CAPÍTULO 7
"Roma instruye que hay que ganarse la salvación.
Los pseudo evangélicos también"
No se puede aceptar a Cristo en nuestros
corazones sin romper con todas las ataduras,
tradiciones, fábulas y supersticiones del viejo
sistema. El llamado del Señor es muy claro,
"Salid de en medio de ellos, pueblo mío". No os
unáis en yugo desigual con los hijos de las
tinieblas, con el templo de los ídolos, apartaos
dice el Señor.
Continuando con nuestro análisis sobre el
paralelismo que existe entre Roma y los
pseudo evangélicos, ahora veremos cómo Roma insiste
en la necesidad de hacer obras para ganarse la
salvación. Los pseudo evangélicos también están
sosteniendo que hay que ganarse la salvación,
trabajando y perseverando.
Afirmar esto, es hacer inútil la cruz de Cristo,
es decir que el sacrificio expiatorio del Señor
no es suficiente y que nosotros debemos añadirle
nuestra parte, la que le faltaría a esa obra
divina, la cual no estaría completa y perfecta
sin nuestra participación.
Cuando Cristo dijo al finalizar su obra en el
Calvario: "Consumado es" ya todo está
hecho...se equivocó, porque todavía no estaba
terminada la obra de nuestra redención, faltaba
nuestra parte.
Afirmar eso, es el mayor insulto
que podamos hacer al sacrificio del Señor.
El nos asegura, "ya todo está hecho". El
corazón no regenerado se siente herido en su
orgullo personal, se niega a aceptar lo que Dios
dice e insiste en su vanidad que él debe hacer
algo más.
Dios dice: No hay nada más que se pueda hacer,
porque ya todo está hecho. Y el hombre carnal
dice: No, yo debo hacer obras y perseverar. Dios
le dice: "Tú no puedes hacer nada, no solamente
porque ya todo está hecho, sino además porque tú
no puedes, estás muerto en tus delitos y
pecados, ¿Cómo un muerto podría hacer algo?
Física y espiritualmente estás impedido para
hacer algo".
Sería tan absurdo como haber esperado que Lázaro,
quién estaba muerto, saliera caminando a buscar
al Señor para que le diera vida. Bien sabemos que
fue el Señor quién se acercó hasta la tumba y
aunque había muerto hace 4 días, Cristo, el autor
y consumador de la vida, con la voz potente del
Dios manifestado en carne le llamó: ¡Lázaro, ven
fuera! Y el que estaba muerto, salió fuera.
Lázaro no hizo absolutamente nada, todo el poder
estuvo en la voz del Hijo Eterno.
En la epístola a los Hebreos Dios nos dice en el
cap. 10 versos 12 y 14 "Cristo, habiendo
ofrecido una vez, para siempre, un solo
sacrificio por los pecados, se ha sentado a la
diestra de Dios... Porque con una sola ofrenda
hizo perfectos para siempre a los santificados".
En el cap. 7 verso 25 añade: "Por lo cual puede
también salvar perpetuamente a los que por él se
acercan a Dios, viviendo siempre para interceder
por ellos".
Dios dice que Cristo, con un sólo sacrificio, nos
salvó perpetuamente, es decir, para siempre. Con
una sola ofrenda nos hizo perfecto para siempre.
Y el hombre incrédulo se resiste a aceptar una
oferta tan maravillosa diciendo: "Lo que Dios
dice no puede ser verdad, yo necesito hacer algo
más"
¡Qué insulto a Dios! Sólo uno que no
conoce a Dios podría decir una blasfemia tal.
Dice en Ef. Cap. 2 verso 8 y 9: Sois salvos por
fe, no por obras. ¿Su ceguera espiritual le
impide ver lo que Dios tan claramente dice en su
Palabra? Sois salvos por fe, no por obras.
En Tito 3:5 dice también: "Nos salvó, no por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,
sino por su misericordia".
Que los romanistas no acepten lo que Cristo ha
dicho, no debe extrañarnos, porque ellos a decir
verdad no son cristianos, sino "Marianos", pero
que aquellos que se dicen evangélicos les estén
imitando en creer y sostener doctrinas tan
diferentes a las que Dios ha revelado en su
Palabra, eso sí que es difícil de aceptar.
