Cantar de los Cantares

Por Jack Fleming
MENSAJE N °
10
Cant. 7: 10 - 8: 7
"Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su
contentamiento, ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las
aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas, veamos si brotan las
vides, si están en cierne, si han florecido los granados, allí te
daré mis amores. Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras
puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para
ti, oh amado mío, he guardado. Los aldeanos preguntan:
"¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada
sobre su amado? La esposa dice: "Debajo de un manzano te desperté, allí tuvo tu madre
dolores, allí tuvo dolores la que dio a luz. Ponme como un sello
sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo, porque fuerte es
como la muerte el amor, duros como el sepulcro los celos, sus
brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán
apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos
los bienes de su casa por este amor, de cierto lo
menospreciarían".
Después de la hermosa descripción que hizo él en los primeros
nueve versículos de este capítulo, ahora ella mostrando una mayor
madurez espiritual, dirige su atención no sobre ella misma, sino en
lo que es el contentamiento de su Amado.
El amor verdadero no es
egocéntrico. Su gran deseo no está enfocado en satisfacerse ella
misma, sino en conocer qué desea su amado. Antes su pensamiento
primordial era: "Mi amado es mío". Y en segundo lugar agregaba: "Yo
soy suya". Ahora no escuchamos esa declaración jactanciosa: "Mi
amado es mío".
El cristiano carnal busca una ganancia personal,
obtener algo para él. Eso es lo que escuchamos a diario en los
programas radiales que se dicen "cristianos" y que se han
especializado en pedir dinero, ofrecen que el Señor se los va a
devolver duplicado.
Cuanto egoísmo y superstición refleja ese tipo
de vulgaridad, que no son otra cosa que "mandas" (penitencias) con
las que pretenden comprar el favor de Dios.
El amor genuino solo
busca agradarle a él, sin esperar nada a cambio; ese es el verdadero
Norte que orienta todas las decisiones y actividades del creyente
espiritual, procura siempre pasar inadvertido para entregarle toda
la gloria a su amado. Jamás va a eclipsar a su Señor, como lo
expresara muy bien Juan el Bautista: "Es necesario que él crezca,
pero que yo mengüe".
En esta condición ahora la esposa podía
decir: "Ven, oh amado mío, salgamos al campo". Ella no actuaba sin
la compañía de él, caminaba junto a él, liberada de toda motivación
egoísta. Ya no se interesaba en "su propia persona", en "su
trabajo", en "su iglesia".
Los intereses del cristiano que ha
madurado en su amor, son los intereses del Señor en todo el mundo,
sin sectarismos de fanatismos farisaicos. Su mente y su corazón
tienen un enfoque mucho más amplio.
"Moremos en las aldeas" y lo
dice en plural, porque claramente ha comprendido su condición de
peregrina. No está buscando un hogar permanente. Ella irá donde los
intereses del Señor la envíen.
En compañía de su amado saldrá a
buscar las ovejas. "Levantémonos de mañana a las viñas". No está
preocupada de ella, sino de una pluralidad de viñas, más allá de sí
misma.
Ha llegado a un grado de responsabilidad cooperativa con
todos los creyentes fieles, se ha desprendido de los intereses
partidistas y sectarios, tan típicos en los cristianos carnales.
Ahora ella ve la obra a través de los ojos de su
amado.
"Levantémonos de mañana". La pereza no es característica
de espiritualidad, muy por el contrario. El que realmente ama a su
Señor, es una persona laboriosa, comienza muy de madrugada buscando
el rostro de su Amado, porque se ha propuesto no ver otro rostro
antes que el de Él.
La esposa sale con él para "ver si brotan las
vides, si están en cierne, si han florecido los granados". Su
atención se enfoca en la búsqueda de vida. Su interés y preocupación
están en la obra del Señor, en el crecimiento y desarrollo
espiritual de cada creyente. Como dijo el Señor: "en los negocios de
mi Padre me es necesario estar".
