El origen de la fe


















N° 91

Por Jack Fleming

Heb 4:2 "Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron".

La fe, junto con la consciencia, son elementos que el Creador ha provisto a todos los seres humanos. Caín supo que matar era un crimen, mucho antes que Dios lo condenara explícitamente en la ley que posteriormente entregó a Moisés.

De igual manera la fe es una facultad que poseen hasta los ateos más pertinaces, porque es uno de los engranajes importantes para mantener en movimiento nuestra sociedad.

Todos trabajan primeramente 30 días y esperan por fe que no suceda ninguno de los elementos que pudieran impedir recibir su salario a fin de mes. Por fe se suben al avión, tren o autobús esperando que el piloto o conductor los lleve hasta su destino; tal es la fe que depositan en esos medios de transporte, que muchos dormitan durante su viaje y nadie piensa que pudiera suceder una eventualidad imprevisible.

La fe está presente en todos los acontecimientos de nuestra vida diaria, incluso en la de los ateos. Por fe aceptamos la palabra del médico, porque nadie va a dedicar tiempo indagando en libros de medicina para comprobar si el médico está en lo correcto, a lo sumo visitamos otro médico para buscar otra opinión la cual también terminamos admitiéndola por fe.

Por fe aceptamos cuando vamos al supermercado todo lo que las etiquetas dicen referente al contenido, incluyendo la fecha de vencimiento. Si analizamos con atención y minuciosidad, veremos que sin fe sería imposible vivir.

¿Qué es la fe? Dice la Biblia que: Heb 11:1 "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve".

El hombre también tiene fe en diferentes divinidades e ídolos, algunos de ellos tienen una fe que supera con creces a la de los creyentes en Cristo Jesús. Pero eso no les hace salvos, porque dice Dios que no es la cantidad de fe la que salva, sino en quién la hemos depositado. No importa toda la sinceridad que le puedan añadir a esa fe mal aplicada, su condición de perdido no cambia.

La fe puesta en el Único intermediario que Dios ha establecido entre Él y los hombres, es la que salva. Y dice la Biblia que el Único mediador es Jesucristo. 1Ti 2:5 "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo".

Jn. 3:16 "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Jn. 3:18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios".

De esta fe es a la que quiero referirme, de la que salva, de la fe que regenera y nos transforma en una nueva criatura, de la fe puesta en el Señor Jesucristo y que le acepta como a su Salvador personal, de la fe que nos otorga la seguridad de nuestra salvación eterna.

1Jn. 5:13 "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
Rm 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios".

¿Cuál es el origen de esta fe? ¿Cómo fue posible que llegara a nuestro corazón? ¿Fue que un día nos levantáramos y decidiéramos personalmente que hoy será el día que voy a creer y aceptar al Señor Jesucristo como a mi Salvador?

Hay quienes creen que la fe llega por leer o escuchar la Palabra de Dios, seguramente pensando en Rm. 10:17 donde dice: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". Pero eso es desconectar de su contexto el versículo, porque en el versículo anterior dice: (Rm. 10:16) "Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?" Todos habían escuchado la Palabra, pero solamente unos pocos habían creído.

Nuestro texto inicial dice: (Heb.4:2) "pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron". No basta con oír la palabra, es necesario un ingrediente nuevo que Dios debe añadir en nosotros, que es la fe.

La verdad es que son muchos los que han pasado años expuestos a las buenas nuevas del evangelio en reuniones bíblicas, a través de sus familiares o amigos, pero después de largo tiempo llegaron a creer, y los hay también aquellos que nunca han reaccionado a la Palabra.

Si la fe llegara por la simple consecuencia de escuchar la verdad del evangelio, significaría que todos los que acuden a escuchar ese mensaje a una iglesia deberían convertirse, pero bien sabemos que no es así.

¿Por qué unos aceptan el mensaje y otros lo rechazan o son indiferentes? ¿Será que el día que se convirtieron atravesaban por una crisis emocional? En algunos casos puede haber sido así, debido a la dureza de sus corazones Dios tuvo que llevarlos a situaciones extremas, pero esa no es la experiencia de todos los que han aceptado al Señor en sus corazones. Porque somos muchos los que un día común y corriente, sin ningún suceso especial en nuestras vidas, escuchamos la Palabra como en tantas otras oportunidades, pero ese día particular nuestros corazones se estremecieron y fuimos quebrantados hasta caer a los pies del Señor.

¿Qué fue lo que estableció la diferencia a todas las otras veces que escuchamos el evangelio? Muchos son los que oyeron en repetidas ocasiones el mensaje de salvación, hasta al mismo predicador, y sin ningún acontecimiento especial en sus vidas que les hiciera buscar el rostro del Señor, pero un día especial creyeron y se convirtieron.