Los Romanistas enseñan que la salvación desde el
principio hasta el fin depende de sus obras.
Dicen, "si un bebé no es bautizado, no puede ir
al cielo, se va al Limbo". Desde su entrada a
este mundo hasta su muerte le imponen las obras, pero Dios dice algo completamente diferente:
"dejad a los niños venid a mí, porque de los
tales es el reino de los cielos".
El Señor dice que de los niños es el reino de los
cielos. En cambio ellos añaden y distorsionan la
verdad bíblica diciendo: "Siempre que sean
bautizados, si no, van al Limbo".
El bautismo es una obra, además el rociamiento
con agua que ellos practican, no es un bautismo.
La misma palabra bautismo significa "sumergir".
En todos los ejemplos bíblicos siempre se ve que
ambos, el que bautiza y el que acepta el
bautismo, descendían al agua. ¿Para qué?
Lógicamente para sumergirlo en las aguas. Así se
bautizó el Señor Jesucristo, como lo especifica
en forma inequívoca en Mt. 3:16 "Después que
Jesús fue bautizado, subió del agua".
Así se han bautizado todos sus discípulos Hch.
Cap. 8 relata el caso de Felipe y el Etíope, dice
el Etíope en el verso 36 "Aquí hay agua: ¿qué
impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si
crees de todo corazón, bien puedes. Y
respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el
Hijo de Dios, y mandó parar el carro, y
descendieron ambos al agua, Felipe y el Eunuco, y
le bautizó".
No descendieron
ambos al agua, para que Felipe le vertiera solo
algunas gotas de agua en la cabeza del Eunuco,
sino para sumergirlo en las aguas, así como se
había bautizado el Señor.
Además podemos ver que un impedimento para ser
bautizado, es que el candidato no crea en el
Señor Jesucristo. Y obviamente, sería insensato
pretender que un recién nacido haya creído en el
Señor como en su Salvador personal.
Tan absurdo
como eso es pretender forzar la situación,
diciendo que la criatura se bautiza en la fe de
sus padrinos. La Biblia no menciona ni padrinos,
ni bautismos de infantes, porque todo eso es nada
más que invención de hombres.
Jesús no necesitaba bautizarse, pero lo hizo para
dejarnos un ejemplo; si el bautismo debía ser
practicado en la infancia, él lo habría hecho
cuando niño y no cuando tenía treinta años.
Si continuáramos analizando los sacramentos de la
iglesia católica romana, veríamos que todos ellos
son de invención humana y que no aparecen en las
Sagradas Escrituras.
Suponierndo que algún católico observara todos los sacramentos
de su iglesia, aún así su dilema sería después de
su muerte, partir al infierno o en el mejor de
los casos, al purgatorio. La seguridad de la
salvación eterna de su alma, es una doctrina
totalmente extraña para ellos.
Aunque el Señor
dice a los suyos, en 1Jn. 5:10 "El que cree en
el Hijo de Dios, TIENE el testimonio en sí mismo,
el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso,
porque no ha creído en el testimonio que Dios ha
dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio:
que Dios nos ha dado vida eterna".
A los verdaderos cristianos Dios nos ha dado vida
eterna. No dice que "nos dará" o que "nos
daría" vida eterna, ya la poseemos, si no
creemos eso, hacemos a Dios mentiroso, porque eso
es lo que él nos ha prometido.
En el evangelio de Jn. Cap. 3: 36 dice: "El
que en él cree, tiene vida eterna", tampoco dice
que la tendrá, ni que la tendría, como si no
fuera algo seguro o que fuera algo inconcluso,
categóricamente dice: TIENE vida eterna, ahora. Y
no podría ser de otro modo, porque el mismo Señor
Jesucristo nos asegura en Jn. 10:28 "Yo les doy
vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las
arrebatará de mi mano".
Los romanistas enseñan que toda nuestra vida
debemos hacer obras, pero aún así no saben si van
al cielo, en el mejor de los casos van al
purgatorio. Lamentablemente los pseudo evangélicos
también están enseñando la misma doctrina de
Roma.
