
por Jack Fleming
N° 23
¿Por qué dice en Eclesiastés 9:5 que los que mueren nada saben y que su memoria es puesta en olvido?
RESPUESTA
El libro de Eclesiastés es un libro que contiene una frase que se
repite
unas treinta veces, y que es la clave para una correcta interpretación
de
este hermoso libro sagrado: "Debajo del sol".
Es la apreciación desde la perspectiva del hombre quien está "debajo
del
sol", es decir, aquí en la tierra. El hombre sin la revelación de Dios,
no
podría saber que sucede más allá de la muerte, él solamente ve que
todos
mueren y luego la sociedad continúa su vida y pronto el difunto pasa al
olvido y de él no hay más memoria.
Dios nunca ha permitido que un muerto se comunique con los que viven
en
la tierra, esto hecha por tierra todas las supuestas apariciones de
santos y
vírgenes de la antigüedad, o de supuestos familiares que dejaron este
mundo
y "vuelven" con algún mensaje. El animismo, que es la creencia de la
posible
comunicación con los muertos, es una ideología oriental y que el
catolicismo
ha incorporado en occidente, pero es absolutamente condenada por la
Palabra
de Dios (Dt.18:11, Lv.20:27). La Biblia es categórica para afirmar que
entre
Dios y los hombres existe únicamente UN SOLO MEDIADOR, Cristo Jesús
(1Tm.2:5).
De los que murieron nunca más se supo aquí en la tierra. Por
esta
razón el común de la gente, de los que viven "debajo del sol", es
decir, en
este mundo, nada más vuelven a saber de ellos.
Pero hoy, a la luz de la revelación del Nuevo Testamento y por lo
que
sabemos de los mismos labios del Señor Jesucristo, los creyentes e
hijos de
Dios tenemos un conocimiento mucho más amplio de lo que hay más allá de
la
muerte.
En Lc. 16 el Señor descorre por un momento el velo de la eternidad y
nos
muestra lo que hay más allá de la muerte. No voy a entrar en detalles
sobre
discusiones estériles si ese relato corresponde a una parábola o es una
historia real, porque me alejaría del tema central de la pregunta, pero
creo
firmemente que es un relato que el Señor Jesucristo, cual Dios eterno
contempló; aunque si alguien quiere considerarlo una parábola, en nada
pierde su enseñanza que Jesús quiere entregarnos.
Allí deja en claro que después de la muerte física, continuamos
plenamente concientes en nuestro "yo" que no se aloja en el cerebro ni
en
ningún órgano corporal, sino en nuestra alma. Nuestra alma es el "yo"
que
sigue viviendo separado de nuestro cuerpo hasta el día que Dios llame a
la
resurrección, unos para vida eterna con cuerpos de gloria, y a los
otros
para condenación eterna después de mostrarles en un juicio público (en
el
gran trono blanco) todas sus obras por las cuales fueron condenados.
En el relato que nos hace el Señor Jesucristo de aquellos que
partieron
de este mundo y pasaron por la muerte a la condenación eterna, no es
que
están en un estado de inconciencia, muy por el contrario, se encuentran
absolutamente concientes de su condición e incluso de lo que les espera
a
sus propios familiares (que también recuerdan), y que están sin la
salvación
que Dios ha ofrecido.
También en Apocalipsis 6:9 encontramos una referencia a la plena
conciencia de los que murieron con la salvación que Dios les regaló. El
alma
corresponde a nuestra persona separada del cuerpo terrenal, y como tal,
con
absoluta conciencia de quienes somos y donde estamos. El creyente parte
para
estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor, como lo asegura el
apóstol
Pablo:
Gál.1:21 y 23 "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es
ganancia...teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es
muchísimo
mejor".
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