N° 9
Por Jack Fleming
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Vivimos en un
mundo donde el padre de mentiras ha logrado tender una poderosa red para
atrapar a los incautos, entretejiendo la mentira con la verdad, lo santo con lo
inmundo.
La historia nos enseña cómo levantó en el siglo IV,
con tanto éxito que perdura hasta nuestros días, la mezcla religiosa de la Roma
pagana con su innumerable lista de dioses y ritos; con la nueva religión
universal del estado que creó el emperador Constantino.
En esa nueva religión católica incluyó los mismos
ingredientes jerárquicos, rituales y hasta sus diversos dioses antiguos los
disfrazaron de “santos”, que obviamente tenían que poseer los atributos que son
exclusivos de la divinidad. Por ejemplo, los católicos pueden pedirles
cualquier cosa, porque son todopoderosos; en cualquier lugar, porque son
omnipresentes; en todo momento, porque son omniscientes.
También conservó el poder centralizado en la cabeza
del imperio que era adorado como una divinidad, en lo que se conoce como el
“Césaro-papismo” como lo llaman acertadamente los propios seguidores de ese
credo romanista.
Más recientemente, a principios del siglo XX,
confeccionó una nueva red, pero ahora con ingredientes afroamericanos; donde
entretejió las religiones africanas traídas por los esclavos desde el continente
negro, con las religiones cristianas que habían comenzado a florecer en el
nuevo continente.
Allí utilizó con mucho descaro elementos que explotó
exitosamente en el vudú en casi todas las tribus africanas: gritos, saltos,
aplausos, desenfreno emocional, enajenación mental, transes hipnóticos
autoinducidos por la presión del entorno acelerado por el ritmo de la música y
las palmas, balbuceo estático de sonidos que supuestamente les comunican con
sus dioses o antepasados que ya murieron.
Esto fue como resultado de las atrocidades de la
esclavitud, donde los blancos prohibieron a los esclavos toda práctica y
expresión de sus religiones paganas, debiendo camuflar y “cristianizar” sus
creencias y ritos para no ser castigados por sus amos; naciendo de esta manera
“iglesias” con mucho jolgorio y bullicio.
Fue tal su éxito, que pronto contagiaron con ese
“avivamiento” a otras iglesias tradicionales, llegando a denominarse iglesias
muertas a las que conservaron su solemnidad, e iglesias vivas a estas bulliciosas
que nacieron de esta forma tan singular.
Pero por si todo esto fuera poco, debido al éxito que
logró ese movimiento Pentecostal emergente y que Charles Parham, considerado
por ellos como uno de sus fundadores, aunque más bien fue quien en forma más activa
logró canalizar y propagar esas “nuevas experiencias” por el año 1900, a
principios del siglo XX en EE.UU.; sus discípulos han continuado añadiendo
doctrinas espurias.
Aquí se cumple literalmente lo dicho por el Señor:
“amarán más la mentira que la verdad”. Porque resulta muy curioso e imposible
de comprender la posición Pentecostal ante el plan de la salvación. Casi
ninguno de ellos sabe si llegarán al cielo, y los pocos que hoy dicen ser
salvos, mañana no lo son, porque la salvación que se les ofrece depende de sus
propios esfuerzos y no de los triunfos de la cruz de Cristo.
Se les enseña que si perseveran, si son fieles y no
pecan, entonces podrán entrar al cielo. Y como no existe ni una sola persona
con esas cualidades, según sus propias definiciones, ninguno de ellos llegará a
las moradas celestiales.
El apóstol Juan escribiéndole a los que: “ahora somos
hijos de Dios”, dice en su primera epístola cap.1: 8 “Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”.
Inclusive el propio apóstol Pablo dice en Rm.7: 17 –
20 “De manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi
carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si
hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”.
En esta mixtura religiosa también encontramos ciertas
raíces romanistas. Los católicos inventaron el mito del purgatorio, donde dicen
que deberán ir las almas a sufrir (por un tiempo que nadie sabe cuanto será),
antes de entrar en el cielo.
Los pentecostales, y muchos carismáticos en general,
creen que si no están en plena santidad cuando venga el Señor por su iglesia,
ellos se quedarán a purgar sus pecados durante la gran tribulación. Por lo
menos son más magnánimos que los católicos, porque ese período será solamente
de siete años.
Pero el tema que quisiera ocuparme, es ese OTRO
EVANGELIO que ellos predican, que es
muy peligroso y mortal. Dicen: “Acepte a Cristo hoy, porque de lo contrario,
tendrá que salvarse durante la gran tribulación”.