Los estandartes de lucha que se elevaron durante
la Reforma del siglo XVI fue la salvación por
gracia, no por obras. Se consideró como
evangélico únicamente a los que se identificaron
con la postura Calvinista, pero hoy,
vergonzosamente los pseudo evangélicos pretenden
anular los postulados básicos de la Reforma, para
proseguir adelante con la postura ecuménica que
les presenta Roma.
Esto significa anular la
Reforma y hacer inútil toda la sangre de los
mártires de Jesús que se vertió a raudales
durante ese penoso período. Decir que la
salvación depende de lo que nosotros hagamos, sea
bueno o malo, es sostener que la salvación
depende de nuestras obras, lo cual es
abiertamente contrario a la enseñanza de la
Biblia.
Existen algunos que sostienen, al igual que Roma,
que el bautismo es necesario para la salvación,
hasta llegan al extremo de imitar a los católicos
bautizando a los recién nacidos, que como hemos
visto es una práctica totalmente opuesta a la
enseñanza bíblica.
Otros se han extralimitado
incluyendo en esta ceremonia para infantes, a
unos personajes que comenzaron llamándoles
"testigos" y que ahora abiertamente les dicen
"padrinos" y con los padres de la criatura se
llaman "compadres". Todo esto se debe a que
nunca han cortado con las raíces supersticiosas
de Roma.
En el Catolicismo aprendieron que si no
bautizaban a un bebé, éste se iba al Limbo. Ahora
que sólo se han cambiado de religión, se
encuentran con un vacío supersticioso que les
atemoriza, así que sus líderes religiosos para
satisfacer esta necesidad y miedo que les
preocupa, han copiado todo este ritual del
Catolicismo y quedan todos contentos, porque la
religión de hoy consiste en eso, agradar y
complacer al hombre sin importar lo que Dios
dice.
Para darle una apariencia de escritural a esa
posición, que el bautismo es necesario para la
salvación, cosa que se contradice con el gran
postulado bíblico de que somos salvos por fe, no
por obras y obviamente el bautismo es una obra,
citan la mitad del versículo de Mr. 16:16 "El
que creyere y fuere bautizado, será salvo" y
allí cortan el versículo y levantan todo un
cuerpo de doctrina que se contradice con el resto
de la Biblia.
La segunda mitad del versículo de Mr. 16:16 y que
es la que ellos voluntariamente omiten, dice:
"mas el que no creyere será condenado". No
dice, el que no fuere bautizado será condenado,
sino que el que no creyere.
Para defender su
posición recurren a los mismos argumentos de
Roma, citan Jn. Cap. 3 cuando Nicodemo conversa
con el Señor donde dice en el verso 5 "el que no
naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar
en el reino de Dios". Y allí, al igual que
Nicodemo, que pensó que nacer de nuevo sería
entrar por segunda vez al vientre de su madre y
nacer, ellos también interpretan la palabra
"agua" en forma literal.
Cometen el mismo error
de Nicodemo, porque siguiendo con la lectura del
pasaje, el mismo Señor Jesucristo aclara en el
cap. 4: verso 10 que está hablando de "agua
viva" y no del líquido H 2 O. Lea los versículos
del 10 al 14 y lo comprenderá fácilmente
"cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a
tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le
daré, no tendrá sed jamás".
También en Ef. 5:26 aclara que el agua es la
Palabra de Dios, dice textualmente: "para
santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la palabra".
Esto concuerda con la enseñanza del apóstol
Pedro, dice en su primera epístola cap. 1 verso
23 "siendo renacidos, no de simiente
corruptible, sino de incorruptible, por la
palabra de Dios que vive y permanece para
siempre".
Aquí dice Pedro que este nuevo
nacimiento se produce por "la Palabra de Dios".
Otro pasaje muy recurrente por los romanistas y
por sus hermanos los pseudo evangélicos, es 1 Pd. 3
verso 21, pero realmente allí lo único que
necesitamos es un mínimo de cultura y
conocimiento gramatical.
