Si queremos recibir la bendición de Dios, debemos pagar el diezmo
































N° 86

Por Jack Fleming

Hch. 8:20 "Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero".

Muchas veces he tenido que referirme a este tema, debido al abuso y engaño que predican y practican los comerciantes de la fe y los lacayos del evangelio de la prosperidad.

Los súbditos del sistema religioso imperante, para complacer y asegurarse un cargo o simplemente la complacencia de sus pastores que se dedican al comercio de las almas, por indicación de sus líderes, han acuñado la tan tristemente famosa frase: "Si quiere recibir la bendición de Dios, debe pagar sus diezmos".

Cualquier hijo de Dios que use su capacidad para pensar que el Señor le ha otorgado y escudriñe las Escrituras, si quiere ser honesto y sincero, deberá necesariamente admitir que Dios JAMÁS ha dicho tal cosa. Es más, esa afirmación es una herejía inventada por los mercaderes de la fe y contraria a la enseñanza de la Biblia.

Dios no puede vender Su bendición, porque eso es opuesto a Su carácter y naturaleza divina. El Santo de la Gloria no está interesado en nuestro dinero, como lo hacen los comerciantes de la fe. Él ha ordenado: "Dad de gracia lo que recibisteis de gracia".

Sin embargo es muy común ver cómo se esfuerzan para llenar sus amplios locales a los cuales han invitado a escuchar el evangelio de la gracia, y luego sin ninguna vergüenza les ponen delante de ellos un ofrendero para que hagan una entrega "voluntaria" de dinero, que debido a la presión creada, es un insulto al intelecto humano decir que es "voluntaria".

Por este motivo el Señor diseñó el modelo conforme a Su corazón de cómo ha de ofrendar el hijo de Dios (no los inconversos que supuestamente son invitados a escuchar el evangelio de la Gracia y que no les corresponde ese privilegio de ofrendar). Dice la Palabra de Dios que debe ser únicamente el día Domingo, porque ese día utilizaban los primeros cristianos para celebrar la Cena del Señor como Jesús lo ordenó, cada primer día de la semana, y allí se encuentran reunidos exclusivamente los creyentes.

No olvidemos que cuando el Señor instituyó la Cena lo hizo a puertas cerradas, solamente con sus discípulos. 1Cor. 16:2 "Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado". Hch. 20:7 "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan".

Allí se congregaba solamente la iglesia, los hijos de Dios, y entre ellos hacían una ofrenda voluntaria de acuerdo a como habían sido prosperados y lo que habían propuesto libremente en sus corazones. No era algo impuesto como una obligación, menos aún para buscar una bendición de Dios, porque daban por amor, no esperando recibir algo a cambio.

El grado de inmoralidad que se ha desarrollado en estas iglesias "modernas", queda de manifiesto cuando uno compara esta práctica de pedir incluso ofrendas "voluntarias" a todos los asistentes, con la analogía de invitar a cenar a nuestro hogar a amigos y familiares, para luego pedirles una colaboración voluntaria en dinero por la comida. Creo que nadie tendría la desvergüenza de hacerlo. Entonces ¿por qué lo hacen en la casa de Dios? ¿Es que el dios que tienen es un limosnero? ¿No es capaz de levantar Su obra sin la caridad de los inconversos?

Se les hace un enorme daño a los que no son hijos de Dios al permitirles, o peor aún pedirles dinero, porque de esa manera muchos adormecen sus conciencias y no logran oír la invitación de amor que hace el Señor. Solamente se integran al sistema religioso sin haber nacido de nuevo, porque se les ha presentado un dios que está interesado únicamente en su dinero y que no corresponde al Dios grande y poderoso que nos revela la Biblia.

Pero hoy no solamente recogen las ofrendas de creyentes e inconversos, sino que además han obligado a pagar un diezmo. Esta práctica es relativamente nueva, porque en los siglos pasados cuando la iglesia era más pura y santa, no era así.

