Capítulo 24
"Israel tendrá su encuentro con el Señor
en la tierra. La iglesia en el aire".
Este punto acentúa aún más la diferencia que
existe entre Israel y la iglesia. Deja de manifiesto con mayor evidencia
que uno es un pueblo terrenal, y el otro un pueblo celestial.
Para muchos este tema es enigmático y difícil de comprender.
Pero obviamente esto no se debe a que Dios sea complicado para comunicarse
con sus criaturas, sino que principalmente al descuido y poco interés
que ha mostrado el pueblo de Dios por la lectura de la Biblia, y
al éxito que tuvo sobre la humanidad la actitud implacable
que han mostrado los enemigos de la Palabra de Dios a través
de los tiempos.
Unos prohibiendo su lectura y quemando los ejemplares
durante siglos, incluso a millones de personas que se atrevieron
a desafiar ese edicto del Papa y a toda la siniestra maquinaria
de la llamada "Santa Inquisición".
Y otros, desmotivando
su lectura con aseveraciones tan poco afortunadas, como lo que se
ha escuchado en muchas iglesias evangélicas por "pastores"
que ciertamente no han estado al servicio del Señor al decir:
"No lea la Biblia, porque la letra mata".
Los que más se quejan de lo difícil que les resulta
la lectura de la Palabra de Dios, casi siempre son los que menos
la leen. Esto se debe principalmente a la falta de atractivo que
produce en sus corazones.
En 1Cor.2:14 Dios nos advierte: "el hombre natural no percibe
las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él
son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente".
La Biblia es una carta que Dios ha enviado al hombre, para revelarnos
lo que necesitamos saber, no lo que queremos conocer. No tiene el
propósito de satisfacer la curiosidad del hombre.
Dios, conocedor de nuestra capacidad de comprensión, se ha
comunicado con nosotros en términos que están a nuestro
alcance.
El problema radica en que se ha de discernir espiritualmente. Esa
fue también la promesa que Dios dejó para que no nos
desviáramos de la verdad: "El Espíritu Santo
os guiará a toda verdad".
La falta de interés por las cosas del Señor es lo
que también les hace ver difícil su Palabra, y antes
de comenzar un estudio serio, abandonan su lectura.
Personalmente
me ha tocado conocer personas que me han dicho que no leen la Biblia
porque no la pueden entender, les he preguntado ¿qué
parte ha leído Ud.? Y después de muchos rodeos, han
admitido que ninguna.
Si comparamos esa actitud, con la de un arqueólogo que ha
hecho un descubrimiento; con cuanta pasión y desvelo consagra
su vida a la tarea de descifrar los jeroglíficos que están
ante él. No entiende absolutamente nada, pero su empeño,
tenacidad y perseverancia, son muy dignos de ser imitados por los
cristianos.
Más aún sabiendo que la Biblia no es una
revelación en jeroglíficos, sino que es la Palabra
de nuestro Padre celestial que desea darse a conocer a los suyos,
y la ha puesto a nuestro alcance en nuestros propios idiomas.
Tenemos que rendirnos ante la evidencia, que no es lo difícil
lo que nos aleja de la lectura de la Biblia, sino la falta de interés
por gozar de una comunión más real y profunda con
el Señor.
Para la comprensión del tema de este capítulo, necesitamos
un conocimiento general de la Biblia. Es verdad que este tópico
resultará complicado para aquellos que nunca han leído
TODA la Biblia.
Así que en estas pocas páginas sólo
pretendo entregar algunas herramientas para que Ud., en la dirección
del Espíritu Santo inicie sus propios estudios y compruebe
con su Biblia, si estas cosas son así. Todo lo que yo estoy
enseñando u otro pastor pueda decir, debe comprobarlo escudriñando
las Escrituras.
La segunda venida del Señor comprende dos etapas diferentes.
Una cuando viene EN las nubes, para reunirse en el aire con su iglesia
para llevársela a las moradas celestiales que él fue
a preparar. Esto es conocido como el arrebatamiento de la iglesia,
acontecerá ANTES de la Gran Tribulación la cuan durará
siete años.
La segunda fase de Su venida concluirá cuando al final de
la Gran Tribulación, pondrá sus pies sobre el monte
de los Olivos, para entrar en relación directa con su pueblo
terrenal, Israel.
