
Capítulo 1
"Israel es un pueblo terrenal. La iglesia es un pueblo celestial".
El judaísmo y el cristianismo no se mezclan, se excluyen
mutuamente. Tratar de unirlos es la pérdida completa del
significado de cada uno de ellos. El Señor dijo que nadie
puede echar vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo romperá
los odres, se derramará y se perderá.
El padre de la nación de Israel fue Abraham, a quien Dios
le dio la tierra por heredad. Gn.12:7 "y apareció Jehová
a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra".
La misma promesa fue confirmada posteriormente a su descendencia.
Gn.28:13-14Por Jack Fleming
"Y he aquí Jehová estaba en lo alto
de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham
tu padre, y el Dios de Isaac, la tierra en que estás acostado
te la daré a ti y a tu descendencia, será tu descendencia
como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente,
al oriente, al norte y al sur, y todas las familias de la tierra
serán benditas en ti y en tu simiente".
Dios escogió a Abraham para formar en su descendencia una
nación, un pueblo terrenal. En cambio la iglesia, el conjunto
de salvados y redimidos con la sangre preciosa de Cristo, fue escogida
desde antes de la fundación del mundo, para colocarnos en
los lugares celestiales en Cristo.
Ef.1:3 "Bendito sea el Dios
y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en él antes de la fundación
del mundo".
A Israel le prometió un lugar aquí en la tierra. A
la iglesia una bendición en los lugares celestiales en Cristo.
Por esta razón a los creyentes que forman la iglesia les
dice en Jn.15:19 "no sois del mundo". Y en Jn.17:14 "Yo
les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció, porque
no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
El Señor manda a la iglesia, 1Jn.2:15 "No améis
al mundo, ni las cosas que están en el mundo".
Los cristianos que formamos la iglesia, no tenemos una herencia
terrenal, ni tan siquiera una ciudadanía terrenal, porque
la nuestra es la celestial, como dice en Filp.3:20 "nuestra
ciudadanía está en los cielos".
En Ef.2:6 afirma: "nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús". No dice que nos hará sentar,
en un tiempo futuro, sino que desde el mismo día que pasamos
a formar parte de la iglesia "nos hizo sentar en los lugares
celestiales".
La herencia de la iglesia no es terrenal, sino
celestial con Cristo.
A Israel le prometió que recibirán la tierra por
heredad, a la iglesia, que nos fue a preparar morada en los cielos.