Capítulo 10
"En Israel Dios habitó en el tabernáculo.
En la iglesia en cada creyente".
Cuando el hombre pecó, fue expulsado del huerto del Edén,
pero la misericordia del Señor no dejó eternamente
al hombre sin la bendición de Su presencia. La Justicia y
Santidad divina, no permitían una comunión directa
con la raza caída, fue entonces que la Gracia y Misericordia
del Todopoderoso ordenó al hombre por medio de Moisés,
la construcción de un tabernáculo, un santuario desde
donde Dios se manifestaría a su pueblo terrenal, Israel.
Dice en Ex.25:8 "y harán un santuario para mí,
y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te
muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño
de todos sus utensilios, así lo haréis".
Dios entregó cada uno de los detalles; materiales y diseños
de ese hermoso tabernáculo desde donde el Señor se
manifestaría a su pueblo Israel. Pero con toda su complejidad
y hermosura, destacaba un hecho muy peculiar; cuando los sacerdotes
levitas entraban a él, seguramente quedaban maravillados
con la belleza y riquezas que les rodeaba, todos los muebles eran
de oro, el cortinaje ricamente bordado con delicados diseños
escogidos directamente por Dios; pero sus pies, descansaban sobre
el tosco suelo del desierto.
El piso era de tierra, seguramente
para que ellos nunca olvidaran que eso era algo solamente terrenal,
para un pueblo terrenal.
Más tarde, cuando Israel llegó a la tierra prometida,
fue un hijo del rey David, Salomón, a quién se le
ordenó la tarea de construir el templo desde donde Dios se
manifestaría a su pueblo Israel; excluyendo siempre toda
presencia de aquellos que no formaran parte de ese pueblo escogido
por el Señor.
En 1Ry.8 encontramos la inauguración del templo que se construyó
en siete años, el cual también estaba lleno de riquezas
y esplendor. En su oración de dedicación, leemos en
el vr.12 "Entonces dijo Salomón: Yo he edificado casa
por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre.
Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque
yo me he levantado en lugar de David mi padre, y he edificado la
casa al nombre de Jehová Dios de Israel".
En 1Ry.9:3 Dios le respondió: "Y le dijo Jehová:
Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en
mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado,
para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán
mis ojos y mi corazón todos los días".
Como vemos,
Dios se manifestó primeramente a su pueblo Israel en el tabernáculo,
y cuando lo hicieron conforme a todo lo que se les había
ordenado, el resultado fue (Ex.40:34) "Entonces una nube cubrió
el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová
llenó el tabernáculo". Y más tarde, cuando
habitaron la tierra prometida, estuvo en el templo, en Jerusalén.
A diferencia de esto, cuando llegamos al período de la iglesia,
vemos algo completamente distinto. Dios se revela como el que no
habita en templos hechos de manos de hombre.
Debido al pecado de Israel, el Señor quitó Su gloria
y presencia en medio de ellos. Es más, como lo predijo el
Señor Jesucristo el templo fue destruido hasta nuestros días
e Israel, no solamente se quedó sin templo que manifestara
la presencia de Dios en medio de ellos; sino que se encuentran en
endurecimiento hasta que el tiempo de la iglesia en la tierra sea
cumplido.
Israel rechazó al Señor Jesucristo, por lo que no
puede participar nacionalmente de las glorias y privilegios que
Dios ha entregado a la iglesia.
En Jn. 1:1 dice: "El Verbo era Dios". Vr.14 "y aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros". La
palabra que aquí se tradujo "carne", en el griego,
idioma original, significa literalmente "tabernáculo".
Ahora Dios descendía, no a visitar una construcción
hecha por manos humanas, sino que el mismo Dios de la gloria se
manifestó en un cuerpo humano para acercarse al hombre. 1Tm.3:16
"indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios
fue manifestado en carne".
Por este motivo, las bendiciones de la iglesia son muchísimo
más grande que las que tuvieron los santos del Antiguo Testamento.
Más aún, conociendo que conforme a lo que el Señor
Jesucristo prometió, cuando él volviera al cielo,
no solamente iría a preparar lugar para nosotros, sino que
anunció además que vendría el "Consolador",
el Espíritu Santo a morar en nosotros.
Esta promesa del Señor tuvo fiel cumplimiento el día
de Pentecostés; el Espíritu Santo descendió
y desde entonces mora en cada hijo de Dios, en cada creyente que
le ha recibido como a su Salvador personal y ha nacido de nuevo.
Desde ese instante, el hijo de Dios ha pasado a ser "templo"
del Espíritu Santo.
