CAPÍTULO 3
"Roma añadió la tradición"
Dios nos llama a un cambio genuino y profundo en
nuestros corazones. Algo que nos hace ver todo lo
anterior como lo vio el apóstol Pablo después de
su conversión.
Dice Pablo a los Filipenses en el
Cap. 3 verso 4 "Si alguno piensa que tiene de
qué confiar en la carne, yo más. Pero cuantas
cosas eran para mi ganancia, las he estimado como
pérdida por amor de Cristo, por amor del cual lo
he perdido todo, y lo tengo por basura".
Consideró toda su religión anterior, que estaba
basada en obras y tradiciones de hombres, como
basura, como pérdida por amor de Cristo. El mismo
concepto expone el profeta Isaías en el Cap. 64,
llama a la justificación por medio de su
religión, basada en obras, "como trapo de
inmundicia"
El cristianismo no es una nueva religión, es una
regeneración, es la obra del Espíritu Santo que
nos hace nacer de nuevo. Nos transforma en nuevas
criaturas para andar en vida nueva, no para
continuar en nuestra vieja manera de vivir.
Este
es el propósito al exponer el estrecho
paralelismo que existe en el día de hoy entre
Roma y los pseudo evangélicos, para que Ud., si se
encuentra engañado, con su conciencia adormecida
por un simple cambio de religión, despierte al
llamado del Espíritu Santo para que tenga un
encuentro personal con Cristo.
Para que acuda al
Salvador con un corazón contrito y humillado,
con arrepentimiento profundo por sus pecados e
implore el perdón al único que puede salvarle,
Cristo Jesús, "Porque no hay otro nombre dado a
los hombres, en que podamos ser salvos".
Veíamos en el capítulo anterior que Roma añadió
libros apócrifos, en esta oportunidad
consideraremos la tradición.
La historia nos cuenta que Roma, al quedar sin
argumentos contra la Palabra de Dios que exponían
sus propios monjes reformadores, acalló sus
voces calificándolos de herejes, a ellos y a todos
los que no aceptaran los dictámenes autoritarios
y arbitrarios que imponía el Vaticano.
La nueva estrategia era rebajar la Palabra del
Señor a un nivel humano y subir la tradición de
los hombres a un nivel divino.
Esta maquinación
fue posteriormente robustecida por el papa Pío IX
en el año 1870, cuando en ese mismo año en el
concilio que él presidió fue revestido de poderes
divinos, declarándose "infalible".
Se forzó a
todo el clero y a los laicos a reconocerlo como
tal, so pena de caer en maldición de la iglesia.
Concluyó esa declaración, que obviamente está
vigente en nuestros días, diciendo: "Pero si
alguno - ( que Dios no lo permita) - presume
contradecir ésta nuestra definición, sea
maldito".
El Vaticano ha sacado gran ventaja a esta
deificación del papa, porque todo aquello que
según creen a Dios se le olvidó mencionarlo en la
Biblia, lo dice el papa, y tiene la misma
autoridad que la Palabra de Dios. Se ha dicho con
mucho acierto: "Todo el poder corrompe, y el
poder absoluto, corrompe absolutamente".
Le invito a considerar los pasajes de la Biblia
donde se hace referencia a la tradición, y con la
sola lectura Ud. podrá ver cuál es la opinión de
Dios referente a la tradición.
Mr. 7:5 en adelante: "Le preguntaron, pues, los
fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos
no andan conforme a la tradición de los ancianos,
sino que comen pan con manos inmundas?
Respondiendo Jesús, les dijo: Hipócritas, bien
profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra, mas su corazón
está lejos de mí. Pues en vano me honran,
enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
Porque dejando el mandamiento de Dios, os
aferráis a la tradición de los hombres".
Col. 2:8 "Mirad que nadie os engañe por medio de
filosofías y huecas sutilezas, según las
tradiciones de los hombres, conforme a los
rudimentos del mundo, y no según Cristo".
El apóstol Pablo, relatando su propio testimonio
dice en Gál. 1:14 "en el judaísmo aventajaba a
muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo
mucho más celoso de las tradiciones de mis
padres".
Y todo eso que le enorgullecía en el
judaísmo, incluyendo sus tradiciones, dice en
Filp. 3:8 que una vez que aceptó a Cristo, todo
eso lo consideró como "basura".
Como puede Ud. apreciar, referente al tema de la
tradición, Dios se pronuncia con una claridad que
hasta un niño la comprende.
