CAPÍTULO 6
"Roma adoctrina sobre la inseguridad de la
salvación. Los pseudo evangélicos también"
El Señor nos llama a un cambio tan real y
profundo, que si queremos agradarle a él no
podemos conformarnos con depositar nuestra nueva
fe en el viejo sistema religioso al cual
pertenecíamos, nos llama a "salir de en medio de
ellos, pueblo mío" porque ¿Qué acuerdo puede
existir entre el templo de Dios y los ídolos?
Ninguno.
No podemos depositar nuestra nueva fe en
nuestro único y glorioso Salvador, en los odres
viejos, sin tener una pérdida completa. Él nos ha
hecho nuevas criaturas para Dios, las cosas
viejas pasaron.
Toda secta religiosa se caracteriza por su
sumisión incondicional a sus líderes que les
presiden. Y éstos han logrado elevarse a esos
pedestales de diosecillos, gracias a la
insistencia de dos postulados anti bíblicos, que
son el común denominador de todos ellos.
PRIMERO,
que hay que ganarse la salvación trabajando en lo
que ellos dispongan para sus denominaciones, y
SEGUNDO, que los que lleguen a creer que son
salvos, no saben por cuánto tiempo más lo serán.
Se les enseña que la salvación se puede
perder, de esta forma logran por medio del terror
dominar a sus congregaciones, porque todos
querrán mantenerse muy ocupados trabajando en lo
que se les mande, nadie pensará en abandonar
sus iglesias por miedo a perder su salvación y
como consecuencia, irse al infierno.
Como vemos, la doctrina de la inseguridad de la
salvación es un arma muy poderosa para dominar a
sus congregaciones.
Primeramente vale destacar que la iglesia
católica como lo determinó en el concilio de
Trento, cualquier persona que asegure poseer la
salvación, será considerada maldita. Además ella
se atribuye el privilegio exclusivo de ser la
única iglesia verdadera y fuera de ella no hay
salvación.
Todo lo cual resulta muy contradictorio, porque
por un lado dejan bajo maldición al que crea ser
salvo, es decir, nadie puede dentro del
catolicismo poseer la seguridad de su salvación,
y por otro lado afirman que fuera del catolicismo
nadie puede ser salvo.
Roma ha elaborado una compleja lista de credos,
rezos, penitencias, sacramentos, etc. Y después
de esta rigurosa observancia, todavía no saben si
van al cielo, porque para dificultar más aún el
camino al cielo, inventaron la fábula del
Purgatorio.
Según las estadísticas de sus propias autoridades
eclesiásticas, dicen que sólo el 6% de los católicos
asisten con alguna frecuencia a sus iglesias, lo
que significa que un porcentaje muchísimo menor
sería el que cumpliría con todas las ordenanzas
de Roma, lo que daría como resultado que todos
ellos estarían en el Purgatorio. Lugar que no se
menciona ni una sóla vez en la Biblia, ni aún en
su idea conceptual.
El Señor Jesucristo, ni sus apóstoles, ni sus
discípulos ni tan siquiera sugirieron tal lugar,
es más, esta enseñanza es abiertamente contraria
a la revelación de Dios y a las enseñanzas del
Señor Jesucristo, quien enfáticamente insistió
que existen únicamente dos lugares en la
eternidad, el cielo y el infierno. Para buscar su
origen, tenemos que dejar la Biblia a un lado y
recurrir a la historia de los pueblos paganos de
la antigüedad.
La idea de una purificación por fuego después de
la muerte la encontramos mucho antes de la era
cristiana, principalmente en la India y Persia,
también este concepto era muy familiar en las
regiones de Egipto; posteriormente fue aceptada y
fomentada por los sacerdotes de las diversas
divinidades de los Griegos y Romanos.
Aún Platón
expuso en sus planteamientos filosóficos de su
época: "que era imposible creer en una eterna
felicidad después de la muerte, sin previamente
tener que pagar por los pecados".
Luego de las conquistas de Alejandro el Grande,
los griegos esparcieron sus creencias causando
gran influencia en los países del medio oriente.
La historia del catolicismo registra que este
dogma fue introduciéndose gradualmente.
El papa
Gregorio I en el año 593 fue el primero en hablar
del purgatorio dentro de la iglesia católica,
pero no fue hasta el año 1439, en el concilio de
Florencia, cuando se transformó en un dogma y más
tarde confirmado por el concilio de Trento en el
año 1548.
En resumen, la iglesia católica "descubrió" ese
lugar en el siglo VI y lo confirmó como dogma
recién en el siglo XVI ¿Qué pasó con todos
aquellos que murieron durante esos 16 siglos?
¿Quién les confirió la autoridad para sacar
personas del purgatorio, más aún considerando que
ni Dios, ni la Biblia, ni los apóstoles hablan
de ese lugar?