"Allí te daré mis amores". En
los campos y aldeas donde está la obra del Señor, y ese es un
terreno sin fronteras.
No debe existir un servicio para el
Señor, si no es motivado por el amor. Como dice en 1Cor. 13 "Si
repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si
entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me
sirve".
"Las mandrágoras han dado olor". Es una fruta del tamaño
de un durazno, de color rojizo, de sabor agradable y muy aromática.
La esposa se había desarrollado hasta un nivel donde exhalaba una
fragancia muy agradable para su amado.
"Y a nuestras puertas hay
toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado
mío, he guardado".
Una vez más destaca su unidad perfecta con él,
ya no existe en su vocabulario lo mío y lo suyo, lo cual ha sido
reemplazado por "lo nuestro".
"Nuestras puertas". La puerta
indica lo que está cerca. Aunque ha hecho mención a las aldeas y
campos, esto no significa que ella tendría que ir lejos para recoger
su fruto.
Allí donde ella estuviera junto a su amado, a las
puertas, hay gran variedad de frutos, frutos nuevos y añejos. Ella
se regocija ante esos frutos que le resultan muy agradables.
En
su desarrollo espiritual comprendió que los creyentes producen
diferentes frutos, pero todos para la gloria del Señor. Eso es lo
que Dios manifestó al introducir tal variedad de seres en Su
creación. Él se complace en la diversidad.
El fruto del Espíritu
Santo es múltiple, en Gál. 5 dice: "el fruto del Espíritu es:" Lo
presenta en singular, como un solo fruto, un racimo que contiene
variados granos, dulcísimos al paladar y de un aroma muy exquisito:
"el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza".
Frutos recién recogidos, y
también de aquellos que se han puesto a secar; guardados para él. La
delicia de aquellos frutos añejos lo expresa en el capítulo dos vr.
5 "sustentadme con pasas".
Las pasas, y también los dátiles, las
almendras, son frutos que pueden ser guardados por largo tiempo y
que no solamente son saludables, sino que también muy agradables al
paladar. Pero no hemos de olvidar que nosotros somos únicamente
instrumentos en la mano del Señor, la gloria de la cosecha le
pertenece exclusivamente a Él.
Los aldeanos pregunta: "¿Quién es
ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?". En el
capítulo tres vimos también a ella subiendo del desierto, pero ahora
el contexto es completamente diferente.
Antes se refería a su
pobreza y sequedad espiritual, en cambio ahora hace alusión al
desierto en que se ha transformado para ella este mundo. No existe
atractivo ni cosa alguna que prenda su alma, para detenerla en su
avance hacia la tierra prometida.
Ella es peregrina, cuyo corazón
no está en lo que rodea este mundo, sino que su vista y anhelo están
puestos en la Nueva Jerusalén, esas moradas celestiales que Cristo
fue a prepararnos. Ahora podía decir como el apóstol Pablo: "para mí
el vivir es Cristo, y el morir es ganancia".
El Espíritu Santo ha
tomado pleno control de su vida, así que este mundo es para ella un
desierto árido, donde su único gozo es la comunión íntima con su
Señor; la que produce en ella un estado de regocijo que no depende
de las circunstancias externas y temporales que la rodean, sino de
la cercanía de su Amado.
Esto era lo que también permitía al apóstol
Pablo, aún estando en el calabozo de más adentro, con los pies en el
cepo, cantar alabanzas al Señor.
El cristiano carnal cree que
para poder hablar con gozo del Señor, debe necesariamente estar
rodeado de las abundancias que este mundo puede ofrecerle, por esta
razón se ha popularizado tanto ese "otro evangelio" que ellos llaman
de la prosperidad, que inclusive mide las bendiciones de Dios en la
cantidad de bienes materiales que han obtenido.
Sin embargo aquél
que realmente es del Señor y ha puesto sus ojos únicamente en él,
recostado sobre su Amado puede también exclamar: "Regocijaos en el
Señor siempre".