Están ofreciendo salvación para hoy, pero si la
rechazan, mañana también se podrá salvar. Eso es una mentira del diablo.
Dios dice: “Hoy es el día de salvación”.
2Cor. 6: 2 “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí
AHORA el día de salvación”
Heb. 4: 7 “Si
oyeres HOY su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.
No existe ninguna promesa para el día de mañana ¿con
qué autoridad la ofrecen en ese otro evangelio?
Esto se parece a lo que conocemos desde hace mucho
tiempo: “¿Conque Dios os ha dicho?” Así comenzó Satanás sus artimañas con
nuestros primeros padres Y ¿por qué se condenó toda la raza humana?.
Simplemente porque aceptaron el diálogo con el enemigo de Dios.
Hoy también dice: “¿Conque Dios os ha dicho que
solamente hoy es el día de la salvación? ...Eso no es así, porque mañana,
durante la gran tribulación también podrás salvarte. Diviértete, tome placer tu
corazón en los días de tu adolescencia, mañana podrás salvarte y preocuparte de
la eternidad. Hoy diviértete y no tomes la vida en forma tan grave”.
Para que su mentira resulte convincente, la envuelve
con algunos pasajes de la Biblia que extrae de su contexto, para manipularlos y
entregar ese “otro evangelio” que se está escuchando en muchos lugares.
Uno de los pasajes que utilizan estos exponentes de
ese otro evangelio, es Zc. 14: 16 “Y
todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán
de año en año para adorar al Rey”. También les gusta mezclarlo con Ap. 7: 9
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar,
de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del
trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en
las manos”.
La Biblia debe interpretarse con la Biblia, es decir,
dentro del contexto general de ella misma. El problema se presenta cuando la
pretenden entender dentro de lo que generalmente se acepta como verdad en el
mundo religioso de hoy, sin importar que su origen no se fundamenta en la
revelación de Dios, sino en lo que el hombre quiere que sea así.
Hoy se cree que todos los que asisten regularmente a
sus iglesias, y especialmente si están al día en el pago de sus diezmos, que
cantan con mucho fervor, que saltan y aplauden; estos son adoradores del Dios
vivo, y por ende, se cuentan dentro del número de los redimidos. Implícitamente
muchas de sus canciones que han venido a reemplazar los himnos tradicionales lo
expresan así. Entonan al ritmo de las melodías del mundo, que vienen “a adorar”
a la casa de Dios.
Todos ellos se consideran adoradores, piensan que eso
les otorga la categoría de hijos de Dios; por lo tanto interpretan sin
problemas que cuando Zc. 14: 16 dice que los que sobrevivieron de las naciones
después de la guerra del Armagedón y del juicio de las naciones, subirán de año
en año para adorar al Rey. Éstos, dicen ellos, son los que se salvarán de entre
los gentiles después del arrebatamiento de la iglesia y que les corresponda
vivir durante el milenio.
Que Zc. 14 se esta refiriéndose al tiempo del milenio,
no existe ninguna duda, porque en la eternidad no transcurrirá el tiempo
(Ap.10: 6). Y aquí dice que éstos vendrán de año en año.
Este es el período de mil años donde el Señor
Jesucristo gobernará a las naciones con vara de hierro. Zc. 14: 8 “Y si la
familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá
la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la
fiesta de los tabernáculos”. En la eternidad no habrán juicios, porque no
existirá pecado que condenar. Además el vr. 21 hace mención a los sacrificios
de animales que se realizarán en el templo terrenal durante el milenio (Is. 60:
7, 13, 66: 20-23, Jer. 33: 15-22, Ez.
43: 7 y 18-27, etc.).
Interpretar que estos “adoradores” gentiles del milenio son creyentes salvados,
es admitir que todos los que van a las iglesias en el día de hoy, también lo
son; eso es una falacia.
Si Ud. aún tiene dudas que no es así, pregúnteles a
estos adoradores de hoy si están seguros que se irán al cielo cuando el Señor
venga a buscar su iglesia, y verá que no tienen la menor idea si son salvos.
Aunque la Biblia nos afirma que el verdadero creyente
tiene la seguridad de su salvación. Rm. 8: 16 “El Espíritu mismo da testimonio
a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Y nadie puede perder esa
Paternidad (lea la parábola del hijo pródigo).
1Jn. 5: 10 “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el
testimonio en sí mismo”. No solamente tiene la convicción, sino que sabe, está
absolutamente seguro que es salvo.
Jn.3: 36 “El
que cree en el Hijo tiene vida eterna”. La salvación es eterna, no es por un
día, un mes o un año. Eterna significa para siempre ¿o Ud. ha creído a los que
dicen que eterna no es para siempre? Crea lo que Dios dice, es eterna.