Las reglas gramaticales dicen que una frase
intercalada puede omitirse y el sentido de la
oración no debe ser alterado. Lo mismo ocurre con
la frase de este versículo escrita entre
paréntesis. Entre los paréntesis se escribe la
oración o frase incidental, sin enlace necesario
con lo que se dice fuera del paréntesis.
Por lo
tanto, el verdadero sentido del versículo 21 lo
podemos comprender fácilmente omitiendo lo que
está entre paréntesis, que diría así: "El
bautismo que corresponde a esto ahora nos
salva...por la resurrección de Jesucristo". Aquí
el Apóstol está sosteniendo lo que dice toda la
Biblia, que la salvación está en Jesucristo y en
su triunfo sobre aquel que tenía el imperio de la
muerte.
Su resurrección es prueba irrefutable de
su victoria y porque él venció, hoy nosotros
somos salvos, somos más que vencedores.
Somos salvos exclusivamente por fe en la obra
completa y perfecta de Jesucristo, no por ninguna
obra que nosotros realicemos, ni aún la obra del
bautismo; eso es un paso de obediencia para los
que ya son salvos.
Si el requisito previo para bautizarse es creer
de todo corazón y Dios dice que el que cree tiene
vida eterna, significa que el que ha creído de
todo corazón, ya es salvo. Primeramente hemos de estar seguros de lo que hemos creído (tener la seguridad de nuestra salvación), luego ser bautizado.
Claramente queda de manifiesto que el bautismo no
es considerado para la salvación. Es el primer paso
de obediencia del que ha recibido la salvación
por gracia, es un testimonio público de lo que
Cristo ha hecho con nosotros.
Con el bautismo testificamos ante nuestros
hermanos y el mundo en general, que hemos muerto
al mundo en el momento de sumergirnos en las
aguas, y al emerger anunciamos que ahora vivimos
para Cristo. No es para asegurarnos la salvación
¿Por qué debemos hacerlo? Porque el Señor así lo
ha mandado.
Ninguna obra nuestra puede influir en la
salvación eterna de nuestras almas, ya me he
referido a que ni aún depende de nuestra
perseverancia.
Mt. 24:13 hace referencia a los escogidos del
pueblo de Israel que serán salvos por perseverar
hasta el fin, durante el período de la Gran
Tribulación como lo aclara en los versos 9, 29 y
el verso 21 que dice: "habrá entonces gran
tribulación".
La iglesia será arrebatada a los cielos ANTES de
la gran tribulación, no pasará por los juicios de
Dios, porque Cristo pagó en la cruz del Calvario
por el juicio de todos nuestros pecados y Dios no
va a demandar dos veces por la cancelación de
nuestros pecados.
Rm.8:1 dice: "Ahora, pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús".
Los creyentes estamos en la mano potente y
gloriosa del Señor, desde donde nadie nos podrá
arrebatar jamás, ni hacer pasar por otro juicio.
Esto es lo que también se aprecia en el juicio
universal del diluvio. Las aguas no descendieron
hasta que Noé y su familia entraron en el arca, y
Dios cerró la puerta, después de siete días
comenzó el diluvio.
Cristo es nuestra arca
protectora contra el justo juicio de Dios. Este
mismo principio también vemos en el juicio sobre
Sodoma y Gomorra, primero Dios sacó a Lot y
después vino el juicio.
Gracias sean dadas al Señor porque ahora no hay
ningún juicio pendiente sobre la iglesia, porque
el juicio de TODOS nuestros pecados ya cayó sobre
él en la cruz del Calvario.
Ningún ingrediente humano es considerado para
nuestra salvación.
Y no podría ser de otro modo,
porque Dios nos asegura que la salvación es el
regalo que él nos da, de lo contrario sería un
premio. Si nosotros pudiéramos hacer TODO lo que
el Señor nos ha mandado, no seríamos más que
"siervos inútiles" (Lc.17:10).
Ef.2:8-9 "Sois salvos por fe, no por obras".
Tito 3:5 "Nos salvó, no por obras de justicia
que nosotros hubiéramos hecho, sino por su
misericordia".
Ef.l:5 Somos salvos "según el puro afecto de
su voluntad".
Que el Señor nos dé más inteligencia y sabiduría
para regocijarnos en esta preciosa verdad.