En el Nuevo Testamento encontramos TODO lo que Dios ha ordenado para que la iglesia sepa cómo debe hacerlo conforme a Su voluntad. Nada ha omitido por olvido o supeditado a modificaciones de sus pobres criaturas. 1Tim. 3:15 "para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad".

Y en todo el Nuevo Testamento, JAMÁS se encuentra una sola ordenanza ni ejemplo de una iglesia que cobrara el diezmo o de un cristiano que lo pagara, considerando que cuando se termina de escribir la Biblia (al finalizar el siglo I) existían miles de iglesias por toda Europa, Asia y Norte de África.

El sólo hecho de mencionar que Dios vende el favor a los hombres es altamente blasfemo. Esa doctrina herética tiene sus raíces en el romanismo, donde han instalado una alcancía debajo de sus ídolos para comprar alguna petición y asegurarse una respuesta favorable.

Bien sabemos de las riquezas que el Vaticano ha logrado acumular con este sistema inescrupuloso, pero hoy en día son muchos los que están imitando y copiando con éxito ese método bajo diferentes disfraces, para felicidad de los comerciantes de la fe, milagreros, curanderos y sopladores.

Cuando Simón el mago, que se menciona en el libro de los Hechos cap. 8, le pide a Pedro que le otorgue el don de Dios a cambio de un dinero que le ofreció, el apóstol indignado le respondió: "Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero".

Cómo contrasta esta santa indignación del verdadero siervo de Dios con la de la mayoría de los pastores de nuestros días. Hoy si alguno entrega una ofrenda esperando recibir un favor de Dios, especialmente si es una cifra considerable, ninguno se molesta en reprenderlos, sino que con una complicidad que espanta, aceptan el dinero.

He conocido casos realmente nauseabundos de pastores, que habiendo conocido la conversión de una persona que tenía un trabajo abiertamente incompatible para un hijo de Dios, y manifestando el recién nacido su voluntad de alejarse de ello para santificar su vida, estos mercaderes de almas le han dicho que no haga tal cosa, porque en esa actividad pecaminosa a esa persona le proporcionaba ingresos muy importantes, y de esa manera el pastor se aseguraba un diezmo suculento.

No solamente han impuesto el diezmo en forma arbitraria, sin ser parte para la vida de la iglesia de acuerdo a la Palabra de Dios, sino que además lo han atado con fuertes cadenas de superstición, que son alimentadas con historias inventadas y otras simplemente frutos de las fértiles imaginaciones de quienes transitan por esos lúgubres caminos de la superstición, la fanfarronería, la competencia carnal para relatar la historia más sensacionalista y la búsqueda servil y zalamera para agradar al pastor.

En esa clase de iglesias nada sucede como parte natural de los problemas inherentes a la vida terrenal, aunque Dios nos ha advertido en Su Palabra que la vida del cristiano sería con muchos sacrificios, dolores, incomprensiones e injusticias, tal es así que a todo a quien quiera seguirlo le dice: "Tome su cruz cada día y sígame".

En 1Pd. 4:12 y 5: 9 dice: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo". El mismo Pablo dijo: 2Cor. 11:29 "¿Quién enferma, y yo no enfermo?".

Sin embargo en esos lugares que explotan la superstición aseguran que todo lo malo que le sucede al creyente se debe a que no ha pagado sus diezmos. Y por el contrario, si está al día con sus diezmos, todo lo bueno que le acontezca se debe a aquello. Así que siempre las historias que se escuchan a diario son para relatar las tragedias que le han acontecido a un hermano que no quiso pagar el diezmo, y como las ventanas de los cielos se abrieron con bendiciones el mismo día que decidió obedecer a su pastor.

No me extrañaría que algún día digan que los primeros cristianos fueron arrojados a los leones del circo romano por no haber pagado el diezmo. O que Pablo sufrió la cárcel, y Pedro, como sostiene una antigua tradición, fue crucificado; que el apóstol Juan fue desterrado a la isla de Patmos, porque ninguno de ellos pagó sus diezmos.

