
Capítulo 1
"Israel es un pueblo terrenal. La iglesia es un pueblo celestial".
El judaísmo y el cristianismo no se mezclan, se excluyen
mutuamente. Tratar de unirlos es la pérdida completa del
significado de cada uno de ellos.
Dios hizo un pacto condicional con Israel, que estaba supeditado al cumplimiento de cada una de las ordenanzas que les entregó por medio de Moisés. Todas las promesas de la ley comenzaban con un si condicional, donde quedaba comprometida la fidelidad y perseverancia del pueblo para recibir cada una de las promesas que les ofreció.
Stg 2:10 "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos".
Desde el principio Dios señaló con mucha precisión que era solamente para el pueblo de Israel; no para los gentiles, a quiénes prohibió hasta acercarce al tabernáculo y posteriormente al templo. Éx 19:3 "Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:"
A diferencia de esto en el nuevo pacto de la Gracia que Dios hizo con la iglesia, es un pacto eterno y sin ningún ingrediente humano, porque es un regalo de Dios para el cristiano, con promesas muy superiores. Por ejemplo que ahora TODOS los cristianos somos reyes y sacerdotes.
Ap.1:6 "nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre"
1Pd 2:9 "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio"
Que disfrutamos de un perdón eterno y una salvación eterna:
Heb 8:12 "Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades".
Jn 10:28 "y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano".
2Tm 2:13 "Si fuéremos infieles, él permanece fiel"
Con toda justicia el mismo Señor Jesucristo estableció este privilegio muchísimo mayor que tenemos los cristianos en el reino de Dios, porque nosotros somos la "esposa" de Cristo; por sobre los que pertenecen al pacto de la ley, Israel. Mt 11:11 "De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él".
Inclusive el propio Juan el Bautista comprendió esta diferencia entre Israel y la iglesia: Jn 3:29 "El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido".
La ley dice al pueblo terrenal, Israel:
Dt.27: 15 "Maldito…..
Dt.27:16 "Maldito…..
Dt.27:17 "Maldito…..
Dt.27:18 "Maldito…..
Dt.27: 19 "Maldito…..
Dt.27:20 "Maldito…..
Dt.27: 21 "Maldito…..
Dt.27:22 "Maldito…..
Dt.27: 23 "Maldito…..
Dt.27: 24 "Maldito……
Dt.27:25 "Maldito……
Dt.27:26 "Maldito……
A diferencia de estas maldiciones, en la Gracia ofrece "Bienaventuranzas". Dios jamás le dice a un cristiano, "maldito", muy por el contrario:
Mt. 5: 3 "Bienaventurados…
Mt. 5: 4 "Bienaventurados…
Mt. 5: 5 "Bienaventurados…
Mt. 5: 6 "Bienaventurados…
Mt. 5: 7 "Bienaventurados…
Mt.5: 8 "Bienaventurados…
Mt.5: 9 "Bienaventurados…
Mt. 5:10 "Bienaventurados…
Mt. 5:11 "Bienaventurados…
Inclusive aquellos que durante la ley pensaran que sus buenas obras pudieran ser tomadas en cuenta para salvarse, les dice en Eze 18:24 "Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá."
En contraste con el pacto de la Ley, en la Gracia Dios nos garantiza que:
Ef 2:5 "aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
Ef 2:8-9 "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don (un regalo) de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe".
Col.2:14 "Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz".
Ef.2:15 "Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas".
Rm.6:14 "No estáis bajo la ley, sino bajo la gracia".
Rm.7:6 "ahora estamos libres de la ley".
Lc.16:16 "La ley y los profetas eran hasta Juan".
El Señor dijo que nadie
puede echar vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo romperá
los odres, se derramará y se perderá.
El padre de la nación de Israel fue Abraham, a quien Dios
le dio la tierra por heredad. Gn.12:7 "y apareció Jehová
a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra".
La misma promesa fue confirmada posteriormente a su descendencia.
Gn.28:13-14Por Jack Fleming
"Y he aquí Jehová estaba en lo alto
de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham
tu padre, y el Dios de Isaac, la tierra en que estás acostado
te la daré a ti y a tu descendencia, será tu descendencia
como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente,
al oriente, al norte y al sur, y todas las familias de la tierra
serán benditas en ti y en tu simiente".
Dios escogió a Abraham para formar en su descendencia una
nación, un pueblo terrenal. En cambio la iglesia, el conjunto
de salvados y redimidos con la sangre preciosa de Cristo, fue escogida
desde antes de la fundación del mundo, para colocarnos en
los lugares celestiales en Cristo.
Ef.1:3 "Bendito sea el Dios
y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en él antes de la fundación
del mundo".
A Israel le prometió un lugar aquí en la tierra. A
la iglesia una bendición en los lugares celestiales en Cristo.
Por esta razón a los creyentes que forman la iglesia les
dice en Jn.15:19 "no sois del mundo". Y en Jn.17:14 "Yo
les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció, porque
no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
El Señor manda a la iglesia, 1Jn.2:15 "No améis
al mundo, ni las cosas que están en el mundo".
Los cristianos que formamos la iglesia, no tenemos una herencia
terrenal, ni tan siquiera una ciudadanía terrenal, porque
la nuestra es la celestial, como dice en Filp.3:20 "nuestra
ciudadanía está en los cielos".
En Ef.2:6 afirma: "nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús". No dice que nos hará sentar,
en un tiempo futuro, sino que desde el mismo día que pasamos
a formar parte de la iglesia "nos hizo sentar en los lugares
celestiales".
La herencia de la iglesia no es terrenal, sino
celestial con Cristo.
A Israel le prometió que recibirán la tierra por
heredad, a la iglesia, que nos fue a preparar morada en los cielos.