El Señor calificó de "hipócritas" a aquellos
que desean aferrarse a la tradición de los
hombres, para justificar sus creencias y
prácticas que no aparecen en la Biblia, porque
ciertamente la tradición por no ser de
inspiración divina como la Biblia, está sujeta a
errores e invenciones, producto de la imaginación
humana.
Por esta razón el Señor la calificó muy
apropiadamente: "la tradición de los hombres",
porque es de origen humano y no divina como es la
infalible Palabra de Dios.
No en vano una es la tradición de los hombres, y
la Biblia es la Palabra de Dios.
En nuestro segundo pasaje que dimos lectura, Col.
2:8 dice: "Mirad que nadie os engañe por medio
de filosofías y huecas sutilezas, según la
tradición de los hombres, conforme a los
rudimentos del mundo, y no según Cristo".
Aquí
en este versículo nos está advirtiendo del
peligro de la tradición de los hombres, ¿Cuál era
éste? Que por prestar atención a la tradición de
los hombres, podamos ser engañados. Y ¿Cuáles son
las artimañas que emplea la tradición de los
hombres para confundir y desviar de la verdad?
La
filosofía y las huecas sutilezas, es decir, el
raciocinio humano, la imaginación, la
superstición, sofisma y otras sutilezas que la
Palabra de Dios las llama "huecas", sin valor.
Todo esto ha sido gestado en el mundo, y no
podría ser de otro modo, porque es de origen
terrenal y no divino. En cambio Cristo dijo que :
"el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras
no pasarán".
Lo único confiable y seguro es la Palabra del
Señor, todo dogma y postulado de fe que no
descanse en la infalible Palabra de Dios, es
invención de hombres, fábulas humanas que Satanás
y sus agentes han elaborado para engañar a los
que buscan la verdad.
Cuando escasea la Palabra de Dios, es que las
fábulas, visiones e imaginaciones de hombres, que
se alimentan de la superstición humana, logran su
mayor desarrollo.
Pero el cristiano verdadero que
tiene cimentada su fe en la inamovible Palabra de
Dios, todo eso que afirman las tradiciones de
hombres, lo considera al igual como lo definió el
apóstol Pablo: "ahora, habiendo conocido a
Cristo, todo lo tengo por basura".
Estos son los únicos tres pasajes de la Palabra
del Señor donde encontramos la opinión autorizada
de Dios.
La tradición de los hombres es producto
de fábulas y filosofías humanas, que ante los
ojos de Dios son basura, instrumentos de engaño
para quienes siguen al hombre y no a Dios. Es una herramienta
muy eficaz, para aquellos que perturban y quieren
pervertir el evangelio de Cristo.
Por esta razón,
Pablo nos advierte en Gál. Cap. 1 verso 6 en
adelante: "Estoy maravillado de que tan pronto
os hayáis alejado del que os llamó por la gracia
de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No
que haya otro, sino que hay algunos que os
perturban y quieren pervertir el evangelio de
Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del
cielo, os anunciare otro evangelio diferente del
que os hemos anunciado, sea anatema".
Es verdad que muchas tradiciones de hombres han
perdurado a través del tiempo, pero su antigüedad
no es señal de autoridad. Por ejemplo, en la
India todavía existen lugares donde se practican
tradiciones milenarias, como que la viuda debe
ser enterrada el mismo día que fallece su marido,
junto a él. Es una tradición mucho más antigua
que cualquiera de las tradiciones de occidente,
pero eso no significa que tiene la aprobación del
Señor.
Dios nos exhorta en su Palabra a no creer nada
que esté fuera del evangelio de la gracia de
Jesucristo, ni aún a un apóstol, sea Pedro o
cualquier otro, es más, ni aún a un ángel del
cielo. Porque también nos advierte que Satanás
tiene poder para disfrazarse como ángel de luz.
En 2 Cor. 11:14 dice: "Y no es maravilla, porque
el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz,
así que, no es extraño si también sus ministros
se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin
será conforme a sus obras".
No dice que Satanás "puede" disfrazarse como
ángel de luz, sino que "se disfraza", como
también sus ministros. No consiste en una
posibilidad, sino en un hecho real. Por esta
razón no podemos tampoco dar credibilidad a las
apariciones de algún santo o santa de la
antigüedad, porque indudablemente se trata de una
astucia más de Satanás para alejarnos de la
verdad revelada por Dios en la Biblia.
Creer que la Biblia es una recopilación de
tradiciones humanas, es negar el origen divino de
ella, es rebajarla a un simple libro de historia
escrita por los hombres. Pero en cambio los
cristianos sabemos que la Biblia es la Palabra de
Dios, revelada por el Espíritu Santo y confirmada
por el mismo Señor Jesucristo durante su
ministerio terrenal.