Han transformado el diezmo en algo parecido a las virtudes que los romanistas atribuyen a su personaje de ficción: "Papá Noé", quien premia o castiga según cual haya sido el comportamiento de los niños.

Con cuanta energía e indignación reprendió Pedro a esa mala persona que quiso obtener el favor de Dios con su dinero: "le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero".

La misma respuesta merecen aquellos que utilizan esa frase tan popular en esas iglesias de los comerciantes de la fe donde han instituido el diezmo: "Si quiere recibir la bendición de Dios, debe diezmar".

Tal parece ser el lavado de cerebro que han hecho a sus congregaciones que ninguno se cuestiona ¿Por qué debemos pagar el diezmo? ¿Cobraban el diezmo las iglesias del Nuevo Testamento? ¿Existe algún ejemplo en la Biblia de un cristiano que haya pagado el diezmo en la iglesia? ¿Es efectivo que Adán y Jesús pagaron el diezmo?

Y uno tiene que rendirse ante la evidencia que es tal la ignorancia bíblica que envuelve a esas congregaciones, que han preferido obedecer al hombre antes que a Dios.

Curiosamente hasta los judíos, quienes efectivamente recibieron esta ordenanza en el Antiguo Testamento de pagar el diezmo, en el día de hoy no lo hacen en sus sinagogas, porque reconocen que esa obligación era para el mantenimiento de los sacerdotes levitas que vivían en el templo de Jerusalén. Y como hoy no existe ese templo, ellos admiten (incluso los rabinos), que no pueden recoger el diezmo.

Además es digno de consideración que el diezmo jamás debía ser entregado en dinero, sino en alimentos que eran almacenados en las bodegas del templo para el sostenimiento de los sacerdotes que allí vivían. Esas bodegas era el alfolí que menciona la Biblia, y no las alcancías como falsamente indican los comerciantes de la fe en nuestros días.

El diezmo nunca debía ser entregado en dinero como mienten los mercaderes de la fe. Y esto no era porque no existía el dinero en esos tiempos, como falsamente sostienen estos impostores, porque la Biblia menciona la existencia del dinero desde los días de Abraham, y a todos los trabajadores se les pagaba en dinero según la ley, un denario al día. Dios dispuso que fuera así porque le prohibió a los sacerdotes levitas poseer bienes materiales.

En Heb.7:5 dice: "Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo LOS DIEZMOS SEGÚN LA LEY" Claramente indica que los diezmos eran: "según la ley". Era un mandamiento establecido en la ley. ¿En qué quedamos? ¿Estamos bajo la ley o bajo la gracia? Si es así como lo presentan los mercaderes de la fe, entonces también deberíamos circuncidarnos, guardar el día Sábado, todas las fietas solemnes que ordena Lv.23 y todo el ritual ceremonial ordenando en el Antiguo Testamento incluyendo los sacrificios de animales. Porque sabemos que La Palabra de Dios dice: Stgo.2:10 "cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos". Porque la ley es como una cadena, basta con que se quiebre una de sus argollas y toda la cadena se desmorona.

En Lc.11:42 Jesús reprende a los fariseos hipócritas y les dice: "¡Ay de vosotros fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios". El Señor está reprendiendo a los fariseos (que son israelitas y no cristianos), para reprocharles su hipocresía de preocuparse del diezmo, y no de la justicia y del amor de Dios.