En Ef. 2 describe a la iglesia en su conjunto como un templo para
morada de Dios, edificio del Señor. Dice en el vr.20 "edificados
sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la
principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo
el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo
en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente
edificados para morada de Dios en el Espíritu".
Esta
solemne verdad es la que enseña también en 1Cor.3:16
"¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el
Espíritu Santo de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere
el templo de Dios, Dios le destruirá a él, porque
el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es".
Esto está
dicho en primera instancia a los cristianos de la iglesia de los
corintios, quienes eran unos creyentes muy carnales, pero es la
misma promesa que hace a todos los que han nacido de nuevo.
Ef.1:13 dice: "En él también vosotros, habiendo
oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación,
y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el
Espíritu Santo de la promesa".
Es necesario precisar que la presencia del Espíritu Santo
en nosotros, los que hemos creído, no depende de la manifestación
de algún don en particular, como algunos erróneamente
sostienen torciendo las Escrituras.
Afirman que el Espíritu
Santo se manifiesta únicamente en aquellos que "hablan
en lenguas", refiriéndose a una jerigonza ininteligible,
en un remedo absurdo e irreverente de lo que ocurrió el día
de Pentecostés, donde la Palabra de Dios claramente señala
que los creyentes comenzaron a hablar en otros idiomas las maravillas
de Dios a los judíos que venían de diferentes lugares,
y éstos se maravillaban de oírles en los idiomas en
que habían nacido en esas lejanas tierras.
La sola lectura
inteligente del pasaje así lo demuestra; se enumeran más
de dieciséis idiomas y culmina diciendo (Hch.2:11) "cretenses
y árabes, les oímos hablar en NUESTRAS lenguas las
maravillas de Dios".
La palabra "lenguas" siempre ha significado "idiomas". Y si alguno tiene alguna duda, consulte un diccionario de "la lengua" Castellana y lo comprobará. Entonces ¿con qué autoridad cambian el significado de las palabras para torcer la Palabra de Dios e introducir una doctrina absolutamente espuria y contraria a lo que Dios enseña en la Biblia?
Algunos me preguntan si no creo en el don de lenguas, a los cuales
debo decirles enfáticamente que creo. Lógicamente
creo en las lenguas, pero como lo relata la Biblia cuando descendió
el Espíritu Santo por primera vez; algunos comenzaron a predicarles
en otros idiomas a los judíos extranjeros que se hallaban
presentes, y éstos se maravillaron de escucharles cuando
les hablaban en las lenguas en que ellos habían nacido y
entenderles que les hablaban acerca de las maravillas de Dios.
Lo
que rechazo rotundamente es el remedo a ese milagro que Satanás,
el gran imitador de Dios, ha realizado a través de sus demonios
e instrumentos. Me refiero a la jerigonza de sonidos ininteligibles
cuyo origen debemos buscarlo en las religiones paganas y en la magia
negra, como lo vemos hasta el día de hoy en el vudú.
¿No le parece curioso que en esos lugares donde practican
esas jerigonzas, siempre deben estar practicando expulsiones de
demonios?
Las "liberaciones" o exorcismos no los pueden
terminar, porque siempre se encuentran invocando a esos demonios
que ellos llaman por medio de esas prácticas que denominan "lenguas",
y que por cierto no corresponden al milagro glorioso que el Espíritu
Santo realizó el día de Pentecostés
El Señor ha dicho que no puede habitar juntamente
la luz con las tinieblas, lo santo con lo inmundo, Cristo con Satanás
(2Cor.6 : 15). Y en esos lugares siempre abundan las personas que
semana tras semana necesitan que les expulsen demonios; los llaman a viva voz
por medio de esos sonidos que no se entienden ¿o Ud. entiende
lo que ellos están invocando?
En nuestros días oímos a los carismáticos monosílabas
incoherentes, cuya variedad no pasa de seis a ocho sonidos por persona,
pero no las maravillas de Dios. Y lo que es peor aún, si
ponemos atención y tenemos la precaución de fijarnos
en uno de esos sonidos, porque siempre cada uno de ellos emplea
un sonido central que lo va repitiendo con diferentes variantes.
Si revisamos esa palabra en un buen diccionario, comprobaremos que
siempre corresponde al nombre de una divinidad pagana (un demonio)
que se adora en el oriente, por ejemplo la palabra "RAMA"
que es una de las favoritas de los carismáticos, corresponde
a una divinidad que se adora en India.
Conozco a uno de estos personajes
que repite tanto la palabra "Rama" con sus diferentes
variantes (Ruma, Roma, Rem-ma, Rama-saya, Rama-chiva, Rama-júa,
etc.) que dentro de su propia iglesia se ganó el apodo del
"Ramajúa".
