EL TABERNÁCULO



El Tabernáculo

Altar

El Lavacro

Las Cortinas

El Lugar Santo

El Altar de Incienso

El Sumo Sacerdote

El Arca




El Tabernáculo:

1.-      EL TABERNÁCULO:  Desde el comienzo de la historia del hombre, Dios ha manifestado su deseo de habitar en medio de nosotros. Leemos en Génesis que Dios plantó un huerto y puso allí al hombre, en Gn.3:8 revela su comunión con él: “Dios se paseaba en el huerto”. Pero esa dulce comunión se vio trágicamente interrumpida por el pecado que levantó una muralla insoslayable para que el Santo siguiera paseándose libremente en medio de ellos.

El pecado del hombre no tomó por sorpresa a Dios, porque el Omnisciente había preparado un plan de salvación, aún desde antes de la fundación del mundo, en ese anticipado consejo divino de que nos habla Pedro en Hch.2:23. Y es así que vemos como Dios en forma magistral, va revelando gradualmente esa salvación preparada anticipadamente, que tiene como objetivo central, que el hombre pueda restaurar esa comunión inicial y también disfrutar de las riquezas de Su gloria celestial.

El Señor establece varios pactos con el hombre para guiarlo hasta esa meta final, y que comprenda que por sus propios méritos y esfuerzos personales, jamás lo habría de lograr.

Una de las manifestaciones más evidentes de ese esfuerzo divino que encontramos en el Antiguo Testamento, es la construcción del tabernáculo que Dios ordenó construir a Moisés, de acuerdo al modelo que él le mostró.

El tabernáculo es una representación, bajo figuras terrenales, de las cosas celestiales que le mostró posteriormente al apóstol Juan cuando escribió el libro del Apocalipsis.

En  Ap.6:9     encontramos el altar de los sacrificios.

             4:6     un mar de vidrio (el lavacro).

             1:12     el candelero.

             8:3     el altar de oro (o altar del incienso).

            2:17    el maná escondido.

           11:19    el arca del testimonio.

 

Por lo tanto, resulta evidente que en el tabernáculo que Dios mandó construir a Moisés en el desierto, encontramos las figuras de las cosas celestiales que están allá en la gloria. Y también la revelación divina, que es Dios quien se acerca al hombre, no el hombre a Dios (Rm.3:11  “No hay quien busque a Dios”), y no podría ser de otro modo, porque a consecuencia del pecado, nace “muerto” en delitos y pecados (Ef.2:1).

Este deseo divino de acercarse al hombre, se confirma aún en el orden de la construcción. No comienza desde afuera hacia adentro, como sería lo lógico para la mente humana, sino que lo primero que le ordena construir fue el arca, que era desde donde él se manifestaría al sumo sacerdote, para que éste sirviera de intermediario entre el Santo y los hombres.

Toda esta construcción terrenal, tenía un objetivo central, Ex.25:8 “harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”.

El tabernáculo para poder ser transportado a través del desierto, era desmontable en diversas partes, aunque no dejaba de constituir un todo; estaba compuesto de tablas y cortinas. Es figura de Cristo y su obra expiatoria, redentora y sacerdotal cual Hijo de Dios, integrante de la trinidad divina.

Lo único que apreciaba el pueblo desde afuera, era un cortinaje blanco que rodeaba todo el atrio. Era aproximadamente de 2,20 mts. de altura, más alto que el hombre, para indicar que él por sí sólo, no puede ni aún mirar hacia adentro (Jn.3:3 “...el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios).

Ese cortinaje blanco simbolizaba la santidad de Dios que excluía al hombre de su presencia. Pero la Gracia divina proveyó una puerta de hermosos colores y bordados, de fácil acceso; sin ella el hombre no podría entrar. Obviamente que esa hermosa puerta representa a Cristo, quien es LA  Puerta  (Jn.10:9), la única entrada hacia el Padre.



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