Nunca en la Biblia Dios ha dicho que “los adoradores” son los salvados, sino que
enfáticamente sostiene que los que “han nacido de nuevo”. Se puede ser muy
religioso, sincero y de buen testimonio, pero si no ha nacido de nuevo, no
podrá ni ver el reino de los cielos. Esto fue lo que el Señor le dijo a
Nicodemo.
¿Sabía Ud. que una de las primeras criaturas que adoró
a Dios fue Lucifer? Y este querubín grande, lleno de hermosura y adoración al
Dios verdadero, no es salvo.
¿Quién fue el primer hombre que adoró a Dios? La
Biblia asegura sin posibilidad de equivocaciones que fue Caín. ¿Se salvó Caín
por haber adorado a Dios? Obviamente que no, porque ser adorador nunca ha sido sinónimo de salvación.
La Palabra de Dios incluye una larga lista de
adoradores, y que nunca gozaron de la salvación. Quizás el caso más
sorprendente es el de Judas, que tuvo la oportunidad de vivir por tres años y
medio junto al Señor, predicar el evangelio, porque fue enviado junto a los
otros apóstoles a entregar las buenas nuevas; seguramente que personas se
convirtieron con su predicación, pero él mismo nunca fue salvo. La Biblia dice
que cuando se suicidó, se fue a su propio lugar.
Las Sagradas Escrituras también enseñan que tampoco
todos los discípulos del Señor fueron salvos. Eran muchas las multitudes que le
seguían, pero cuando les habló con firmeza y claridad, (Jn.6: 66)
“muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”. Porque
dijeron: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oir?”.
El Señor sabe reconocer perfectamente el corazón del
hombre, por esta razón les dijo: “Este pueblo de labios me honra, mas su
corazón está lejos de mí”. Él conocía que aquellos que le adoraban y tendían
palmas a su paso gritando alabanzas: “¡Bendito al que viene en el nombre del
Señor! ¡Hosana en las alturas!”...
Estos mismos adoradores, serían los que una semana después, estarían gritando:
“¡Crucifícale, crucifícale!”.
La historia se volverá a repetir, porque estos
adoradores que señala Zc. 14: 16, que salieron de todas las naciones y que
venían de año en año a adorar al Rey ¿Cuál será su fin? ¿Las moradas celestiales en la eternidad? ¿Por qué el Rey tendrá que gobernar con vara
de hierro?
La Biblia enseña que durante esos mil años de
prosperidad y paz, Satanás estará encadenado, no habrá influencia externa que
los aleje del Señor; pero ese período paradisíaco concluirá súbitamente cuando
esos “adoradores” se revelen contra el
gobierno de Cristo. Y todas las naciones rodearán Jerusalén para derrocar al
Señor, entonces será que Dios mandará fuego del cielo (Ap.20: 8-9) y solamente
Israel será salvo.
El Señor los rescatará de entre todas las naciones en
que todavía muchos de ellos se hallen dispersos (pueblos y lenguas). Y conforme
a la promesa, todo Israel será salvo. A esto se refiere Ap. 7: 9 de los que
estaban vestidos de ropas blancas.
En el vr.14 aclara: “Estos son los que han salido de
la gran tribulación, y han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la
sangre del Cordero”.
No se salvan los adoradores, sino los que se lavaron
en la sangre de Jesucristo. Y ¿cuál será el destino de estos que vestían ropas
blancas y que salieron de la gran tribulación? El versículo que sigue lo dice
(vr.15): “Estos están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su
templo”.
Sabemos perfectamente por la enseñanza general de la
Biblia, que Dios prohibió a los gentiles el solo hecho de acercarse al templo,
y menos aún ingresar a él.
Ez. 40 – 48 nos describe que el Señor levantará un
templo en Jerusalén durante el milenio, donde Israel le adorará y restaurará
los sacrificios de animales y las festividades que Dios instituyó para ellos.
Por lo tanto, no existe ninguna duda que estos que emblanquecieron su pecado en
la sangre del Cordero y que vestían ropas blancas en Ap. 7, son los judíos que
se salvarán, sin importar en que lugar geográfico se encuentren, o que lengua
estén hablando; todo Israel será salvo (Rm. 11: 26) y le adorarán en su templo.
Por consiguiente, ese “otro evangelio” que habla de
una segunda oportunidad, es una mentira del diablo. La oferta de Dios es: “Hoy
es el día de salvación”. Nunca dice: Acepta la salvación hoy, pero si la
rechazas, mañana también podrás hacerlo durante la gran tribulación.