¿Por qué antes no habíamos tenido la fe suficiente para aceptar al Señor y el día de nuestra conversión, sin ningún conflicto emocional previo, nuestros ojos fueron abiertos y pudimos creer? ¿De dónde provino esa fe que nos hizo abrir nuestros corazones al Salvador?

En muchas ocasiones habremos escuchado decir a los inconversos que visitan las iglesias: "Estoy buscando a Dios". Y de una manera similar se expresan los que aún no conocen la Palabra, pero la Biblia dice que no hay quién busque a Dios.

Rm 3:11-12 "No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno".
Isa 65:1 "Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban".
Jn. 6:44 "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere".
Jn. 6:65 "Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre".

Dios no solamente dice que no hay ni siquiera uno que le busque, sino que no pueden, porque su condición espiritual es la de un muerto, nada pueden hacer por sí mismos para llamar la atención del Señor.

Todos nosotros, antes de nuestra conversión, estábamos muertos espiritualmente e imposibilitados de hacer absolutamente nada; sería irracional esperar alguna iniciativa de un muerto.

Ef. 2:1 "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados".

Dios es quien nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, no fue nuestra la decisión de pasar de muerte a vida; fue necesaria la intervención divina para que pudiéramos levantarnos e ir al encuentro del Señor. Solamente la vida puede originar vida, nadie puede dar lo que no tiene, y únicamente Dios es el autor de la vida.

No intervino nuestra voluntad, ni la de otra persona, única y exclusivamente la de Dios. Stgo. 1:18 "El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas". Jn. 1:13 "los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios".

La voluntad es de Dios, el medio que utilizó para abrir nuestros corazones fue Su Palabra, no la de ningún hombre. El poder que actuó fue el del Espíritu Santo.

Fue en ese momento cuando hizo la inserción en nuestro corazón, que Dios depositó la fe que obtuvimos el día de nuestra conversión. Porque la Biblia dice que el Señor es el autor y consumador de la fe, y quien la reparte a cada uno de sus hijos para salvación.

Heb 12:2 "puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe".
Rm. 12: 3 "conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno".

De principio a fin la fe le pertenece a Dios y Él la reparte a cada uno, no es el fruto de la repetición de una mantra como enseña Watchman Nee, Witness Lee y otros maestros asiáticos que han incorporado prácticas orientales de lavado de cerebro dentro del cristianismo. También es el que la cuida hasta el fin. Filp. 1:6 "estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".

Por este motivo nos asegura la Palabra de Dios que Él no solamente es el autor, sino que también el consumador de la fe. Algo consumado es lo que se ha realizado por completo.

Dios fue quien depositó esa semilla de la fe en nuestros corazones, y desde allí nos llegó la vida espiritual que hoy poseemos los que por Su gracia somos salvos. Ef. 2:8-9 "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Somos salvos por gracia, por medio de la fe, y esto es un regalo de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe pensando que el hombre añadió algo a la obra de salvación que el Señor consumó en la cruz.

Esa obra está completa, sin nada más que el hombre pueda o deba añadir. Ese grito de victoria que se escuchó en el monte Calvario: "Consumado es", hizo temblar la tierra, partir las piedras, hizo al sol ocultar su rostro, pero aún mucho más; satisfizo por completo la justicia de Dios en la demanda que el Soberano Rey había establecido: (Heb.9:22) "sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Lv. 17:11 "Porque la vida está en la sangre". Rm 6:23 Y " la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro".

Y por un solo sacrificio obtuvo nuestra eterna salvación. Heb 10:12 "Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios". Heb 10:14 "porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados".

¿Puede haber un regalo de mayor precio que éste que nos ha entregado el Señor? La semilla de la fe, la cual nos otorgó la vida en Cristo, Dios la puso en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que vino a morar en nosotros el día de nuestra conversión. 1Co 6:19 "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?".

Por esta razón resulta repulsivo cuando los comerciantes de la fe distorsionan la Palabra de Dios, para presentar como la semilla de fe que debemos sembrar es el dinero que se les entrega a ellos, eso es inmoral.

La vida y el don son irrevocables y eternos porque provienen de Dios, pero el crecimiento espiritual dependerá del alimento con el cual nutrimos nuestros corazones. Si diariamente escudriñamos Su Palabra y nos mantenemos en comunión con el Señor a través de nuestras oraciones, tendremos un crecimiento sano y normal.

Seamos hijos agradecidos por este don inefable e inmerecido. ¡Exaltado seas Señor en los cielos y en la tierra! Toda la obra y toda la gloria te pertenecen únicamente a Tí. Amén, sí Señor.

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