CAPÍTULO 16"Roma practica el culto a los hombres (sus santos). Los pseudo evangélicos al varón de Dios."Roma ha revestido de divinidad a todos los santos que han canonizado. Por ejemplo, todos ellos son Omnipresentes, porque los católicos pueden dirigirse a ellos desde cualquier parte del mundo. Son Omniscientes y Todopoderosos. Dicen poseer muchas otras características de la divinidad, por esta razón también les construyen ídolos, para que los católicos se hinquen ante ellos, hagan sus peticiones y dejen sus donaciones en cajas que siempre están a sus pies o muy cerca de ellos, para que paguen por ruegos y favores que les hacen. Se supone que ese dinero
que depositan allí, favorecerá a que ese
"santo" se incline a su favor. Todo este
comercio no es otra cosa que la venta de los
favores de sus divinidades. Poseen un santo para cada día del año, y por si alguno se les hubiera quedado fuera por omisión u olvido, tienen un día al año, el 1º de Noviembre como día de todos los santos. Esto me recuerda la experiencia de Pablo en Atenas, cuando vio que ellos tenían un dios para cada cosa, y tenían uno especialmente construido por si hubieran omitido alguno, dice en Hch. 17:22 "Entonces Pablo, puesto en pie en medio del
Areópago, dijo: varones atenienses, en todo
observo que sois muy religiosos; porque pasando y
mirando vuestros santuarios, hallé también un
altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS
NO CONOCIDO". Hoy, los pseudo evangélicos también están
rindiendo culto a los hombres, los han rodeado de
una aureola de divinidad santa, son considerados
infalibles e intocables. Pero hoy se le debe llamar la iglesia
del pastor tal o cual. Se han rodeado de títulos
con los cuales han elaborado una casta
sacerdotal elevándose por sobre la iglesia, en
muchos casos han constituido verdaderas
dinastías. Cuán lejos están del ejemplo apostólicos, la Biblia nos relata que cuando los hombres intentaron darles un trato diferente, ellos con energía se opusieron. Hoy no solo no se oponen, sino que lo estimulan. Se
hacen llamar pomposamente en forma exclusivista:
"el varón de Dios", "los Levitas
espirituales", etc. Con esto quieren otorgarse
para ellos la representación de Dios aquí en la
tierra; algo que no se diferencia mucho de lo que
los romanistas hacen con el Papa. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a
la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta
a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el
que sirve". Pero claramente no lo emplean en el concepto bíblico que lo dijo el Señor, sino como un "título", para poder ser considerado "el mayor de todos". En primer lugar vemos que incluso en este pasaje que hemos dado lectura dice: "sea vuestro siervo", es decir, que sea siervo de los demás. Pero no, ellos se han dado un "título" que los hace únicamente "siervos de Dios", no de los hermanos. Porque ellos son:
"el varón de Dios", "el siervo del Señor''. La
palabra siervo, jamás ha significado categoría en
el sentido de superioridad, de grandeza, de
alguien más importante que otros como en el día
de hoy es aplicada. Por ejemplo, cuando un pastor hace cualquier labor que la iglesia considera denigrante para el "varón de Dios", digamos un ejemplo sencillo: Viene el pastor llegando a su iglesia, se baja de su automóvil y carga una maleta, por muy pequeña que sea, los hermanos más serviles y zalameros correrán donde él y le dirán: Déjeme llevar su maleta, como la va a cargar Ud., que es "un siervo del Señor". Consideran denigrante que "un siervo" cargue una maleta. Porque para él, "siervo", no significa lo que el Señor Jesucristo dijo, siervo es uno que sirve a los demás, un esclavo. La palabra empleada en el idioma original, era el esclavo de más abajo, el más despreciado. Correr entonces a cargar la maleta, en nuestro ejemplo que hemos puesto, sería tan absurdo como que en un hotel, el botones viniera con una valija, y el gerente del hotel, el secretario y el contador, y otros funcionarios del hotel corrieran donde el botones (el encargado de llevar las maletas) y le dijeran: "Por favor, permítame
llevarla, cómo lo va a hacer Ud., Ud. es el
botones (de la servidumbre) del hotel". ¿Verdad que nos parecería
ridículo una situación así? Pero así de absurdo
es llamar a alguien "siervo", que significa
"esclavo" y creer que él tiene el título más
importante, el más grande dentro de la iglesia
del Señor. Por ejemplo, dice en el cap. 28 verso 21 "Hacer acepción de personas no es bueno", verso 23 "el que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua". Cap.
29 verso 1 "El hombre que reprendido endurece la
cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá
para él medicina". Verso 5 "El hombre que
lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus
pasos". La misma atención y preocupación que mostramos con los hermanos que tienen alguna actividad pública en la iglesia, necesariamente debemos mostrar con todos, incluyendo a los hermanos más humildes, sino eso que nosotros "pensamos" que lo hacemos por atención y cortesía, el Señor nos califica de lisonjeros y serviles, algo que él desprecia. Además, eso que nosotros podamos estar haciendo
porque "creemos" que es una expresión sincera
de amor, para el predicador, para el pastor, de
"alabar" su servicio, es lo que más daño les
hace. A eso se refirió Carlos Spurgeon,
considerado el príncipe de los predicadores,
cuando en una ocasión, inmediatamente de haber
finalizado su predicación se adelantó una señora
y le dijo: "Pastor, ese ha sido el mejor mensaje
que he escuchado, lo felicito". Carlos Spurgeon
muy serio le respondió: "Lo sé, eso fue lo mismo
que Satanás me dijo antes de bajarme del
púlpito". La gente comienza a adular al
predicador y este, en vez de detener al
lisonjero, parece sentirse muy complacido con
ello, lo deja explayarse libremente para que siga
tirándole flores. Y se transforma en un diálogo
donde la carnalidad se remonta a alturas que
producen vértigos y náuseas. Que salgan de las iglesias aquellos líderes que han transformado la iglesia del Señor en sus propios reinos, para que entre el Señor; porque a Cristo lo han dejado fuera de su propia iglesia. Escúchelo como el Señor llama a la
iglesia de hoy para que lo dejen entrar Ap. 3:20
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él,
y cenaré con él, y él conmigo". |
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