Curiosamente entre esta variedad de
los sonidos "Rama", incluyen a "Roma" y también los nombres de diversas divinidades paganas como: Rama-Hua, Rama-yana, Rama-Navami, etc.
Si tiene oportunidad, analice cuidadosamente
con la ayuda de un buen diccionario, esos sonidos que repiten.
Otro elemento importante que no podemos dejar de considerar, es
que Dios dice en 1Cor.12 que NO todos tienen los mismos dones, vr.4
"hay diversidad de dones". Y aclara que estos dones los
reparte el Espíritu Santo como Él quiere, no como
un hombre u organización nos imponga.
Nunca los cristianos de la iglesia primitiva hablaron todos ellos
en lenguas, como tampoco fue un signo de espiritualidad como falsamente
pretenden los carismáticos hoy en día, porque precisamente
los corintios, los creyentes más carnales, fueron los que
más abusaron del don de lenguas, y no se trataba de una jerigonza,
era el verdadero don entregado por el Espíritu Santo.
Es importante leer en 1Corintios los capítulos 12, 13 y 14 de
corrido para comprender inteligentemente este tema.
En el cap.12
está afirmando que no todos hablan lenguas, vr. 10 "a
otro diversos géneros de lenguas" porque (vr.4) "hay
diversidad de dones". Sin embargo, en el vr.13 asegura que
TODOS habían sido bautizados con el Espíritu Santo.
Porque todos los creyentes somos templo del Espíritu Santo.
Ese balbuceo estático que practican los carismáticos,
no es algo nuevo; el Antiguo Testamento ya lo condenaba Is.8:19
"los encantadores y los adivinos que balbucean hablando".
Lo que resulta altamente insultante para la inteligencia humana,
es la afirmación de los Pentecostales cuando dicen: "si
no habla en lenguas (jerigonzas), Ud. no tiene el Espíritu
Santo y no es salvo".
Esta declaración sectaria lleva al absurdo de afirmar que solamente
ellos (los "carismáticos") y las tribus africanas que practican el vudú y todos aquellos que también en Asia experimentan los mismos trances, irán al cielo por hablar supuestamente esas "lenguas".
Pero
más curioso resulta considerar que los Pentecostales enseñan
en sus propios libros, que ese milagro ocurrido el día de
Pentecostés, comenzó a repetirse recién en
el año 1906 en EE.UU. y que luego fue exportado a Chile en
el año 1909, particularmente a Valparíso que era uno de los puertos más importantes de esa época, y desde allí se extendió rápidamente al resto del continente.
Están diciendo que durante 20 siglos
nadie se fue al cielo, porque no hubo "bautismo del Espíritu
Santo con manifestación de lenguas" ¿Puede Ud.
creer algo tan irracional?
Lo que sucedió el año 1906 en EE.UU. fue que los esclavos
traídos desde África, lograron impactar a muchos con esas experiencias
de sus religiones que no se conocían en el nuevo continente,
y que para no ser castigados por sus crueles amos, debido a que les tenían prohibido las religiones africanas, las "cristianizaron"
llamando a ese balbuceo estático: Bautismo del Espíritu
Santo.
Pero obviamente que no tiene ninguna relación con la experiencia
bíblica del día de Pentecostés, donde hablaron
idiomas entendibles para los judíos que venían desde países extrajeros y se maravillaron de escucharles hablar las maravillas de Dios en sus propios idiomas, en las cuales habían nacido.
Hch. 2 : 5
"Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo"
versos 7 y 8 "Y estaban atónitos y maravillados, diciendo; Mirad; ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?"
Refiriéndose a su lengua materna. Y comienzan desde el versículo 9 al 11 a enumerar los distintos países que procedían, destacando que les oían hablar en los idiomas que se hablaba en esas regiones, dicen:
"Partos, medos, elamitas, etc.", y continua en el verso 11: "cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".
Estos judíos habían nacido en el extranjero. La lengua en la que habían nacido eran las que se hablaban en esas regiones. Y ahora se sorprendían de escuchar las maravillas de Dios en sus propios idiomas maternos.
Hoy en la iglesia, TODOS los que formamos parte de ella,
somos templo del Espíritu Santo.1Cor.3:16 "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?".
Naturalmente que la Palabra de Dios no dice que "únicamente" aquellos que supuestamente hablan esa jerigonza, sino que cada hijo Suyo que ha nacido de nuevo.
Ahora (Hch.17:24) "Dios
no habita en templos hechos por manos humanas", sino que en cada hijo de Dios, en aquellos que realmente han nacido de nuevo. A diferencia
de Israel, Dios habitó en medio de ellos en el tabernáculo.