La pregunta inmediata que aflora en los labios de aquellos que se
inician en el estudio de la Biblia es: ¿Cómo puede
ser que la segunda venida de Cristo abarque un período de
siete años?
Esto no debe asombrarnos, porque no debemos olvidar que cuando hablamos
de Su primera venida, estamos refiriéndonos a un período
que comprende treinta y tres años.
No debemos cometer el mismo error que incurrieron los judíos,
razón por la cual la nación
rechazó a Jesús como a su Mesías (el Cristo).
Ellos solo vieron en la revelación que les entregó
Dios por medio de los profetas, los pináculos de las profecías
de la venida de Cristo.
Pasaron por alto los valles que los separaban,
por este motivo hasta el día de hoy, no logran comprender
Is.53, el Sl.22, Dn.9:26 "se quitará la vida al Mesías".
Ellos siguen esperando un Mesías que venga solamente a reinar
en la tierra, porque están aguardando el reinado de mil años,
nunca han aceptado un Cristo que viniera primeramente a morir en
la cruz.
Sin embargo son muchos los pasajes de la Biblia que nos hablan de
estos dos acontecimientos, se ha calculado que por cada vez que
se menciona la primera venida, se menciona ocho veces la segunda.
Para no cometer el mismo error de interpretación con los
anuncios de la segunda venida del Señor, debemos ser muy
cuidadosos para leer estos pasajes, porque si los mezclamos en un
solo evento, entraríamos en serios conflictos de comprensión
y nos desviaríamos de la verdad revelada por Dios.
Son muchos los textos que nos anuncian esta preciosa verdad: Cristo
viene otra vez. Pero si no logramos distinguir cuando se lo dice
a la iglesia y cuando a Israel, hallaríamos tal contrariedad
que estas profecías se transformarían en algo incoherente
lleno de confusión.
La segunda venida del Señor abarcará un período
de siete años. ANTES de la Gran Tribulación viene
en el aire, arrebata Su iglesia al cielo y la lleva a las moradas
que fue a prepararle (La Nueva Jerusalén, la celestial).
En esa oportunidad no llega hasta la tierra y solamente la iglesia
le verá; la cual juntamente con todos los creyentes que murieron
en la fe, recibirán cuerpos de gloria semejantes al cuerpo
de la gloria Suya y serán trasladados al cielo.
DESPUÉS de los siete años de la Gran Tribulación,
descenderá hasta la tierra, pondrá sus pies sobre
el monte de los Olivos y todo ojo le verá, porque en esa
ocasión vendrá en relación con su pueblo terrenal,
Israel, y entonces establecerá Su reino literalmente sobre
este mundo.
El príncipe de este mundo (Satanás) será expulsado,
e Israel será puesto por cabeza de todas las naciones, ya
nunca más será por cola; dejará de ser una
nación insignificante y Jerusalén vendrá a
ser la capital del mundo.
En la Jerusalén terrenal, que estará física
y geográficamente en el lugar que ocupa hoy en el Medio Oriente,
allí Dios levantará el templo del cual profetiza Ezequiel
en los capítulos 40 al 44.
Ese templo por cierto no es el
que existirá durante la Gran Tribulación, en el cual
después de los tres años y medio será profanado
por el anticristo (2Ts.2:4, Mt.24:15).
La Jerusalén celestial, como su nombre lo dice, estará
en el cielo; esa será la morada de la iglesia, allí
no habrá templo (Ap.21:22-23). Las dimensiones que la Biblia
señala para ella es de doce mil estadios (Ap.21:16), que
es aproximadamente a un cubo de 2.160 Kms. La cual no cabría
en toda la nación de Israel. Abarcaría además
de Israel; el Líbano, parte de Siria, Irak, Arabia Saudita,
Egipto y todo el territorio de Jordania.
En la Jerusalén terrenal después de la Gran Tribulación,
el Señor levantará un templo terrenal (Ez.40, Is.2:1-3,
Miq.4:1-2, Hag.2:5-9) Inclusive en ese templo terrenal durante el
milenio, serán restaurados los sacrificios de animales (Is.60:7,13;
66:20-23, Jer.33:15-22, Zac.14:16-21, Ez.43:7 y 18-27).
