
Capítulo 5
"Israel tenía un sacerdocio limitado a la tribu
de Leví. En la iglesia todos somos sacerdotes".
Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, su propósito
original fue que todos los israelitas fueran sacerdotes para él.
Esto lo leemos en Ex.19:3 "Y Moisés subió a Dios,
y Jehová lo llamó desde el monte diciendo: Así
dirás a la casa de Jacob, y anunciará a los hijos
de Israel:
Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo
os tomé sobre alas de águilas, y os he traído
a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis
mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos
los pueblos, porque mía es toda la tierra. Y vosotros me
seréis un reino de sacerdotes, y gente santa".
En primera instancia destaca el hecho que la ley la entregaba exclusivamente
a la nación de Israel, a la casa de Jacob, quienes serían
el pueblo especial de Dios, o como literalmente les dice: "vosotros
seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos".
Les entrega la ley y les revela el propósito divino que todos
ellos sean gente santa y un reino de sacerdotes.
Conocemos el desenlace de este pueblo que muy pronto cayó
en rebeldía, y como se construyeron un becerro de oro para
adorarlo, Dios tuvo que aplicar disciplina sobre ellos. Debido a
la postura que solamente la tribu de Leví asumió,
el privilegio del sacerdocio les correspondió exclusivamente
a ellos.
Ex.32:26 "se puso Moisés a la puerta del campamento,
y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese
conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví".
Nm.3:5 "Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Haz que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante
del sacerdote Aarón, para que le sirvan, y desempeñen
el encargo de él, y el encargo de toda la congregación
delante del tabernáculo de reunión para servir en
el ministerio del tabernáculo".
Fue así como la nación de Israel se perdió
la bendición de ser cada uno de ellos un sacerdote, y esta
responsabilidad y privilegio recayó exclusivamente sobre
la tribu de Leví.
Pero no todos los levitas eran sacerdotes, Dios impuso otras exigencias.
Nm.8:23-24 "Los levitas de veinticinco años arriba entrarán
a ejercer su ministerio en el servicio del tabernáculo de
reunión. Pero desde los cincuenta años cesarán
de ejercer su ministerio, y nunca más lo ejercerán".
También en Nm.18:21 dice:
"He aquí yo he dado
a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad,
por su ministerio". Y explica en los versos 23 y 24 porqué
les había asignado el diezmo a los sacerdotes levitas: "porque
no poseerán heredad entre los hijos de Israel, porque a los
levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel,
que ofrecerán a Jehová en ofrenda, por lo cual les
ha dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad".
Cómo contrastan estas exigencias que Dios mandó para
ellos, con la realidad de los empresarios de la fe de nuestros días,
que pomposamente y en forma vana se hacen llamar "los levitas
espirituales". No solamente porque la mayoría de ellos
son mayores de cincuenta años, sino por los verdaderos imperios
económicos que han levantado para lucro personal, y peor
aún, pidiendo ese dinero "para el Señor".
Ahora en la iglesia no existe el sacerdocio levítico, que
se basaba en la descendencia directa de la tribu de Leví,
y que se caracterizaba por las ceremonias y ritos que debían
realizar. Hoy, como lo dijo el Señor: "la hora viene,
Y AHORA ES, cuando los verdaderos adoradores adorarán al
Padre en espíritu y en verdad".
En Heb.7:12 claramente señala que hubo un cambio de sacerdocio.
Inclusive el Sumo Sacerdote que tiene la iglesia, no es de la tribu
de Leví, sino de la tribu de Judá. Heb.7:14 "manifiesto
es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de
la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio".
Heb.9:1 "Ahora bien, aún el primer pacto TENÍA
ordenanzas de culto y un santuario terrenal". Qué importante
es leer la Palabra de Dios correctamente, dice que "tenía"
ordenanzas de culto.
El tiempo del verbo está en pasado,
porque ese pacto y ese sacerdocio, llegado Cristo, había
pasado para dar lugar a un nuevo sacerdocio, el cual no está
establecido sobre un culto ceremonial de carácter terrenal;
sino que "ahora es" cuando los verdaderos adoradores,
adorarán en espíritu y en verdad".
Cuan preciosa, gloriosa y amplia es la bendición que ahora
nos ha otorgado a la iglesia, ya no está limitada a un grupo
determinado, ni tiene carácter de ritos y ceremonias terrenales.
Ahora todos los creyentes que hemos nacido de nuevo, y que constituimos
Su iglesia, somos sacerdotes del Dios Altísimo.
Ap.1:5-6 "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros
pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios,
su Padre".
1Pd.2:5 "sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo,
para ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio
de Jesucristo".
Los sacerdotes levitas debían ser ungidos con aceite al inicio
de su sacerdocio, como señal de su consagración. Todos
sabemos que el aceite es figura del Espíritu Santo, y que
en el Antiguo Testamento Dios habló por medio de figuras,
símbolos, sombras de la realidad que habría de venir.