Si ellos verdaderamente tienen
poder para acortar o terminar con los
sufrimientos de ellos ¿Por qué no sacan a todos
de ese lugar de tormento? ¿Cómo saben cuando
alguien es liberado del purgatorio? ¿Qué conexión
tienen ellos con ese lugar? ¿Invocan a los
espíritus de los muertos o se comunican con los
demonios del purgatorio para confirmar el
resultado?
Registra la historia que el
fraile Tetzel, enviado especial del papa para la
inmoral venta de indulgencias en Alemania
proclamaba: "Un alma es liberada del purgatorio
y llevada directamente al cielo, inmediatamente
cuando la moneda cae y suena en la caja". Y todo
esto se hacía con la bendición especial del papa
León X, para recaudar dinero para la construcción
del fastuoso edificio del Vaticano.
En esto también encontramos una gran
semejanza con los pseudo evangélicos en su práctica
tan poco ética, para recaudar dinero y levantar
sus imperios radiales y otros, saqueando al
pueblo de Dios, explotando sus sentimientos y
emociones.
De acuerdo a la enseñanza de Roma, una persona
puede cometer dos clases de pecados contra Dios:
Mortal y venial. Pecado mortal es una ofensa
grave contra la ley de Dios o de la iglesia; por
ejemplo, faltar un Domingo a misa es un pecado
mortal, y como ellos han dicho que sólo el 6%
asisten a sus iglesias, significa que más del 94%
de los católicos que han faltado a una misa sin
justificación alguna están en pecado mortal.
Dicen en su explicación tan confusa y
anti escritural: Se considera pecado mortal,
porque "mata" el alma del privilegio de ser
santificada en la gracia. Pecado "venial" es
una ofensa "pequeña" contra Dios o la iglesia.
Y añaden: "Existen dos diferentes clases de
castigo, el pecado mortal se paga eternamente en
el infierno, y el venial en forma temporal en el
purgatorio". O sea que el dilema del católico es
cuando muera, o partir al infierno, que según su
credo sería la mayoría, o ir al purgatorio.
Obviamente ellos no pueden tener ni disfrutar de
la seguridad de la salvación eterna que Dios
ofrece gratuitamente a todos los pecadores que
acudan a él por medio de Jesucristo, con un
corazón contrito y humillado, aceptando la obra
completa y perfecta que el Señor realizó en el
Calvario. Porque por un sólo sacrificio, Jesús
puede salvar perpetuamente a los que por él se
acerquen a Dios.
Pero por otro lado, los pseudo evangélicos tampoco
saben si son salvos, o por cuánto tiempo lo
serán. Vean Uds. el terror y la inseguridad que hay en
ellos cuando en sus congregaciones se les invita
a levantar su mano a los que son salvos. Muy
tímidamente uno que otro la levanta, y si a la
semana siguiente se les hiciera la misma
pregunta, ya no la volverían a levantar ¿Por qué?
Porque se les ha estado enseñando que la
salvación depende de su fidelidad para con el
Señor, que deben trabajar y perseverar para
conservarla, y el día que pequen, pierden su
salvación.
Por esta razón en estas congregaciones van a
encontrar que la mayoría de los hermanos un día
"caminan" y luego "dejan de caminar", como dicen
ellos. Luego vuelven a caminar y vuelven a caer,
son verdaderos ascensoristas, suben y bajan; porque la angustia e incertidumbre de su
salvación los atormenta y no les permite
remontarse a las alturas y permanecer allí.
Si nuestra salvación dependiera de lo que
nosotros hacemos o dejamos de hacer, sea bueno o
malo, la salvación sería por obras, pero
enfáticamente el Señor enseña en su Palabra que
somos salvos por gracia, no por obras.
La salvación es un REGALO de Dios, él la DA,
nosotros no podemos hacer absolutamente nada para
merecerla ni para conservarla, de otra manera
sería un premio y no un regalo. Toda la obra
depende 100% de Dios, si hubiera una sola
participación humana, por muy pequeña que fuera,
dejaría de ser perfecta y tendríamos la justa
razón de vivir bajo el terror de perdernos.
A aquellos que insisten que la salvación se
pierde el día que pecamos, les pregunto. ¿Qué día
de su vida Ud. no peca? ¿Con el pensamiento, con
su mirada, con sus oídos, etc.? El Señor dijo que
cualquiera que mira a una mujer para codiciarla,
ya adulteró con ella en su corazón.
Cualquiera
que diga "Necio" a su hermano, ya pecó, etc.
¿Qué día de su vida Ud. no ha pecado?