Existirá una comunicación directa entre la Jerusalén
celestial, con la Jerusalén terrenal durante el milenio.
En el sueño que tuvo Jacob cuando vio una escalera que subía
desde la tierra hasta el cielo (Gn.28:10-15) puede existir un alcance
profético también para ese tiempo, que también
lo dijo el Señor en Jn.1:51.
La segunda venida del Señor tendrá dos etapas, no
serán dos venidas diferentes, porque en su primera fase no
viene hasta la tierra ni el mundo lo verá; ese será
el privilegio únicamente de la iglesia y de los creyentes
que participarán en la primera resurrección (Jn.5:29).
La primera etapa de su segunda venida es para llevarse Su iglesia
y tendremos ese encuentro con él en el aire, 1Ts.4:15-17
"Nosotros que habremos quedado hasta la venida del Señor,
no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo
con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de
Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán
primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir
al Señor en el aire".
Los grandes hombres de Dios durante la Reforma y la mayoría
de los estudiantes de la Biblia, concuerdan que Su segunda venida
será en dos etapas, porque es la única manera que
los textos que lo anuncian no entren en contradicciones.
Revisemos solamente cinco puntos:
1.-¿Cómo podría decir en 1Ts.4:16-17 que viene
POR sus santos y en Jd.14, Zc.14:5, 1Ts.3:13 que viene CON sus santos?
2.- En 1Ts.4:17 dice que viene EN las nubes, es decir, entre ellas,
en forma escondida al ojo humano. En Ap.1:7 dice que viene CON las
nubes, sobre ellas, en forma gloriosa que permitirá que todo
ojo le pueda ver.
3.-En 1Ts.4:17 asegura que viene y que nosotros seremos arrebatados
y tendremos ese encuentro con él, en el aire. En Zc.14:4
dice que afirmará sus pies en el monte de los Olivos.
4.- Vendrá como ladrón; cuando no lo esperan ni le
vean (Ap.3:3), Mt.25:5 "cabecearon todas y se durmieron".
En un abrir y cerrar de ojos (1Cor.15:52). En cambio en Mt.24:27
dice que Su venida será con gran anuncio, grandes señales
en el cielo, como el relámpago que sale del oriente y se
muestra hasta el occidente.
Mt.24:29 "inmediatamente después
de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá,
y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán
del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en
el cielo".
5.- En Ap.22:16 se presenta como la estrella resplandeciente de
la mañana. Haciendo referencia a una luz débil de
un cuerpo celeste que brilla en la oscuridad de la noche, poco antes
que llegue el día glorioso de su reinado terrenal. Su luz
brilla únicamente allá arriba, no aquí en la
tierra. A diferencia de esto, cuando se refiere a Su venida con
relación a Israel, se presenta como "el Sol de Justicia"
(Miq.4:2).
La luz del Sol aquí en la tierra, es muy diferente a la de una estrella del firmamento,
una brilla en la noche la otra en el día. La luz del Sol
es algo que no puede pasar desapercibida ni por los indiferentes,
todo ojo la ve porque sus rayos llegan hasta la tierra con su luz
y calor.
El Sol de Justicia llegará hasta la tierra, pondrá
sus pies en el monte de los Olivos, porque vendrá a confirmar
su pacto con Su pueblo terrenal, Israel.
A la luz de estos pasajes resulta evidente que la segunda venida
del Señor será en dos etapas. La primera, antes de
la Gran Tribulación será por Su iglesia, y ese encuentro
será en el aire, desde donde nos llevará a las moradas
celestiales.
La segunda, después de los siete años
que durará la Gran tribulación, será cuando
venga hasta la tierra, como dice Zac.14:4 "afirmará
sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos".
No pretendo haber logrado esclarecer todas las dudas que la gran
mayoría de los cristianos tienen sobre esta materia, pero
si he logrado despertar su interés para llevarle a escudriñar
las Sagradas Escrituras, como mandó el Señor Jesucristo,
para comprobar si estas cosas serán así, ya me doy
por satisfecho, porque estoy seguro que el Espíritu Santo
hará el resto de guiarle a toda verdad.