una vez al año, y si es durante la fiesta de Pascua de
resurrección
que ha indicado la iglesia católica, mucho mejor".
Con justa razón uno se pregunta ¿qué van a ir hacer al cielo esta
clase
de creyentes que encuentran rutinario adorar y hacer memoria del Señor,
cuando esa será la ocupación de la iglesia por toda la eternidad? Y
resulta
muy evidente donde están puestos sus corazones, porque cambian
arbitrariamente lo dispuesto por Dios para no celebrar la Cena todos
los
Domingos porque lo encuentran rutinario, pero curiosamente no
encuentran
rutinario recoger las ofrendas todos los Domingos dos o tres veces,
sino que
repiten eso durante todas las reuniones de la semana. Qué insulto y
degradación hacen de lo santo, de lo que Dios ha ordenado en su
Palabra.
Resumiendo, el orden establecido por el Señor para su iglesia es
como
dice en Hch.2: 41-42 "Así que los que recibieron su Palabra fueron
bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas, y
perseveraban
en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el
partimiento del pan y en las oraciones".
A la luz de este pasaje podemos ver que la Cena del Señor es
restringida
en cuanto a la fe, solamente para los creyentes que han nacido de
nuevo. En
cuanto a la doctrina, a la pureza de la obediencia de las enseñanzas
bíblicas. El bautismo, que sea de acuerdo a lo que el Señor mandó:
(Mt.28:
19) "En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". La
identificación en una iglesia local, para gozar la comunión los unos
con los
otros, indispensable para sentarnos los hermanos juntos y poder
disfrutar de
la mesa del Señor como un solo cuerpo en Cristo, como dice en Ef.4: 4-5
"un
cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma
esperanza
de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo".
Es claro que la iglesia debe guardar el buen orden a la mesa del
Señor,
porque Dios es Dios de orden. El Dios Santo bendecirá con su presencia
solamente a aquellos que anden en santidad, él dice: "Sed santos,
porque yo
soy santo" "sed santos en toda vuestra manera de vivir".
1Cor.11: 27-29 "De manera que cualquiera que comiere de este pan o
bebiere de esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la
sangre
del Señor. Por lo tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del
pan, y
beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir
el
cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí".
No se está refiriendo a la dignidad personal, porque no habría nadie
digno, sino a la manera indigna de participar, con liviandad,
haciéndolo
solamente por tradición, porque esa es la costumbre o por complacer a
un
familiar, limitándose a hacer acto de presencia, sin discernir el
sacrificio
de nuestro Salvador, sin valorizarlo ni entregando una adoración
genuina que
brote de un corazón agradecido.
Cuando hemos pecado, no se nos manda apartarnos de la mesa, sino que
la
exhortación es que nos examinemos a nosotros mismos (no al hermano de
al
lado) y que arreglemos cuenta con el Señor antes de venir a la Cena,
vr. 28
"y coma así del pan".
Concluyo, la Cena del Señor es la reunión que debe hacer la iglesia
cada
día Domingo, para hacer memoria de él. Esto es lo que los cristianos
que
desean ser fieles al Señor harán hasta que él vuelva. Amén.
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