Capítulo 21
"En el judaísmo tenemos el incienso. En la iglesia
las oraciones".
Como hemos estado considerando, Dios ordenó a su pueblo
terrenal, Israel, una serie de simbolismos por medio de los cuales
les entregó enseñanzas de esa realidad que habría
de venir cuando las sombras pasaran. Llegado el cumplimiento del
tiempo, obviamente esas figuras fueron puestas de lado para dar
paso a la realidad que ellas enseñaban.
Por ejemplo, cuando
el verdadero Cordero de Dios consumó su obra, los sacrificios
de todos los animales que ordenaba la ley debían de suspenderse;
lo mismo que todos los ceremoniales que se practicaban según
la ley de Moisés, porque la ley fue nuestro ayo (instructor)
para llevarnos a Cristo.
A Israel le mandó ofrecer el incienso aromático, lo
cual es símbolo de las oraciones que la iglesia eleva a la
presencia del Señor.
Ex.30:34-38, 9 "Dijo además Jehová a Moisés:
Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática
y gálbano aromático e incienso puro, de todo en igual
peso, y harás de ello el incienso, un perfume según
el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.
Y molerás
parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del
testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo
me mostraré a ti. Os será cosa santísima. Como
este incienso que harás, no os haréis otro según
su composición te será cosa sagrada para Jehová.
Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado
de entre su pueblo. No ofreceréis sobre el altar, incienso
extraño".
A Israel Dios le entregó un detallado y complejo ritual ceremonial.
El Señor se reveló a su pueblo terrenal en el tabernáculo,
y hasta el lugar santo, donde se encontraba el altar del incienso,
solamente podían acercarse los sacerdotes, previo cumplimiento
de todas las ordenanzas que Dios les había mandado.
Estos
debían ser consagrados al servicio, lo cual se realizaba
vistiéndose con túnicas que les eran provistas para
ese oficio, luego se sacrificaba un becerro para su purificación.
Después un carnero y se les aplicaba la sangre sobre el dedo
pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho,
también sobre el lóbulo de su oreja derecha.
En todo esto encontramos un precioso simbolismo. En la Biblia, las
vestiduras son figura de la justicia con que Dios cubre al pecador
perdonado, y lo prepara para su servicio y adoración.
Los sacerdotes no tenían que comprar estas vestimentas, se
las regalaban para que cumplieran su oficio sacerdotal. En Ap.6:11
donde se nos revela una escena celestial, dice que aquellos mártires
que llegaron al cielo, Dios les otorgó vestiduras blancas.
Las vestiduras son la expresión de los atributos con que
Dios revistió a los creyentes, son un regalo del Señor.
Aún en el caso de la esposa (la iglesia) como se indica en
Ap.19:8 "a ella se le ha concedido que se vista de lino fino,
limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas
de los santos".
Ese lino fino, representa las obras de los
creyentes, el adorno nupcial que también proviene de Dios:
"se le ha concedido que se vista de lino fino" como regalo
de Dios; no es de origen humano ni de mérito personal, porque
incluso las obras que el creyente realiza, son según la misericordia
que el Señor ha tenido para capacitarnos y usarnos en su
obra.
Hasta "el querer" realizarlas lo tuvo que poner
Dios en nuestros corazones, (Filp.2:13) "Dios es el en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad".
Nos capacita entregándonos los dones (1Cor.12:11)
Y nos ha
preparado las obras de antemano, para que anduviésemos en
ellas (Ef.2:10) "creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos
en ellas".
Ef.5:27 "a fin de presentársela a sí
mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni
cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha".
No puede
existir jactancia humana, porque todo proviene de Dios. Las obras
nuestras son como trapos de inmundicia; pero las que nos regala el Señor,
incluyendo hasta el querer realizarlas, la capacitación
y preparación de antemano para que anduviéramos
en ellas, esas son las vestiduras nupciales de lino fino con las
cuales el Señor adornará su esposa
Será el
vestido de novia que el Esposo regalará a su esposa. Is.61:10
"porque me vistió con vestiduras de salvación,
me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió,
y como a novia adornada con sus joyas".
Esto concuerda con
el último llamado que le hace a la iglesia, Ap.3:18 "yo
te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego y vestiduras
blancas para vestirte".
Las vestiduras son la expresión de los atributos con que
Dios revistió a los creyentes, y vemos que toda obra realizada
por los sacerdotes levitas, también había sido santificada
y consagrada por medio de esa sangre que les era aplicada en el
pulgar derecho de la mano, que nos habla de las obras del sacerdote.
El pulgar derecho del pie, representa todo su caminar que también
era consagrado a Dios; y el lóbulo de la oreja derecha, nos
indica que aún lo que escuchaba tenía que ser dedicado
al Señor. Todo su ser era íntegramente consagrado
y dedicado a Dios.