En el pasaje paralelo de Mateo dice a estos fariseos hipócritas, representantes de la ley, y resulta curioso ver a muchos líderes religiosos de nuestros días cómo se esfuerzan por identificarse con esos hipócritas para poder cobrar el diezmo, Mt.23:23 "Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque diezmáis la menta, y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante DE LA LEY: la justicia, la misericordia y la fe. Esto ERA necesario hacer, sin dejar de hacer aquello". Es decir, sin dejar de hacer la justicia, la misericordia y la fe, porque ellos se estaban preocupando únicamente de lo material, el diezmo. ¿O Ud. creyó a los comerciantes de la fe que enseñan que los más importante y que no hay que dejar de cumplir, es el diezmo? ¿la menta, el eneldo y el comino?

La ley establecía que todo el diezmo debía ser entregado en trigo y diversas cosechas de lo que ellos cultivaban (menta, eneldo y comino), nunca en dinero, porque a los sacerdotes levitas Dios les prohibía poseer bienes materiales. Algo muy diferente a lo que lamentablemente vemos en nuestros días entre estos que falsamente en se hacen llamar "sacerdotes levitas", porque todos sabemos que son los que mejor estándar de vida han logrado dentro de sus iglesias que las han transformado en verdaderos reinos personales, donde en la mayoría de los casos el Señor está afuera (Ap.3:20).

Deut. 14:22 "Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año".
Num 18:24 "Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad".
Num 8:25 "Pero desde los cincuenta años cesarán de ejercer su ministerio, y nunca más lo ejercerán".

Además no debemos olvidar que en el Nuevo Testamento hubo un cambio de sacerdocio (Heb 7:12 "Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley"). El mismo Señor Jesucristo no era sacerdote levita ni ninguno de los cristianos que formamos Su iglesia lo somos, porque hoy Dios ha nombrado a todos los hijos Suyos como sacerdotes y reyes del Dios Altísimo (Ap. 1:6 "y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos". 1Pd. 2:9 "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable".

Las mayorías se han dejado engañar por estos embaucadores porque la religión que le ofrecen resulta muy cómoda, no hay que cargar una cruz, solamente basta con pagar el diezmo para recibir la bendición de Dios. Este engaño ha llevado a muchos al infierno.

Muchos son los que se han dejado deslumbrar por la oferta de "bendiciones" terrenales a través del otro evangelio, el de la prosperidad. Y diezman para recibir favores y riquezas, pero yerran por desconocer las Escrituras y creer lo que el hombre dice desatendiendo lo que Dios ha dicho.

Efectivamente Dios prometió a Su pueblo terrenal, Israel, que si cumplían la ley y sus estatutos (entre ellos el diezmo), recibirían prosperidad terrenal, más tierras, más animales mejores cosechas. Y por ello encontramos en el Antiguo Testamento que todos los hombres fieles fueron personajes muy acaudalados: Abraham, Jacob, José, Job, etc.

Deut.28: 2-13 "vendrá sobre ti todas estas bendiciones: el fruto de tu tierra, de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola"

Pero en contraste con esto vemos que en el nuevo pacto el Señor estableció algo radicalmente diferente para Su pueblo espiritual, la iglesia. Ahora en la gracia no ofrece bendiciones terrenales, sino que muy por el contrario nos manda alejarnos de ellas.

Mt. 19:23 "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos".
Mt.6:19 "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan".
Mt 6:21 "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".

Por este motivo en la iglesia verdadera no encontramos que los hombres más fieles a Dios sean los más ricos, muy por el contrario, es una ecuación bíblica que no falla, mientras mayor es la fidelidad mayor es su pobreza terrenal. Porque las riquezas que Dios ha prometido a Su pueblo espiritual, la iglesia, son de carácter espiritual.

No encontramos en todo el Nuevo Testamento ninguno de los grandes héroes de la iglesia que tuviera riquezas, es más, todos ellos se destacaron por su austeridad y desinterés en las riquezas de este mundo, Pedro, Pablo, Juan, etc.

En consecuencia, cuando Ud. escuche decir a alguien que debe pagar sus diezmos para recibir las bendiciones de Dios, sepa infaliblemente que está delante de un engañador que no predica la verdad de Jesucristo.