En todos los juicios que nos relatan las Sagradas
Escrituras, jamás se menciona una segunda oportunidad. Cuando vino el diluvio,
Dios había cerrado la puerta del arca siete días antes, después nadie más pudo
entrar.
Cuando mandó el juicio sobre Sodoma y Gomorra, se
salvó únicamente la familia de Lot que los ángeles apresuraron salir de ese
lugar. Si después también hubieran podido salvarse, ¿cuál habría sido la
premura?
Esta es la enseñanza de la Biblia y que el mismo Señor
confirmó en la parábola de las 10 vírgenes. Cuando vino el esposo, se cerró la
puerta, ¿cuál puerta? No existe ninguna duda que se refiere a la puerta de la
salvación, porque cuando vinieron las otras vírgenes y golpearon para que las
dejaran entrar, la puerta no se volvió a abrir, y recibieron una sola
respuesta: “no os conozco”.
Cuando Dios cierra la puerta, nadie puede volverla a
abrir, aunque los exponentes de ese otro evangelio digan lo contrario.
Además, por si todo este argumento bíblico no fuera
suficiente para algunos, una simple reflexión humana me obliga a defender con
la misma vehemencia la negación rotunda a una segunda oportunidad (doctrina muy
apetecida también por los “Russellistas” quienes pomposamente se hacen llamar
“Testigos de Jehová”, aunque con algunas variantes).
Aceptando el hipotético que la Palabra de Dios no
fuera lo suficientemente clara sobre este tema, y que existiera la posibilidad
que alguien racionalmente pudiera inclinarse por una posición o la otra. Yo me
declaro firmemente defensor de que no existe una segunda oportunidad, porque si
me equivoco, prefiero hacerlo predicando que: “solamente hoy es el día de
salvación”. Y si estuviera errado, no le haría ningún daño a nadie.
En cambio, si predicara ese “otro evangelio” que
afirma que existe una segunda oportunidad y realmente no la hubiera, sería
culpable de la condenación de muchos que creyeron falsamente esa esperanza
vana, y aplazaron su salvación para después del rapto de la iglesia.
Prefiero no ser el causante de las excusas que algunos
pudieran presentar ante el gran trono blanco. Pero que nadie se engañe, porque
la Biblia es muy categórica para afirmar que: “Hoy es el día de la salvación”.
Y cuando venga el Esposo, Cristo mismo cerrará esa puerta; entonces, como lo
asegura Rm. 11: 25-26 cuando haya
llegado la plenitud del número de gentiles salvados, Dios entrará en tratos
nuevamente con su pueblo terrenal, Israel.
A ellos se les ofrecerá una vez más la salvación por
medio del “evangelio del reino”(Mt.24: 14) que predicarán los 144.000 , doce
mil de cada una de las 12 tribus de Israel (Ap.7: 4-8). Y lo serán por
“perseverar hasta el fin” (Mt.24: 13), como siempre ha sido la oferta para los
judíos. No será el evangelio de la gracia que hoy predica la iglesia.
Mt. 24 está hablando de ese tiempo de la gran
tribulación, vr. 21 “habrá entonces gran tribulación, cual no la habido desde
el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”. Lo mismo afirma en el vr.
9 y
29.
Todo el capítulo 24 del evangelio de Mateo es en
respuesta a la pregunta de sus discípulos sobre la destrucción del templo, que
se originó cuando el Señor les reveló que no quedaría piedra sobre piedra de
ese edificio tan venerado por ellos (vr.2).
Hace referencia exclusiva para Israel al detallar por
ejemplo en el vr.15 “el lugar santo” que corresponde al templo judío. Vr. 16
“los que estén en Judea”. Vr. 20 “el día de reposo”, etc.
Si después de ese tiempo se salvaran más gentiles,
entonces sería una contradicción decir que cuando vino el esposo llegó a su
plenitud el número de creyentes gentiles salvados, y que se cerró la puerta de
la salvación. De lo contrario ¿cuál puerta se cerró y para quienes, cuando vino
el Esposo?.
Algo pleno es aquello que está completo, que no le
falta nada. Y cuando Cristo venga a buscar a los creyentes que mayoritariamente
está constituida por gentiles, no crea que se le quedará alguno atrás, de lo
contrario se llevaría un número incompleto que no constituyen “la plenitud de
los gentiles”.
Que el Señor nos otorgue sabiduría para entender algo
tan fundamental como es la salvación de las almas, porque no debemos olvidar
que esa es la principal misión que nos encomendó aquí en la tierra.
Que así sea, Maranatha.
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