El gran apóstol Pablo, uno de los hombres de vida
más santa que se relata en la Biblia, dice de sí
mismo Rm. 7:14/24
"Porque sabemos que la ley es espiritual, mas yo
soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que
hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero,
sino lo que aborrezco, eso hago. Y yo sé que en
mí, esto es mi carne, no mora el bien, porque el
querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Y
si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino
el pecado que mora en mí. Y me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros.
¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este
cuerpo de muerte?".
¿Puede Ud.? En quien aún mora el pecado, al
igual que en Pablo, en mí, y en todos los que
hemos recibido a Cristo como a nuestro Salvador,
¿Puede decir que pasa un día sin pecar?
Y no vaya a tratar de justificarse con ese
argumento necio y anti bíblico del catolicismo
romano, al intentar separar los pecados en
veniales y mortales, porque todos los pecados son
igualmente horrendos ante la Santidad de Dios.
Dios expulsó a Adán del Edén por un solo pecado,
el de la desobediencia, y no fue como algunos
chantajistas y farsantes han dicho que fue por no
pagar el diezmo u otros por comerse una manzana.
Ya hemos considerado que el Señor dijo que tiene
la misma gravedad el pecado consumado, que el que
se concibe en nuestro corazón. ¿Quién podría, sin
faltar a la verdad, decir que ha pasado un día de
su vida sin pecar?
Y si todos los días peca, ¿Qué día de su vida
podría ser salvo? NINGUNO. Qué angustia y
desesperación debe haber en el corazón del que
falsamente cree que su salvación depende de su
fidelidad y no de la del Señor.
Con mucho orgullo y soberbia pretenden pasar por
alto lo que Dios dijo en 2Tim.2:13 "Si fuéremos
infieles, él permanece fiel".
Si fuera honesto consigo mismo, reconociendo que
siempre peca, no querría salir de su hogar para
no pecar, pero aún así tendría que admitir que
allí también peca, porque eso es algo inherente a
nuestra naturaleza humana. Porque el pecado sigue
morando en nosotros.
Judicialmente hemos sido
liberados del pecado, el día de nuestra
conversión. Todos nuestros pecados fueron
perdonados como dice en Col. 2:13 "estando
muertos en pecado, os dio vida juntamente con él,
perdonándoos todos los pecados".
Ante la
justicia de Dios, todos nuestros pecados fueron
borrados, porque Cristo pagó por todos ellos.
¿O Ud. creía que el Señor pagó en la cruz
solamente por los pecados que cometimos hasta el
día de nuestra conversión?
Si fuera así, jamás podríamos ser salvos, porque
lamentablemente seguimos pecando. El juicio de
todos nuestros pecados cayó sobre el Señor en la
cruz del Calvario.
Fuimos salvos judicialmente de todos nuestros
pecados, pero el pecado sigue morando en
nosotros. Por esta razón Dios nos ha concedido un
abogado en el cielo, al Señor Jesús, para que nos
libre del acusador, Satanás.
En la 1ª epístola de Juan cap. 1: 8 dice a
los creyentes salvados: "Si decimos que no
tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos,
y la verdad no está en nosotros" Si alguno dice
que no peca, no está engañando a Dios ni a los
hombres, sino Ud. mismo. Y al decir eso, ya ha
pecado, mintiendo, porque Dios dice: "la verdad
no está en él".
¿Qué debemos hacer cuando pecamos? Confesar
nuestros pecados a Dios, pero no para volver a
ser salvos, sino para restaurar nuestra comunión
con él, porque nuestros pecados nos quitan el
gozo de su presencia, pero no la seguridad de
nuestra salvación, porque aunque nosotros seamos
infieles, él sigue siendo fiel con nosotros. 1Jn.
1:9 "Si confesamos nuestros pecados, el es fiel
y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad".
En el cap. 3 verso 2 añade: "Amados, ahora somos
hijos de Dios". Un hijo, jamás deja de ser hijo
de su padre, aunque su condición sea muy
miserable.
Quisiera concluir este capítulo con el
pensamiento tan reconfortante que Juan nos deja
en esta misma epístola en el cap. 2 verso 1
"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que
no pequéis, y si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el
justo".
Dios nos acepta en la justicia de Cristo, no en
la nuestra que es imperfecta. Regocíjese en el
Señor, estamos en su mano amante y poderosa desde
donde él nos asegura que nadie, JAMÁS se podrá
perder, ni nadie nos arrebatará de su mano.
Nuestra salvación es eterna y segura porque
depende de su obra, de su poder, de su fidelidad.
Y ahora ninguna condenación hay para los que
estamos en su mano.
Rm. 8:1 "Ahora, pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús".
Jn.10:28 "Yo les DOY vida eterna; y no perecerán
JAMÁS, ni nadie las arrebatará de mi mano".