De igual modo al cristiano en el período de la iglesia, Dios
le otorga la salvación y le ha diseñado todo el plan
de trabajo para que le sirvamos (Ef.2:10); aún hasta "el
querer" hacerlo lo tiene que poner Dios en el corazón
nuestro.
Toda jactancia y vanagloria humana queda excluida, porque
toda la gloria le corresponde únicamente al Señor.
Las obras que realiza el creyente una vez que tiene la salvación,
corresponden a ese lino fino con el cual Dios regala a la esposa
para que se vista con vestiduras nupciales.
Una vez que los sacerdotes levitas estaban vestidos con sus túnicas,
y habían sido consagrados con la sangre de un becerro y lavados
en el lavacro de bronce; recién entonces estaban en condiciones
de entrar al lugar santo para ofrecer el incienso aromático.
Pero lo que llama la atención es que habiéndoles Dios
entregado detalladamente todas las instrucciones en Lv.8 y 9; inmediatamente
en el capítulo 10 encontramos la desobediencia de los sacerdotes
Nadab y Abiú, quienes ofrecieron el incienso con fuego extraño
que Dios no había mandado. Y solemnemente dice en el verso
2 "Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó,
y murieron delante de Jehová".
Ellos no sacaron el fuego desde el altar de los sacrificios, el
cual ardía continuamente, sino que seguramente lo hicieron
ellos mismos. El altar de los sacrificios era figura del verdadero
Cordero de Dios que sería sacrificado por nosotros.
Dios no acepta nada que tenga origen humano, porque todo lo nuestro
está contaminado con el pecado. Él se complace únicamente
con lo que nosotros hagamos, que tenga como origen la obra del Señor
Jesucristo.
En la dispensación de la ley, el juicio no se hizo esperar
sobre estos sacerdotes desobedientes. En la gracia, Dios no consume
inmediatamente a los transgresores, pero eso no significa que el
fuego de justicia no irá a purificar también un día
las obras de todos los creyentes, que también somos sacerdotes
de Dios.
Todos los cristianos compareceremos ante el tribunal de Cristo,
no en relación con el pecado, porque el Señor pagó
por TODOS ellos, sino para probar nuestras obras. Todas aquellas
que fueron realizadas con fuego extraño que Dios nunca mandó,
también serán quemadas.
1Cor.3:12-15 "si sobre
este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas,
madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta,
porque el día la declarará, y la obra de cada uno
cuál sea, el fuego la probará. Si la obra de alguno
se quemare, él sufrirá perdida, si bien el mismo será
salvo, aunque así como por fuego".
La salvación
es eterna y segura, pero las obras realizadas en la carne, serán
quemadas como la paja, cuando el fuego divino de Su justicia las
pruebe.
Los sacerdotes levitas se acercaban a un altar para presentar su
incienso, el cual subía hasta la presencia de Dios en olor
fragante.
Esos ritos ceremoniales eran figuras y sombras de la realidad
misma de las cosas que habrían de venir. No tienen lugar
en la iglesia, porque hoy nos acercamos a él en los méritos
del Señor, y es Su fragancia la que se eleva hasta la presencia
de Dios.
El incienso aromático de los sacerdotes levitas ha sido reemplazado
por las oraciones de los santos, quienes somos también reyes
y sacerdotes. Esta no es una interpretación antojadiza, sino
que es lo que Dios dice en Su Palabra.
En Ap.8:3-4 se nos describe una escena celestial: "Otro ángel
vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario
de oro, y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones
de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del
trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia
de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos".
El tabernáculo que se le ordenó construir a Moisés,
era figura de las cosas celestiales, como lo afirma en Heb.8:5 "los
cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales,
como se le advirtió a Moisés, cuando iba a erigir
el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas
conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte".
En el Antiguo Testamento, los sacerdotes levitas, después
de haberse cubierto con las túnicas sacerdotales, y haber
cumplido con el ritual ceremonial de la consagración y purificación,
podían acercarse al lugar santo para presentar el incienso
aromático.
Hoy en la iglesia, todo cristiano verdadero puede acercarse, no
solo hasta el lugar santo, sino que habiendo Dios rasgado el velo
que separaba el lugar santo del santísimo, puede en función
a la bendición recibida por el Señor, y revestido
con el manto de justicia y las vestiduras espirituales que Cristo
nos ha otorgado.
Cumplir su oficio sacerdotal acercándose
confiadamente en los méritos del Señor para presentar
sus oraciones, las cuales suben hasta la presencia de Dios en olor
fragante; porque van avivadas con el fuego sacado directamente del altar de los sacrificios
del verdadero Cordero de Dios, Cristo Jesús.