La Biblia misma reclama su autoridad divina en
todas sus páginas. En 2 Tim. 3:16 dice: "Toda la
escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia".
El apóstol Pablo, que fue el instrumento humano
que Dios utilizó para escribir más del 75% del
Nuevo Testamento dice en Gál. 1:2 "Yo ni lo
recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por
revelación de Jesucristo".
Lo que escribió no fue producto de la tradición,
sino revelación directa de Jesucristo, y no
podría ser de otro modo, debido a que toda la
escritura es inspirada por Dios.
En las mismas páginas de la Biblia y en lo dicho
personalmente por el Señor, se prueba la
imperfección y la falta de confiabilidad que
merece la tradición de los hombres, aún aquella
transmitida por los propios discípulos del Señor.
Dice el evangelio de Jn. Cap. 21 verso 21 en
adelante, cuando Pedro, antes que el Señor
volviera al cielo, le preguntó sobre Juan, dice:
"Cuando Pedro vio a Juan, dijo a Jesús: Señor,
¿y qué éste? Jesús dijo: Si quiero que él quede
hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú...Este
dicho se extendió entonces entre los hermanos,
que aquel discípulo no morirá. Pero Jesús no le
dijo que no moriría, sino: si quiero que él quede
hasta que yo venga, ¿qué a ti?". ¿Nos damos
cuenta que no podemos confiar ni aún en la
tradición divulgada por los propios discípulos
que fueron contemporáneos al Señor?
Los cristianos no estamos siguiendo tradiciones
de hombres, fábulas ni leyendas del mundo, sino
la infalible Palabra de Dios. Tampoco los
discípulos del Señor siguieron ni predicaron sus
creencias basándose en algo tan débil y poco
confiable, como lo es la tradición, sino que
predicaron con la autoridad de la Biblia, dice en
Hch. 18: 28 "Porque con gran vehemencia refutaba
públicamente a los judíos, demostrando por las
escrituras que Jesús era el Cristo".
Porque ese fue el ejemplo que nos dejó el Señor
Jesucristo. En Lc. 24:27 les decía a sus
discípulos en el camino a Emaús : "Y comenzando
desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas,
Jesús les declaraba en todas las Escrituras, lo
que de él decían".
En Jn. 5:39 el Señor predicando ante una gran
multitud mandó: "Escudriñad las
Escrituras...porque ellas son las que dan
testimonio de mí".
En resumen, el Señor reconoció la autoridad
divina de la Biblia y nos manda escudriñarla, en
cambio todas las advertencias que se hacen en la
Palabra de Dios sobre la tradición, son para
hablarnos del peligro de éstas, porque no son más
que enseñanzas de hombres, muchas de ellas,
frutos de la superstición y no son según Dios.
Dios terminó su revelación divina al hombre
escribiendo en la última página de la Biblia su
sello divino que cerró, concluyó, su Santo libro
con las siguientes Palabras: "Si alguno añadiere
a estas cosas, Dios traerá sobre él, las plagas
que están escritas en este libro". Y allí
terminó la revelación de Dios al hombre, porque
en la Biblia encontramos todo lo que necesitamos
saber.
Son los enemigos de la Biblia los que siempre
están haciendo esfuerzos para desacreditarla,
bajarla a un nivel humano al mismo plano de la
tradición.
Como no pueden subir la tradición de los hombres
a un grado de autoridad divina, pretenden bajar y
desprestigiar la Biblia para nivelar ambas.
Estos son los mismos que durante siglos en un
desprecio y odio diabólico por la Palabra del
Señor, no solamente quemaron las Biblias, sino
que en la llamada "Santa Inquisición", mandaron
a las llamas de la hoguera a millones de fieles
cristianos por el único delito de obedecer al
Señor de leer las Sagradas Escrituras.
La conclusión es clara, aquellos que han
inventado fábulas y leyendas, elevan la tradición
de los hombres, y como sus dogmas no son más que
eso, historias de hombres que no aparecen en la
Biblia, intentan desesperadamente rebajar la
Palabra de Dios al mismo nivel de la tradición de
los hombres.
Que el Señor le otorgue a Ud., estimado lector,
sabiduría para no dejarse engañar por estos
enemigos de la Palabra de Dios. Busque en la
Biblia la verdad y hallará no solamente porqué
las quemaron, sino más importante aún, encontrará
el camino de la salvación, la entrada al cielo
que Dios le ofrece gratuitamente.