Los exponentes de ese evangelio de la codicia
argumentan. ¿Cómo podremos hablar de las riquezas de Cristo, si
nosotros estamos viviendo miserablemente? ¿No somos acaso hijo del
Rey?
A los tales les recomendaría leer aunque fuera una sola vez la
Biblia, y encontrarían cómo hablaba Pablo con gozo aún desde la
cárcel, y él fue el escribiente humano del 75% del Nuevo Testamento.
Inclusive, sería bueno considerar ¿Por qué dijo el Señor?: Lc.9 23
"si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su
cruz cada día, y sígame". Mt. 6: 19 - 24 "No os hagáis tesoros en la
tierra. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al
uno y amará al otro, No podéis servir a Dios y a las riquezas".
En su insolencia, uno de estos comerciantes de la fe (porque la
prosperidad funciona solamente para sus líderes que recogen
inescrupulosamente dinero "para el Señor"), decía: "Antiguamente se
predicaba que en el cielo íbamos a caminar por calles de oro. Yo no
voy a necesitar el dinero allá arriba, donde lo quiero es aquí
abajo".
Es verdad, esta clase de elementos tiene su vista puesta
solamente en lo de aquí abajo, y como dice el Señor: "Donde esté
vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón". Por este motivo
exhorta a no hacernos de riquezas aquí en la tierra.
Cuán
diferente es la apreciación de la sulamita. El mundo y lo que en él
hay, es un desierto sin atractivo para ella, su único gozo está
junto a su Amado.
"Ponme como un sello sobre tu corazón, como una
marca sobre tu brazo, porque fuerte es como la muerte el amor". Toda
su esperanza se enfoca en el Señor.
El corazón es el asiento del
amor, y el brazo representa la fuerza. Le ruega: Mantenme cerca de
tu corazón y sostenedme con la fuerza de tu brazo, porque yo conozco
mi debilidad.
"Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo
ahogarán los ríos". Señor, el amor que siento por ti, es tan intenso
como la llama de un fuego divino que nada ni nadie podrá apagar. Ni
las muchas aguas de las tribulaciones de esta vida, ni los
torrentosos ríos del enemigo con su fuerza arrolladora podrán
ahogar.
¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo?
¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o
peligro, o espada?
El creyente que conoce su Biblia y a su Señor,
sabe que él nos advirtió que en este mundo seríamos perseguidos y
aborrecidos, como lo confirma la historia que ha sido la experiencia
de todos los cristianos fieles.
Es más, en Lc. 6: 26 dijo el Señor:
"¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!
Porque así hacían sus padres con los falsos profetas".
Sin
embargo en nuestros días los líderes religiosos dicen llenos de
orgullo, que ahora somos admirados y respetados por el mundo ¡Qué
incongruencia!
Hoy el mayor peligro no proviene desde fuera de la
iglesia, sino desde su interior, porque el enemigo está instalado en
los púlpitos de muchos lugares, especialmente en las grandes
congregaciones.
Esto es fácil de entender porqué abrieron las
puertas a la música y prácticas del mundo, para poder llenar sus
lugares y tener muchos diezmadores y ofrendadores que estén
dispuestos a enriquecer a sus líderes, cumpliéndose lo que dijo que
Señor: que amarán más la mentira que la verdad. Y que la última
iglesia, la que estuviera cuando él regresara a la tierra, sería una
iglesia que le provoca náuseas (Ap. 3: 16).
Sin embargo, aunque
la corriente de este mundo es muy fuerte, y peor dentro de las
propias iglesias, el cristiano que ha aprendido a confiar plenamente
en su Señor, se dejará llevar por Su brazo poderoso y descansando en
Su amor, podrá decir con toda propiedad: Todo lo puedo en Cristo que
me fortalece.
En cuanto a la corrupción del cristianismo
contemporáneo, también hallará fuerzas para regocijarse, aceptando
aún eso, como señales de la pronta venida del Señor por los suyos.
Deseo concluir estas reflexiones sobre Cantar de los Cantares,
citando lo que el Señor dice al terminar la última página de la
Biblia: "Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor
Jesús".
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