Yo sé que muchos pastores se escandalizan con esta afirmación y dicen: “El diezmo es bíblico, porque se menciona muchas veces en la Biblia”. Eso es verdad, pero lo que no dicen es que siempre se menciona para la nación de Israel, NUNCA para la iglesia. También la circuncisión, el día Sábado y los sacrificios de animales se menciona muchas veces en la Biblia.

Todo lo que nosotros hagamos sin que Dios lo hubiera mandado, será fuego extraño que el Santo de la gloria rechazará. Podrá ser acompañado de toda nuestra sinceridad y amor entrañable, pero de igual forma será desechado por el Señor, porque Él no acepta ingredientes humanos, ni el insulto de los hombres que se consideran más sabio que Dios para cambiar lo que el Soberano Rey ha dispuesto.

No es suficiente que usted se engañe diciendo que el diezmo que doy es mi ofrenda para el Señor, eso es adormecer su conciencia para eludir su responsabilidad de enfrentarse a la práctica impuesta por los hombres, despreciando lo que el Señor realmente ha mandado. El diezmo no es lo mismo que la ofrenda, uno pertenecía a la ley (“era según la ley”), y la ofrenda voluntaria entregada por amor (no por temor) cada día Domingo (1Cor.16:2) corresponde a lo que el Señor ha dispuesto para la iglesia en la Gracia.

Cuando los creyentes seamos llevados a las moradas celestiales por el Señor Jesucristo, el primer evento que nos aguarda en la gloria será el tribunal de Cristo, donde Dios probará cada obra que hayamos realizado en nuestra vida terrenal, sea buena o sea mala. Y todo aquello que no corresponde a lo ordenado por Su autoridad divina, será quemado, no resistirá la prueba del fuego.

Rm. 14:10 "Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo".
2Cor. 5:10 "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".
1Co 3:13-15 "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".

Allí el Señor cosechará Su obra en ese granero celestial, con toda seguridad que la hoguera que arderá con mayor intensidad, debido a su magnitud y corrupción que ha originado, será el diezmo que muchos hijos de Dios han aportado sin tomar en cuenta la voluntad soberana del dueño del rebaño, quienes simplemente se acomodaron para complacer a los hombres que instituyeron esa ordenanza espuria que no se encuentra en la Biblia para la iglesia.

Entonces, toda persona inteligente ha de preguntarse ¿Para qué he de diezmar cuando todo eso finalmente será quemado sin ninguna recompensa de parte de Dios? ¿He de hacerlo solamente para agradar a los hombres? ¿Para no complicarme la vida y seguir la corriente del sistema religioso que ha inundado a las iglesias contemporáneas? ¿Para no ser considerado un hermano "conflictivo? ¿Por temor? No olvidemos que Dios ha pronunciado un veredicto muy solemne contra los cobardes:

Ap. 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Cuanto bien haría a la iglesia que los hermanos se abstuvieran de continuar con esa práctica antibíblica del diezmo, porque de esa manera se purificarían los púlpitos de esos malos elementos que han ocupado ese lugar santo únicamente por amor al dinero. Y quedarían exclusivamente aquellos que siempre debieron estar allí, los verdaderos siervos consagrados a la obra del Señor.

¿No cree que sea tiempo de decir basta a tanta basura que se predica desde los púlpitos? ¿Hasta cuando van a continuar torciendo y abusando de Malaquías Cap.3? Hermanos, es tiempo que la iglesia se dedique a predicar el evangelio Santo de Dios y detener la putrefacción de la carne, porque esa es la razón por la cual el Señor la tiene aún en la tierra. Somos sal de la tierra, dice Dios: Mt 5:13 "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres".

Que el Señor nos conceda más de Su gracia y fortaleza para ser más fiel a Él antes que a los hombres, para no hacernos cómplices de la actual corrupción. Porque el Señor ha dicho: Stgo. 4:17 "al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. Que así sea, Amén.

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