CAPÍTULO 21"La Política"Roma desde su nacimiento en el siglo IV con Constantino, hasta nuestros días se ha desarrollado como un poder político. Siempre ha influenciado y desarrollado su poder con todos los mandatarios y estadistas del mundo entero. Nos hemos acostumbrado a ver como los dictadores
y presidentes se pasean por el Vaticano.
En la Edad Media ponían y sacaban reyes.
Conocemos la historia sobre el concordato con
Hitler y Mussolini durante la segunda guerra
mundial, cuando "Su Santidad" el Papa bendecía los
armamentos de esos dictadores. Sus emisarios del Opus Dei los hallamos no sólo en la Democracia Cristiana, sino que especialmente en los partidos de extrema derecha, y curiosamente también en los de izquierda. Como siempre juegan a ganador, su táctica es
colocar su gente en todo el espectro político,
incluso en el partido comunista tienen muchos
católicos confesos. Pero una iglesia como la
cristiana evangélica, que debería regirse por las
enseñanzas que el Señor nos dejó en su Palabra y
el ejemplo que él nos entregó, eso sí que
sorprende y escandaliza a los hermanos nuevos, y
a los antiguos los llena de ira y el celo por su
Señor los consume. Estos se pasean por las iglesias
porque les ceden los púlpitos para que desde ese
lugar, desde donde se debería predicar únicamente
la Palabra del Señor, estos políticos no solamente
confiesan que son católicos o que no son evangélicos,
sino que además usen ese lugar para hacer sus ofertas
electorales. Esta clase de iglesias han dejado de ser la obra del Señor, para transformarse en la obra de esos hombres que las han convertido en sus propios feudos, financiadas con dinero mal habido, proveniente de los inconversos que han comprado el voto de esas congregaciones. Con justa razón esta clase de pastores no definen
la iglesia como iglesia del Señor, sino que
hablan con toda propiedad de: "mi iglesia" y la
membrecía la llama la iglesia del pastor tal o
cual. Con toda justicia son identificadas como
las iglesias de ellos, pero no la iglesia del
Señor. Además no hemos de olvidar que ellos voluntariamente desecharon el gobierno directo de Dios y escogieron tener un rey como el resto de las naciones. 1Samuel 8: 5/6 y 20 El pueblo pidió: "Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron". Y el pueblo insistió: "nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras". Los ejemplos de José y Daniel tampoco
tienen validez porque, no solamente no
corresponden al período de la iglesia, sino que
además, ambos, José y Daniel fueron llevados
esclavos a un reino extranjero y no llegaron a
ocupar los puestos de importancia en el gobierno
por decisión de ellos, ni leemos que estuvieron
trabajando para formarse una plataforma
electoral, ni hubo en ellos ninguna de las
ambiciones ni participación humana, como los
politiqueros de nuestros días para llegar a
ocupar esos cargos. Allí, donde el Señor entrega directamente las instrucciones a su pueblo espiritual, la iglesia, el Señor nos dice que existen
dos reinos, el reino de la luz y el reino de las
tinieblas, refiriéndose al reino de Dios y al
reino de Satanás. Los cristianos somos llamados
hijos de la luz e hijos de Dios. Hoy pretenden "acuñar" una nueva frase para esconder su verdadera actividad, se están haciendo llamar: "servidores públicos", pero todos sabemos y el mundo entero los reconoce como "políticos", no nos dejemos engañar. El Señor Jesucristo dijo que los cristianos, además de muchas otras bendiciones que él nos ha entregado, somos "embajadores de Cristo". (2 Cor. 5:20) Somos extranjeros y peregrinos en este mundo que no es nuestro hogar, estamos en el mundo, pero no somos del mundo. En Jn. 17:16 orando al Padre, dijo el Señor: "No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". Stgo.4:4 "cualquiera que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios". 2Cor.6:14 "no os unáis en yugo desigual con los incrédulos". No somos del mundo, pero Dios nos ha dejado como embajadores suyos, para representarle a él y no al mundo. Un embajador no puede participar en la política contingente donde está ejerciendo, porque de lo contrario, sería declarado "persona no grata", e inmediatamente expulsado de allí. Si la justicia de los hombres actúa así, ¿Por qué creen que la justicia de Dios exigirá menos? Dios nos dice que nuestra ciudadanía es la celestial, que en el mundo seriamos perseguidos y aborrecidos. Entonces, ¿Cómo puede una persona en su sano juicio, llamándose cristiano evangélico, pensar que puede ocupar un cargo de representatividad en el reino enemigo? A no ser
que sea de ellos y sea un falso cristiano, lo
cual tampoco debería extrañarnos. En 2 Tim. 2:4
dice Dios: "Ninguno que milita se enreda en los
negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que
lo tomó por soldado". Ellos sabían muy bien que era Dios quien ponía y sacaba los gobernantes según su soberana voluntad, y para ello no necesitaba de la ayuda de de sus criaturas, él es suficientemente capaz y poderoso para hacerlo sin nuestra intervención. La iglesia primitiva tenían en el apóstol Pablo la mejor carta
para obtener un lugar en el senado Romano y ser
escuchados por los hombres. Pero estaban más
interesados en ser escuchados por Dios. Porque ellos estaban muy conscientes que
nuestro reino no es de este mundo y que Dios está
en pleno control de todo; ni un pajarillo cae,
sin su consentimiento. Estos politiqueros no tienen
ningún derecho a atribuirse la representatividad
ni a usar el nombre de evangélico, porque no lo
son. El Señor nos dijo que por sus frutos los
conoceréis. Cristo viene pronto, que cuando él venga, nos encuentre ocupados en sus negocios y no en la política, que así sea. |
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