Así que llegada esa realidad (el Espíritu Santo),
el simbolismo desaparece para dar lugar a esa gloriosa verdad. Todo
hijo de Dios TIENE el Espíritu, y si alguno no lo tiene,
no es de él (Rm.8:9).
Dios nos asegura en Su Palabra que ahora somos templos del Espíritu
Santo, porque el Espíritu Santo mora en nosotros (1Cor.3:16).
Y esta gloriosa realidad, siendo una sola experiencia que recibimos
el día de nuestra conversión, la expresa de diferentes
maneras según sea el aspecto que desea destacar.
Cuando la
presenta como "la unción", es para recordarnos
que todos los que hemos recibido el Espíritu Santo, ahora,
además de ser hijos de Dios, miembros de la iglesia del Señor,
sellados con el sello divino que nadie puede borrar; fuimos también
ungidos POR DIOS (no por hombres), porque nos transformó
en reyes y sacerdotes.
1Jn.2:20 "vosotros TENÉIS la unción del Santo".
1Jn.2:27 "la unción que vosotros RECIBISTEIS de él,
PERMANECE en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie
os enseñe, así como la unción misma os enseña
todas las cosas".
Todos los creyentes en la iglesia somos sacerdotes, no existen los
laicos; eso corresponde a una invención católica que
los comerciantes de la fe han introducido en la iglesia evangélica,
para poder ellos subirse a un pedestal más alto que la congregación
y transformarse en "los ungidos del Señor" en forma
exclusiva.
Hay que tener mucho cuidado al usar ese término, porque cuando la
Biblia lo emplea en singular en el Nuevo Testamento: El Ungido,
siempre es para referirse al Señor Jesucristo. Por cierto
que no es el caso del Antiguo Testamento, porque allí se
utiliza para definir a UN rey o UN sacerdote, debido a que obviamente
no todos eran reyes y sacerdotes.
Pero ahora en la gracia, todos
los que hemos nacido de nuevo somos reyes y sacerdotes, por lo tanto,
todos somos los ungidos del Señor. Si un hombre se atribuye
el título en singular de ser él: El ungido (como sucede
en muchas iglesias), ese hombre se está colocando en el lugar
que le corresponde exclusivamente al Señor Jesucristo, está
usurpando el lugar del Señor.
Sería igualmente de
irreverente que se hicieran llamar "El hijo de Dios" cuando
todos en la iglesia lo somos, o "El sacerdote" y al resto
les denominan "laicos".
Esta deificación de que se han revestido se aprecia también
en los términos que emplean para hablar, dicen: "Mi
iglesia" cuando la iglesia es del Señor, la cual Él
ganó por su preciosa sangre (Hch.20:28), "Mis ovejas"
"Mis oficiales" "los laicos".
También
se atribuyen el poder de "ungir", cuando todos los creyentes
hemos sido ungidos POR DIOS, 2Cor.1:21 "el que nos ungió,
es Dios".
Es mi súplica al Señor, que el Espíritu Santo
abra los ojos de los ciegos y puedan no solamente corregir su hablar
y dejar de darle gloria al hombre, sino que aprendan a disfrutar
de este tremendo privilegio que nos fue otorgado de ser "ungidos
por Dios".
Y como sacerdotes del Dios Altísimo, transitemos
libremente por ese camino nuevo y vivo que el Señor nos abrió
por medio de Su sangre preciosa, para ofrecer sacrificios espirituales;
porque Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y
en verdad.
Dejen de conformarse con la actitud de Marta, que estaba afanada
en sus muchas labores domesticas, aprendan que la buena parte es
la que escogió María, adorando a los pies del Señor.
Cuantas hermanas han permanecido años siendo utilizadas por
estos comerciantes de la fe, que las han mantenido ocupadas en la
cocina y demás labores, inclusive pidiendo limosnas, en la
calle o retirándolas a domicilio, y ni tan siquiera han podido
atender quietamente a una reunión para escuchar la Palabra
de Dios.
Los frutos que Dios espera de usted, no son el número de
empanadas o cafés que haya preparado, o los boletos de las
rifas que pueda haber vendido, porque eso lo puede hacer hasta un
inconverso. Los frutos de un verdadero creyente son los que Dios
dice en Gál.5:22, los que provienen del Espíritu:
"amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza".
Hermana, hermano, ahora en la iglesia todos somos los ungidos del
Señor, todos somos sacerdotes, acérquese confiadamente
al lugar santísimo, porque el velo del templo Dios lo rompió
el mismo instante en que el Señor ofrendó Su vida.
El camino está abierto para que TODOS los hijos de Dios,
los sacerdotes, todos los ungidos por Dios, podamos llegar a Su
presencia libremente en los méritos del Señor Jesucristo.
Él nos revistió con Su manto de Justicia por medio
de Su sangre preciosa.
¡Oh Espíritu Santo, permíteles comprender esta
preciosa verdad, para que puedan disfrutar plenamente de la presencia
del Señor y del verdadero servicio en Sus negocios!